Parte 3
En las afueras de una fortaleza del reino de Urak,
Rugeivyr, el dragón, está descansando a la luz de la luna, rodeado de algunos
guardias que montan un campamento. El crujir de las ramas al quemarse dentro de
las fogatas resuena en el ambiente. La conversación de los guardias de turno
hace referencia a la comida que se servirá más adentrada la noche y sobre la
moza que reside en la cantina cercana.
—¡Eh! ¡Dragón! ¡Cuéntanos alguna historia! ¡De
seguro conoces varias por lo viejo que eres! —exclama, entre risas, un
Shezenvalery con la nariz enrojecida. Sus movimientos son erráticos y su mirada
se pierde a veces en la nada, como si hablase con alguien al lado de su
objetivo de conversación.
—Mi edad no debería ser de vuestro
conocimiento, enano. No pienso contar ninguna de mis aventuras a un borracho
que se atreve a hablarme de tal manera desvergonzada —responde el
dragón, con un tono molesto.
—Vamos, no seas así con el chico. Ha tenido un
problema amoroso hace poco y necesita de algo que le distraiga —comenta otro
demonio, con una sonrisa, sobre las acciones de su compañero, quien al escuchar
sus palabras, comienza a llorar desconsoladamente.
—¡Buaaah!
—¿Y a este qué le pasa? —exclama
Rugeivyr, sorprendido de ver a un soldado llorar en pleno campo abierto, amenazando
con atraer a monstruos que habitan el bosque.
—Zajiana… Rompió conmigo… Dijo que no podía seguir
con un hombre que arriesgaba su vida todos los días para capturar criminales o
luchar en la guerra… —responde el guardia, entre sollozos.
—Ya veo… Supongo que necesita a alguien que
pueda asegurar la crianza de sus hijos… —comenta para sí el dragón,
hecho del que se arrepiente inmediatamente después.
—¡¿Piensa tener hijos?! ¡¿Con otro hombre?! ¡Buaaah!
—¡Guardad silencio, hormiga! ¡¿Acaso no sois
un soldado?! ¡¿Dónde está vuestro honor, basura?! —Rugeivyr exclama,
molesto ya por los llantos de un hombre adulto.
—El dragón tiene razón, amigo, somos los soldados
del reino, nuestro deber es proteger a los nuestros, no podemos quebrarnos por
asuntos de la vida personal —dice el compañero del guardia, intentando
consolarlo.
—¡Que se joda! ¡Yo aquí, atentando contra mi vida!
¡¿Para defenderla a ella y al otro hombre con el que está?! —responde con un
grito el Shezenvalery, pasando de la tristeza al odio.
—Todavía no está con nadie, hombre…
Probablemente… Además no me gusta vuestra actitud posesiva, su relación ya
terminó, vivid con ello.
—¡¿Tú qué sabes del amor?! ¡Eres un simple dragón!
—Me han dicho muchas cosas, pero nunca había
escuchado que me trataran de «Un simple dragón», hay que tener huevos… Ya
veréis de lo que este dragón es capaz cuando entierre mis dientes en vuestro
torso.
Acto seguido, Rugeivyr abre su enorme boca,
mostrando sus afilados dientes. El Shezenvalery ebrio, al mirarlo, se paraliza
de miedo, al igual que su compañero. Ambos miran al dragón con una expresión
estática.
—Eh, quizás me excedí un poco. ¿Estáis bien,
renacuajos?
El dragón no recibe respuesta alguna de los
soldados, que se mantienen petrificados, mirándole con terror.
—Esto no es normal… —comenta el
Drogury al notar que algo andaba mal en el lugar—. El fuego ya no fluctúa, los
guardias están en silencio, el bosque no emite sonido alguno por la brisa…
Rugeivyr observa la hoja de un árbol que caía al
suelo… O al menos, eso parecía desde su visión, ya que se mantiene suspendida
en el aire, sin movimiento alguno.
—Todo se ha detenido.
De pronto, algo más llama su atención.
Desde el suelo, una bruma oscura, como si fuese una
sombra proyectada al exterior, se forma poco a poco, fluctuando con las
características que tiene el humo. El gas más oscuro que los abismos, toma una
apariencia humanoide, con cinco largos dedos en cada mano y una máscara blanca de
seis ranuras que reemplaza su rostro. Grandes ojos sin párpado se pueden
visualizar tras cada ranura y un símbolo se presenta sobre lo que podría decirse
que es su frente.
El gran dragón reconoce la identidad de quien está
frente a él.
—Hacía siglos que no me encontraba con uno de
vosotros, ¿qué os trae por aquí? —pregunta con cautela al ser que de
vez en cuando modifica la forma de su cuerpo, como si de una masa inestable se
tratara.
{Hueles como una.}
Los caracteres en el idioma del mundo aparecen
dentro de la cabeza del Drogury, sabiendo que el responsable es esa bruma
indefinida.
—Sé que el olor de nosotros, los dragones, es
fuerte, pero no creí que os afectara a vosotros también —bromea, con nerviosismo,
el dragón.
Otro ser etéreo aparece, al lado de Rugeivyr.
{No te hagas el tonto.}
Un escalofrío recorre la espalda del dragón, quien
se disculpa ante los seres desconocidos. De pronto, sin notarlo antes, la
bestia se encuentra rodeada de estos seres, cada uno con su propia máscara y
símbolo.
—¿Qué es lo que queréis de mí? Hablad —ordena
el Drogury, alerta a los movimientos de los desconocidos y cierto nerviosismo.
{Sabes dónde está.}
{Lo sabes. Lo sabes.}
{¿Dónde está ella?}
{¿Dónde?}
{Dinos.}
Una serie de palabras se posa en su mente,
sobrecargando lo que puede almacenar su cerebro y cansando a la bestia. Muchas
refieren a lo mismo. Algo sabe él que ellos desean. Por la forma en que lo
dicen, hablan de una chica y preguntan reiteradamente especificaciones de ella.
¿Quién es la chica? ¿Cómo es la chica? ¿Qué es la chica? ¿Dónde se encuentra?
¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde…?
{¿Dónde está la bruja?}
LA REINA ESCLAVA & EL PRÍNCIPE SIN REINO
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