sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.8-3

Capítulo 8: Amistad
Parte 3


   —En primer lugar me gustaría que aclaráramos nuestros malentendidos, no deseo estar en conflicto con usted —dice el Kaevalery, Fuske Elorjam, a su anterior oponente en el fuerte Kaskarya.
   —¿Qué tipo de malentendidos?
   —Soy uno de los «héroes» que participó en la guerra contra su especie. Y lo primero que debo decir sobre ello es que me arrepiento de lo sucedido. La guerra finalmente no tuvo ningún motivo más que un odio infundado. Es lo que entendí cuando observé los resultados de esta —comienza a explicar el pelirrojo—. En verdad lo siento, les hice daño a todos ustedes. De formas que probablemente jamás me perdonarán.
   —No veo un malentendido en eso —comenta una chiquilla con un halo sobre su cabeza en un tono seco.
   —Tina, abstente de tus comentarios hostiles —Arnus reprime a la niña seriamente.
   —Yo ya no soy miembro del imperio Kaevalery, he desertado a mi nación unos años después del fin de la guerra. Los soldados que vieron en el fuerte también son desertores. En realidad mi título como «héroe» es sólo una condecoración extinta —continúa el Kaevalery.
   —Ya veo, eso explica el por qué tantos de mis compatriotas te apoyan. Se podría decir que eres un habitante más de este reino ahora.
   —Antes de continuar, me gustaría preguntar el motivo de su desaparición. No me agrada ver como dos hermanos no pueden estar juntos por el odio. Estuve hablando con Kalatra y me dijo que no lo perdonaría si no le explicaba esto. Para nosotros, los Kaevalery, la familia es importante.
   —Entiendo —contesta el príncipe. Luego, se dirige a su pariente—. Hermana, nuestro padre lo mantuvo en secreto, así que no sé si te lo habrá contado. Hace doscientos años fui a los montes Graken con el motivo de eliminar al dragón que habitaba ese lugar. Si te soy sincero, no sólo tardé más de lo que debería en ello, sino que tampoco cumplí con la misión, aunque sometí al dragón a mi voluntad.
   Un profundo silencio rodea la habitación.
   —N-No juegues conmigo. ¿Un dragón? ¿Someterlo? No he escuchado de nadie que no sea en historias fantásticas lograr algo así —niega su hermana, sudando de la sorpresa.
   —Kalatra, c-creo que tu hermano dice la verdad —comenta Fuske, nervioso también al recordar cuando llegó el grupo de Arnus a la fortaleza.
   —¿Eh? ¿Qué?
   —No lo viste porque probablemente estabas distraída conmigo y la pelea que tuve contra tu hermano, pero él no llegó caminando al fuerte. Llegó volando a espaldas de un dragón.
   —¡¿Q-Qué tipo de broma es esta?! ¡Eso no es posible!
   —Si no lo hubiese visto con mis propios ojos, no lo creería también. Lo más terrorífico de ello es que no era un dragón común. Perfectamente podría ser considerado como «ancestral» —concluye el Kaevalery.
   —Mi hermano domó a un dragón ancestral… —murmura Kalatra, petrificada por el espanto.
   —Bueno, con esto creo que podemos comenzar nuevamente —dice el «héroe» al príncipe, acercando su mano en un gesto amigable—. Un gusto en conocerlo, Arnus Rabbok. Aunque se ve más joven de lo que su edad representa, es un honor estar frente al mayor temor del imperio. Quizás es algo precipitado, pero me gustaría formar una alianza con usted.
   —Una alianza… —repite el Shezenvalery, como si estuviera digiriendo sus palabras.
   —Sí, verá… —continúa Fuske—. Mis hombres y yo no compartimos el pensamiento del imperio. Queremos que ustedes, los Shezenvalery, recuperen su reino. Pero no tenemos la fuerza suficiente como para ello. Ahora que usted ha vuelto, las posibilidades aumentan y hemos decidido que unirnos sería una buena idea.
   —Es una buena oferta. Sin embargo tienen condiciones, ¿no? Si quisieran estar en mi equipo me sugerirías una adición de tus tropas a las mías, no una «alianza».
   —Así es, si bien tenemos un objetivo en común, luego de nuestra batalla mis tropas están reacias a confiar en usted ciegamente. Tenemos sólo una condición: se debe considerar a nuestro grupo como una organización independiente de su gobierno. Viviremos como una ciudad-estado en el fuerte Kaskarya, seremos autosuficientes y tendremos nuestras propias leyes, pero pagaremos impuestos y defenderemos el reino cuando sea necesario.
