miércoles, 5 de junio de 2019

E.T V.1 C.3-3

Capítulo 3: La calma antes de la tormenta
Parte 3


   —¡Es por aquí, ven! —dice alegremente una pequeña niña, dando unos cortos saltitos felices y moviendo sus maltratadas alitas mientras arrastra de la mano al hombre que la acompaña. Tina tira de Arnus hasta una gran fogata ubicada en el centro de una plaza. Alrededor de esta se encuentran varias parejas preparándose para bailar. Los músicos comienzan a usar sus instrumentos, tambores, violines, guitarras e instrumentos de viento, todos juntos en una alegre melodía. Varias personas se reúnen sólo para mirar el baile y otras por simple curiosidad al ver a una mujer-hipopótamo entre los participantes.
   —Espera Tina, yo… —comienza a decir Arnus mientras se resiste sin una fuerza real—. ¡No sé bailar!
   Arnus siente vergüenza de su confesión, sonrojándose ligeramente. Tina se sorprende ante sus palabras y muestra un rostro complicado.
   —Pues lo habrías dicho antes. Vaya, esto será un problema —Tina baja la cabeza, pensativa—. Sería contraproducente que no te divirtieras… —murmura al final.
   «Uff, pensé que no me libraría de esta, Tina puede ser considerada cuando quiere», piensa el príncipe, creyendo haberse salvado de tener que bailar y soltando un suspiro.
   —¡Bueno, como sea, yo te enseñaré!
   —¡¿Qué?!
   Ante la declaración final de Tina, Arnus comienza a sudar nerviosamente.
   El baile ya ha iniciado y Tina comienza a instruir a su acompañante.
   —Primero, ponte recto, luego mueves los brazos así… —Tina comienza a bailar la coreografía, mientras Arnus la sigue infructuosamente—. Luego das un giro… ¡y aplaudes!
   Arnus da media vuelta y aplaude, sus movimientos son muy tensos y con poca gracia.
   —La vuelta era completa… —corrige su compañera, quien comienza a soltar pequeñas risitas—. ¡Jajaja, en verdad eres malo!
   —No eres muy alentadora con tus alumnos —replica el príncipe, completamente desmotivado.
   —Debes mover tus brazos y piernas de este modo, das otro giro y otro aplauso —Tina ignora las quejas de Arnus y muestra nuevamente la coreografía, sincronizándose con el resto de bailarines—. Luego extiendes tus brazos y te inclinas, así…
   —Creo, que estoy entendiendo el ritmo… —dice el demonio, quien se ve ligeramente feliz luego de captar la esencia de algunos pasos…
   —Eso es bueno, porque pronto será el momento de cambiar de pareja.
   …Sin embargo, su felicidad tiene una duración efímera, pues su pequeña pareja le menciona una cruel realidad, la que le pone más nervioso.
   —¡¿C-Cambio de pareja?! ¡Nadie me habló de eso! —exclama el príncipe. Se puede notar el sudor en su rostro y sus ojos que miran a los observadores del baile con envidia.
   —Ahora lo digo, ¿no? —responde maliciosamente la niña—. ¿Hmm? Oh, ¿estás nervioso? Jiji —soltando pequeñas risitas burlonas, Tina extiende sus brazos, apuntando al cielo alegremente—. ¡Es tiempo del cambio!
   —¡¿Por qué eres tú quien da la señal?!
   Tina se aleja feliz mientras Arnus entra en pánico.
   «Debo salir de aquí…», piensa el demonio, pero una Serevalery se le adelanta y comienza a bailar frente a él.
   «Mier…»
   —¿Es tu primer baile de la cosecha? —pregunta su nueva compañera con una sonrisa al ver que su pareja de baile se mueve toscamente.
   —Ah, bueno… Sí…
   —Jaja, no te agites. Aquí estamos para disfrutar del festival, no debes ser un gran bailarín —explica la mujer, quien luego apunta a un hombre Serevalery que baila junto con la mujer-hipopótamo usando una coreografía completamente diferente al resto de participantes—. Por ejemplo, mira a mi esposo. Es terrible, peor que tú y aun así baila alegremente sin preocupaciones.
   —Gracias… —dice Arnus, calmándose.
   —¡No hay de qué! —exclama la chica—. Aunque debo admitir que la pequeña que te acompaña es muy buena y muy linda también, es una pena que sea una esclava… —comenta, en un tono algo triste.
   Arnus nota que existe cierta presión en sus palabras, como si estuviese reprochándole. Al comprender la implicancia de la frase, sonríe levemente.
   —Sí, la liberaría si fuese mía, pero no es así lamentablemente.
   —¡¿Eh?! ¡¿No lo es?! ¡Pensaba que sí! —exclama la Serevalery, sorprendida y apenada—. ¡Perdón si le ofendí con mi indirecta!
   —Eres una buena mujer, queriendo liberar a una chica de su esclavitud y encarando a quien creíste que era su dueño.
   —Bueno, a nosotros los Serevalery no nos gusta el sistema de esclavos, pero tampoco queremos problemas con el imperio, así que hacemos lo que tenemos a nuestro alcance —explica la mujer, indicando la opinión general de su pueblo frente a la situación de los conquistados—. En verdad, si viven bien, no nos quejamos usualmente. Pero al ver la espalda de esa niña…
   «¿Su espalda? Ahora que lo pienso, hasta ahora no la he visto completamente.»
   Con curiosidad, Arnus se voltea, para observar la espalda desnuda de Tina, expuesta gracias al vestido que lleva puesto. Lo que ve no le agrada para nada.
   Una gran cantidad de cicatrices localizadas en el mismo lugar, probablemente debido a azotes constantes, se muestran en un horrible patrón. Quemaduras alrededor le brindan un tono ennegrecido y en conjunto con sus maltratadas alas muestran la vida que debió llevar la pequeña antes de escapar de su amo.
   «Esas cicatrices no se forman luego de un castigo normal. Es como si hubiese sido azotada y quemada durante varios días, hasta que su carne no pudiera recuperarse del todo», opina el príncipe en su mente, intentando reprimir su ira para evitar generar un caos al liberar su aura de miedo.
   —Cualquiera que le haya dejado su cuerpo así a una chica tan linda no tiene perdón… —comenta la desconocida antes del nuevo cambio e irse con otra pareja de baile. Tina no parece haber notado nada de su conversación y sigue bailando felizmente.
   «Opino lo mismo…», piensa Arnus, quedando con un mal sabor en la boca.

