Parte 3
—En
primer lugar me gustaría que aclaráramos nuestros malentendidos, no deseo estar
en conflicto con usted —dice el Kaevalery, Fuske Elorjam, a su anterior
oponente en el fuerte Kaskarya.
—¿Qué tipo de malentendidos?
—Soy
uno de los «héroes» que participó en la guerra contra su especie. Y lo primero
que debo decir sobre ello es que me arrepiento de lo sucedido. La guerra
finalmente no tuvo ningún motivo más que un odio infundado. Es lo que entendí
cuando observé los resultados de esta —comienza a explicar el pelirrojo—. En
verdad lo siento, les hice daño a todos ustedes. De formas que probablemente
jamás me perdonarán.
—No
veo un malentendido en eso —comenta una chiquilla con un halo sobre su cabeza
en un tono seco.
—Tina,
abstente de tus comentarios hostiles —Arnus reprime a la niña seriamente.
—Yo
ya no soy miembro del imperio Kaevalery, he desertado a mi nación unos años
después del fin de la guerra. Los soldados que vieron en el fuerte también son
desertores. En realidad mi título como «héroe» es sólo una condecoración
extinta —continúa el Kaevalery.
—Ya
veo, eso explica el por qué tantos de mis compatriotas te apoyan. Se podría
decir que eres un habitante más de este reino ahora.
—Antes
de continuar, me gustaría preguntar el motivo de su desaparición. No me agrada
ver como dos hermanos no pueden estar juntos por el odio. Estuve hablando con
Kalatra y me dijo que no lo perdonaría si no le explicaba esto. Para nosotros,
los Kaevalery, la familia es importante.
—Entiendo
—contesta el príncipe. Luego, se dirige a su pariente—. Hermana, nuestro padre
lo mantuvo en secreto, así que no sé si te lo habrá contado. Hace doscientos
años fui a los montes Graken con el motivo de eliminar al dragón que habitaba
ese lugar. Si te soy sincero, no sólo tardé más de lo que debería en ello, sino
que tampoco cumplí con la misión, aunque sometí al dragón a mi voluntad.
Un
profundo silencio rodea la habitación.
—N-No
juegues conmigo. ¿Un dragón? ¿Someterlo? No he escuchado de nadie que no sea en
historias fantásticas lograr algo así —niega su hermana, sudando de la
sorpresa.
—Kalatra,
c-creo que tu hermano dice la verdad —comenta Fuske, nervioso también al
recordar cuando llegó el grupo de Arnus a la fortaleza.
—¿Eh? ¿Qué?
—No
lo viste porque probablemente estabas distraída conmigo y la pelea que tuve
contra tu hermano, pero él no llegó caminando al fuerte. Llegó volando a
espaldas de un dragón.
—¡¿Q-Qué tipo de broma es esta?! ¡Eso no es posible!
—Si
no lo hubiese visto con mis propios ojos, no lo creería también. Lo más
terrorífico de ello es que no era un dragón común. Perfectamente podría ser
considerado como «ancestral» —concluye el Kaevalery.
—Mi
hermano domó a un dragón ancestral… —murmura Kalatra, petrificada por el
espanto.
—Bueno,
con esto creo que podemos comenzar nuevamente —dice el «héroe» al príncipe,
acercando su mano en un gesto amigable—. Un gusto en conocerlo, Arnus Rabbok.
Aunque se ve más joven de lo que su edad representa, es un honor estar frente
al mayor temor del imperio. Quizás es algo precipitado, pero me gustaría formar
una alianza con usted.
—Una
alianza… —repite el Shezenvalery, como si estuviera digiriendo sus palabras.
—Sí,
verá… —continúa Fuske—. Mis hombres y yo no compartimos el pensamiento del
imperio. Queremos que ustedes, los Shezenvalery, recuperen su reino. Pero no
tenemos la fuerza suficiente como para ello. Ahora que usted ha vuelto, las
posibilidades aumentan y hemos decidido que unirnos sería una buena idea.
—Es
una buena oferta. Sin embargo tienen condiciones, ¿no? Si quisieran estar en mi
equipo me sugerirías una adición de tus tropas a las mías, no una «alianza».