   —Ya veo, una ciudad-estado —comenta el príncipe, observando el suelo con un rostro pensativo—. No parece una mala condición. De hecho estaba pensando en qué hacer con aquellos Kaevalery que no han herido a mi gente. Enviarlos a vivir allí sería una buena idea. Sin embargo, parece que tú tienes algo más que decir. ¿Hay algo de mí que desees personalmente? —termina de decir, elevando su mirada al orejón barbudo en frente de él.
   —Ah, esto… —responde el Kaevalery—. ¿Cómo decirlo…? —titubea, mirando a todos los presentes en la habitación y luego al suelo, con nerviosismo. Cierra los ojos, como intentando quitarse de encima un miedo indeseado y luego los abre con determinación—. ¡Q-Quiero que me dé su bendición para casarme con su hermana!
   —¿Eh? —se cuestiona Arnus, perplejo—. ¡¿Eeeeh?!
   —¡F-F-Fuske! ¡¿Qué acabas de decir?! —exclama Kalatra, alterada por las palabras de su compañero.
   —Cuidé de Kalatra desde que era pequeña, la vi crecer y por un tiempo pensé que la adoptaría como mi hija en el futuro. Pero una vez que se convirtió en una adulta, mis sentimientos por ella comenzaron a cambiar poco a poco —explica el Kaevalery, mirando a Arnus y a Kalatra alternadamente.
   —Yo… ¡Yo también amo a Fuske! —continúa la princesa demonio, con una mano en su pecho—. ¡Él es el único hombre con el que me siento segura después de lo que me pasó con el «Héroe del impedimento»! ¡El único que me ha dado el valor de seguir viviendo! ¡Sin él no sabría qué hacer!
   —Oye, espera un poco, ¿eso no es dependencia emocional? —comenta Tina, tan impresionada como los demás, analizando la situación—. ¿Qué opinas Ar…? ¡¿Arnus?! ¡Está petrificado! ¡¿Qué tipo de hechizo es este?! —exclama finalmente al ver a su compañero completamente inmóvil como si fuese una piedra.
   —¡Reaccione, su majestad! ¡No puede morir de esa forma! —grita Narea exageradamente.
   Luego de unos minutos en los que ambas chicas intentaban despertar nuevamente al Shezenvalery, Arnus vuelve en sí.
   —Ya estoy calmado —comenta el príncipe, con una mano en su cabeza—. Supongo que es muy tarde para decir algo al respecto, no estuve presente en el desarrollo de Kalatra, me perdí toda su infancia y a decir verdad no conozco nada de ella. No estoy en posición de dar a respetar mi opinión sobre el tema. Agradezco la protección que le has dado a mi hermana y si su amor es mutuo no tengo motivos por el cual negarme. Si necesitan mi bendición, con gusto se las daré si eso hace feliz a mi hermana. Sin embargo deben saber dos cosas…
   —Je, usted también tiene condiciones —sonríe levemente Fuske.
   —Por supuesto, son cosas que debes tener presente a toda costa. La primera es que debes hacerla la mujer más feliz del mundo. Si la tratas mal o la haces llorar en algún momento, te juro que morirás de forma peor que Gendo Fessterak, el «Héroe del impedimento» —amenaza Arnus.
   —¿Qué? ¿Gendo está muerto?
   Tanto Kalatra como Fuske se sorprenden ante la inesperada noticia. Gendo Fessterak, el Kaevalery apodado como «El héroe del impedimento», quien fue camarada del presente «Héroe de la guardia» y torturador de la princesa, había sido asesinado por el Shezenvalery frente a ellos.
   —Ah, sí, Arnus lo asesinó cuando se encontraron y él le contó sobre las cosas que hizo conmigo, su madre y su hermana —responde la pequeña alada junto al príncipe.
   —Esto… Sólo para saber a qué me arriesgo… ¿Cómo es que murió? —pregunta nerviosamente Fuske.
   —Bueno… Esto… —comienza a explicar la chiquilla—. Piensa que se le puso bajo un hechizo de auto-regeneración y de imposibilidad de inconsciencia y luego fue despedazado una y otra vez hasta que no podía oponerse a Arnus.
   —Ugh… ¿Y cuál sería la segunda cosa a tener presente? —pregunta nuevamente al príncipe, tragando saliva temerosamente.