***

   Mientras Arnus y la pequeña Tina bailan, Narea observa la coreografía junto con Salsis, la mujer-perro quien le prestó su vestido a la niña alada.
   La música sigue escuchándose en el aire y la mujer demonio comienza a analizar la melodía.
   —Hmm, siento que a la música le falta algo… —comenta la Shezenvalery.
   —¿Usted cree? Yo siento que es la música común, hasta ahora nadie se ha quejado… —responde Salsis a sus palabras—. ¡Hablando de quejas, considero que usted es muy bella como para usar esas ropas de guerrera! ¡Creo que tengo unos vestidos que le irán bien! —exclama antes de correr en dirección contraria a la fiesta.
   —¿Hmm? —Narea ignora a Salsis quien se aleja del lugar y su «¡Espere un momento, ahora vuelvo!». Mira a los músicos de la fiesta y se concentra en un hombre-dragón quien está tocando un violín.
   —¡Discúlpeme un poco! —menciona la mujer, tomando prestado el instrumento musical luego del consentimiento del amable músico.
   Narea toca una pequeña melodía, diferente a la del resto de los músicos, más rápida y de diferentes tonos, pero complementándose bien a la música en el ambiente.
   —¿Q-Qué es esto? Va bien con la música y el baile, pero nunca había escuchado algo similar —comenta el músico mientras da pequeños aplausos.
   —Jaja, perdón, me dejé llevar. Es un arte especial de mi especie, una suerte de improvisación que va acorde a la melodía, ¿quiere intentarlo?
   —No sé quién eres, pero se ve divertido e interesante, cuenta conmigo.
   Una música Serevalery que estaba cerca de ellos dos escucha la nueva melodía e intenta su propia improvisación mezclándose con la nueva del hombre-dragón.
   —¡Ooh, eres bueno, me gusta! ¡Apruebo tu estilo! —comenta Narea a la improvisación del humanoide y luego se va a escuchar la música de la otra chica.
   Otros más se unen y se forma una nueva melodía, más alegre, más original. Mientras, los bailarines se motivan aún más en su danza, a pesar de que es la misma coreografía, gracias a Tina, quien les brinda diversión.
   —¡Vaya, este festival está más entretenido con la nueva música y los bailarines más motivados por esa pequeña niña Talavalery! —comenta uno de los espectadores.
   —¡Sí! ¡Me pregunto quién será! ¡Me gustaría que volviera el próximo año! —responde otro de ellos.
   La música termina. Todos aplauden, felices y alegres.
   —¡Jaja, qué buen final!
   —¡El más divertido de los bailes!
   —¡Siii! ¡Otro más!
   Arnus escucha las ovaciones del público. Se encuentra feliz y calmado ahora, a pesar de que desde el ingreso a la ciudad estaba tenso conociendo las circunstancias de su especie en su reino. Conocer mejor a los Serevalery y saber que sus opiniones difieren de las creencias del imperio le brindaron una paz que no se esperaba. Más aún, se percató de que nadie le discriminó a él o a Narea por ser demonios a excepción del guardia en la entrada. Si fuese un simple viajero y no tuviera la responsabilidad de recuperar su reino, fácilmente podría decidir quedarse a vivir allí.
   Sin embargo…
   —¡Bravo, niña!
   —¡Vuelve el próximo año!
   —¡Cuando crezcas un poco más, cásate conmigo!
   —¡Idiota, que es una esclava! ¡Además, tú ya estás casado!
   …Demasiadas personas reconocían a Tina ahora. Arnus no podía olvidar que eran buscados gracias a la imprudencia de la pequeña en el pueblo Alitiz y su descripción más notoria sería «Un demonio con armadura y una esclava Talavalery». Y se sentía aún más tenso debido a la tranquilidad de su viaje luego de salir del bosque.
   —Tina, ya has llamado mucho la atención, debemos irnos y buscar un lugar donde quedarnos —murmura a la pequeña, quien estaba saludando a sus nuevos fans.
   —¡Yo conozco un lugar! —una alegre voz conocida se escucha detrás de ellos.
   Al voltearse, observa a su anterior pareja de baile. Una joven Serevalery, quien le sonríe amablemente a él y a Tina.
   —Gracias, serías una gran ayuda —Arnus sonríe levemente.
   —¡No hay problema!

***

   Luego de varios minutos, Salsis llega al lugar, saltando alegremente mientras lleva en su mano un bonito vestido con vuelos.
   —¡Encontré algo que le quedaría muy bien a us…! —dice feliz mientras enseña su diseño, pero nota que ya no hay nadie en el lugar—. ¿Eh? ¿A dónde se fueron todos?


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