—Así
es, si bien tenemos un objetivo en común, luego de nuestra batalla mis tropas
están reacias a confiar en usted ciegamente. Tenemos sólo una condición: se
debe considerar a nuestro grupo como una organización independiente de su
gobierno. Viviremos como una ciudad-estado en el fuerte Kaskarya, seremos
autosuficientes y tendremos nuestras propias leyes, pero pagaremos impuestos y
defenderemos el reino cuando sea necesario.
—Ya
veo, una ciudad-estado —comenta el príncipe, observando el suelo con un rostro
pensativo—. No parece una mala condición. De hecho estaba pensando en qué hacer
con aquellos Kaevalery que no han herido a mi gente. Enviarlos a vivir allí
sería una buena idea. Sin embargo, parece que tú tienes algo más que decir.
¿Hay algo de mí que desees personalmente? —termina de decir, elevando su mirada
al orejón barbudo en frente de él.
—Ah,
esto… —responde el Kaevalery—. ¿Cómo decirlo…? —titubea, mirando a todos los
presentes en la habitación y luego al suelo, con nerviosismo. Cierra los ojos,
como intentando quitarse de encima un miedo indeseado y luego los abre con
determinación—. ¡Q-Quiero que me dé su bendición para casarme con su hermana!
—¿Eh? —se cuestiona Arnus, perplejo—. ¡¿Eeeeh?!
—¡F-F-Fuske! ¡¿Qué acabas de decir?! —exclama Kalatra, alterada por las palabras
de su compañero.
—Cuidé
de Kalatra desde que era pequeña, la vi crecer y por un tiempo pensé que la
adoptaría como mi hija en el futuro. Pero una vez que se convirtió en una adulta,
mis sentimientos por ella comenzaron a cambiar poco a poco —explica el
Kaevalery, mirando a Arnus y a Kalatra alternadamente.
—Yo…
¡Yo también amo a Fuske! —continúa la princesa demonio, con una mano en su
pecho—. ¡Él es el único hombre con el que me siento segura después de lo que me
pasó con el «Héroe del impedimento»! ¡El único que me ha dado el valor de
seguir viviendo! ¡Sin él no sabría qué hacer!
—Oye,
espera un poco, ¿eso no es dependencia emocional? —comenta Tina, tan
impresionada como los demás, analizando la situación—. ¿Qué opinas Ar…? ¡¿Arnus?!
¡Está petrificado! ¡¿Qué tipo de hechizo es este?! —exclama finalmente al ver a
su compañero completamente inmóvil como si fuese una piedra.
—¡Reaccione, su majestad! ¡No puede morir de esa forma! —grita Narea
exageradamente.
Luego
de unos minutos en los que ambas chicas intentaban despertar nuevamente al
Shezenvalery, Arnus vuelve en sí.
—Ya
estoy calmado —comenta el príncipe, con una mano en su cabeza—. Supongo que es
muy tarde para decir algo al respecto, no estuve presente en el desarrollo de
Kalatra, me perdí toda su infancia y a decir verdad no conozco nada de ella. No
estoy en posición de dar a respetar mi opinión sobre el tema. Agradezco la
protección que le has dado a mi hermana y si su amor es mutuo no tengo motivos
por el cual negarme. Si necesitan mi bendición, con gusto se las daré si eso
hace feliz a mi hermana. Sin embargo deben saber dos cosas…
—Je,
usted también tiene condiciones —sonríe levemente Fuske.
—Por
supuesto, son cosas que debes tener presente a toda costa. La primera es que
debes hacerla la mujer más feliz del mundo. Si la tratas mal o la haces llorar
en algún momento, te juro que morirás de forma peor que Gendo Fessterak, el «Héroe
del impedimento» —amenaza Arnus.
—¿Qué? ¿Gendo está muerto?
Tanto
Kalatra como Fuske se sorprenden ante la inesperada noticia. Gendo Fessterak,
el Kaevalery apodado como «El héroe del impedimento», quien fue camarada del
presente «Héroe de la guardia» y torturador de la princesa, había sido
asesinado por el Shezenvalery frente a ellos.
—Ah,
sí, Arnus lo asesinó cuando se encontraron y él le contó sobre las cosas que
hizo conmigo, su madre y su hermana —responde la pequeña alada junto al
príncipe.
—Esto…
Sólo para saber a qué me arriesgo… ¿Cómo es que murió? —pregunta nerviosamente
Fuske.
—Bueno…
Esto… —comienza a explicar la chiquilla—. Piensa que se le puso bajo un hechizo
de auto-regeneración y de imposibilidad de inconsciencia y luego fue
despedazado una y otra vez hasta que no podía oponerse a Arnus.
—Ugh…
¿Y cuál sería la segunda cosa a tener presente? —pregunta nuevamente al
príncipe, tragando saliva temerosamente.
—Espero
que no hayan hecho planes con esto —comienza a decir Arnus—. Los Kaevalery y
los Shezenvalery no son compatibles en la reproducción. Esto quiere decir, que
por mucho que ustedes lo intenten, jamás tendrán hijos. No tendrás herederos
directos con mi hermana. Ni se te ocurra abandonarla por algo así.
—Ah,
descuide, ya sabíamos eso de la compatibilidad. También hemos conversado sobre
la diferencia de expectativas de vida de nuestras especies —responde el
pelirrojo.
—Entonces
no hay problema. Fuske, Kalatra, tienen mi bendición como familiar directo de
la novia para unirse en matrimonio. Espero que sean felices hasta el fin de sus
días.
—Se
lo agradezco.
Fuske
y Kalatra se miran entre sí con una sonrisa, sonrojados.
—Sobre
el acuerdo de la alianza, haré un tratado. Vuelvan en dos días para firmarlo y
estaremos preparados para la reconquista —dice el demonio, cambiando el tema y
volviendo al tópico de la formación de una alianza.
—¿Cuáles son los planes que desea llevar a cabo?
—Para
iniciar la liberación del reino de Urak necesito de dos cosas. Una ya está en
mis manos, es el dragón que viste, Fuske. Este se comportará como herramienta
de despliegue y defensa de los frentes rebeldes.
—Ya
veo, con su tamaño podría transportar muchas tropas.
—Así
es, veo que lo entiendes. Ahora, el segundo elemento reside en el castillo de
Waltegya. La primera fase del plan consiste en capturar el castillo. Sin él, el
objetivo no podrá cumplirse y el reino se mantendrá como estado vasallo de la
alianza por siempre.
—¿Puedo preguntar lo que hay ahí?
—Es
algo confidencial que sólo puedo revelar a unos pocos subordinados de
confianza. Como planeas pertenecer a una facción aparte, no puedo contártelo,
incluso si eres el prometido de mi hermana. Pero descuida, no es un arma de
destrucción masiva, tu especie y aliados no se verán afectados por ella.
—Ya
veo. Tengo curiosidad, pero no quiero malograr la alianza.
—Estoy
confiando de más aquí. Si se filtra la información respecto de la captura del
castillo, no tendré otro remedio que matarlos a ambos y aniquilar a sus
subordinados por completo.
Todos
dentro de la habitación se mantienen en silencio tras escuchar las palabras del
heredero al trono. Tina se muestra sorprendida, al igual que Kalatra. Narea
observa a Arnus con sospecha e incluso cierto enfado. Y Fuske está rojo por la
ira.
—¡¿Qué?! —exclama el Kaevalery, levantándose de la cama, atento a los
movimientos de quien está frente a él—. ¡Estás hablando de tu hermana y tu
gente! ¡No pensarás en asesinarlos así, sin más!
—¿Hmm? Ah, eres de ese tipo de gente… No me malinterpretes, Fuske Elorjam. Soy
el príncipe de los Shezenvalery, mi misión es velar por mi pueblo. Tú y tu
facción son agentes externos a mi reino, incluyendo a mi hermana. Si me
traicionan no dudaré en hacer lo correcto para mi gente. Incluso si somos
familia.
—No
hablarás en serio…
El
«Héroe de la guardia» no podía comprender el pensamiento del heredero al trono,
era irracional e inconsistente a lo que su crianza le había enseñado. Los
Kaevalery valoraban mucho la familia. El choque de culturas esta vez era
demasiado para él y estaba cercano a desenfundar su espada.
—Fuske…
Creo que mi hermano dice la verdad —dice Kalatra, intentando calmar a su amado.
—No
es posible. Después de todo lo que has pasado, de lo que has sufrido, ¿vas a
aceptar este trato de tu propia familia?
—Estaba
preparada para recibir el repudio de algunos compatriotas, es bueno conocer
recién a mi hermano, ya que de otra manera me sentiría más dañada por su declaración.
Pero él tiene razón. Como rey, no puede permitir que sus emociones arriesguen a
su pueblo.
—¡No puedo aceptar algo así! ¡La familia no debería desunirse de esa manera!
Señor Arnus, usted está equivocado.
Tina
al escuchar estas últimas palabras no puede evitar mostrar su descontento en su
rostro.
—No
me vengas con que hay que hacer lo correcto, orejón —le responde la pequeña al
Kaevalery.
—¿Qué dijiste?
El
comentario de la niña alada desvía la atención de Fuske hacia ella, quien se
muestra con los ojos llenos de odio.
—Tus
palabras serán muy bonitas, pero salidas de un hipócrita como tú, no puedo
soportarlas —continúa ella, con una mueca que da a entender el asco que le
provoca y la decepción que siente sobre este «héroe».
—¿A quién llamas hipócrita, niña?
—¡A quien habla sobre hacer lo correcto cuando nunca intentó detener las
acciones de Gendo! —exclama finalmente, con hostilidad, la chiquilla, callando
al barbudo—. Él era un héroe, al igual que tú, siendo también un compañero de
armas. Eres de los que más le conocían. Y sin embargo permitiste que hiciese lo
que se le venía en gana. Incluso si salvaste a unos pocos de sus dominios, ¿sabes
cuántas personas sufrieron por tu negligencia? No me hables de hacer lo correcto
cuando ni siquiera tú te has esforzado en hacerlo.
Las
palabras que decía la pequeña eran ciertas. Tanto que Fuske no pudo negarlas y
se mantuvo callado por un tiempo. Él recordaba a su amigo, el llamado «Héroe
del impedimento», quien siempre odió a los demonios por haberle arrebatado su
familia. Sin embargo, él no era tan radical antes. Algo sucedió después de que
terminara la batalla contra el rey Asur Rabbok que cambió su personalidad. Se
convirtió en una persona cruel y despiadada, que disfrutaba del sufrimiento de
los derrotados en la guerra. Su perversión era algo que el «Héroe de la guardia»
no pudo soportar y después de unas cuantas discusiones, tomaron caminos
separados, llevándose él a algunos esclavos, entre ellos, a una pequeña niña de
pelo azulado que se espantaba de terror cada vez que veía a un Kaevalery. Era
cierto que Fuske no intentó parar las acciones de Gendo activamente y el sólo
ver a la pequeña niña Talavalery en frente de él, con sus alas tan maltratadas
y profesando un odio inmensurable sobre aquel a quien llamó amigo alguna vez,
le demostraron su error.
—Quiero
que quede en claro algo, «héroe». Somos aliados. Pero no somos amigos —dice
Arnus, sacando de sus pensamientos a Fuske Elorjam.
***
Luego de discutir ciertos aspectos del plan, el “Héroe
de la guardia” junto con la princesa de los Shezenvalery se mantienen en la
puerta de salida del hogar, frente al grupo de subordinados de Arnus. El
Kaevalery expresa en su semblante el arrepentimiento de su actuar, mientras que
Kalatra le observa, preocupada.
—Entonces, nos veremos en dos días más —dice el
príncipe, despidiéndolos.
—Sí, estaré esperando su llegada —responde el «héroe»,
cabizbajo.
La pareja se va caminando hacia el horizonte, donde
un par de Nujulavdos los esperan
mientras Arnus y compañía les observan alejarse.
—Ya falta poco —murmura el príncipe, encontrando
cada vez más cerca el cumplir con su deber.
—Sí, en menos de una semana comenzaremos con el plan
—responde Narea a las palabras de su señor.
—Iniciará la guerra de liberación.
—Antes de empezar con los preparativos, señor Arnus,
tenemos algo de lo que hablar.
—¿Hmm? ¿De qué se trata Narea?
—Tiene que ser en privado, acompáñeme —con tono
serio, la Shezenvalery apunta hacia una de las habitaciones vacías de la casa y
el grupo camina, acercándose a ella. Antes de entrar, la mujer le habla a la
pequeña Talavalery que los seguía—. Lo siento, Tina, pero esta es información
confidencial, ¿podrías esperar fuera?
—¿Eh? Ah, bueno… —responde la chiquilla, sin
saber qué pensar.
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