   —Espero que no hayan hecho planes con esto —comienza a decir Arnus—. Los Kaevalery y los Shezenvalery no son compatibles en la reproducción. Esto quiere decir, que por mucho que ustedes lo intenten, jamás tendrán hijos. No tendrás herederos directos con mi hermana. Ni se te ocurra abandonarla por algo así.
   —Ah, descuide, ya sabíamos eso de la compatibilidad. También hemos conversado sobre la diferencia de expectativas de vida de nuestras especies —responde el pelirrojo.
   —Entonces no hay problema. Fuske, Kalatra, tienen mi bendición como familiar directo de la novia para unirse en matrimonio. Espero que sean felices hasta el fin de sus días.
   —Se lo agradezco.
   Fuske y Kalatra se miran entre sí con una sonrisa, sonrojados.
   —Sobre el acuerdo de la alianza, haré un tratado. Vuelvan en dos días para firmarlo y estaremos preparados para la reconquista —dice el demonio, cambiando el tema y volviendo al tópico de la formación de una alianza.
   —¿Cuáles son los planes que desea llevar a cabo?
   —Para iniciar la liberación del reino de Urak necesito de dos cosas. Una ya está en mis manos, es el dragón que viste, Fuske. Este se comportará como herramienta de despliegue y defensa de los frentes rebeldes.
   —Ya veo, con su tamaño podría transportar muchas tropas.
   —Así es, veo que lo entiendes. Ahora, el segundo elemento reside en el castillo de Waltegya. La primera fase del plan consiste en capturar el castillo. Sin él, el objetivo no podrá cumplirse y el reino se mantendrá como estado vasallo de la alianza por siempre.
   —¿Puedo preguntar lo que hay ahí?
   —Es algo confidencial que sólo puedo revelar a unos pocos subordinados de confianza. Como planeas pertenecer a una facción aparte, no puedo contártelo, incluso si eres el prometido de mi hermana. Pero descuida, no es un arma de destrucción masiva, tu especie y aliados no se verán afectados por ella.
   —Ya veo. Tengo curiosidad, pero no quiero malograr la alianza.
   —Estoy confiando de más aquí. Si se filtra la información respecto de la captura del castillo, no tendré otro remedio que matarlos a ambos y aniquilar a sus subordinados por completo.
   Todos dentro de la habitación se mantienen en silencio tras escuchar las palabras del heredero al trono. Tina se muestra sorprendida, al igual que Kalatra. Narea observa a Arnus con sospecha e incluso cierto enfado. Y Fuske está rojo por la ira.
   —¡¿Qué?! —exclama el Kaevalery, levantándose de la cama, atento a los movimientos de quien está frente a él—. ¡Estás hablando de tu hermana y tu gente! ¡No pensarás en asesinarlos así, sin más!
   —¿Hmm? Ah, eres de ese tipo de gente… No me malinterpretes, Fuske Elorjam. Soy el príncipe de los Shezenvalery, mi misión es velar por mi pueblo. Tú y tu facción son agentes externos a mi reino, incluyendo a mi hermana. Si me traicionan no dudaré en hacer lo correcto para mi gente. Incluso si somos familia.
   —No hablarás en serio…
   El «Héroe de la guardia» no podía comprender el pensamiento del heredero al trono, era irracional e inconsistente a lo que su crianza le había enseñado. Los Kaevalery valoraban mucho la familia. El choque de culturas esta vez era demasiado para él y estaba cercano a desenfundar su espada.
   —Fuske… Creo que mi hermano dice la verdad —dice Kalatra, intentando calmar a su amado.
   —No es posible. Después de todo lo que has pasado, de lo que has sufrido, ¿vas a aceptar este trato de tu propia familia?
   —Estaba preparada para recibir el repudio de algunos compatriotas, es bueno conocer recién a mi hermano, ya que de otra manera me sentiría más dañada por su declaración. Pero él tiene razón. Como rey, no puede permitir que sus emociones arriesguen a su pueblo.
   —¡No puedo aceptar algo así! ¡La familia no debería desunirse de esa manera! Señor Arnus, usted está equivocado.
   Tina al escuchar estas últimas palabras no puede evitar mostrar su descontento en su rostro.
   —No me vengas con que hay que hacer lo correcto, orejón —le responde la pequeña al Kaevalery.
   —¿Qué dijiste?
   El comentario de la niña alada desvía la atención de Fuske hacia ella, quien se muestra con los ojos llenos de odio.
   —Tus palabras serán muy bonitas, pero salidas de un hipócrita como tú, no puedo soportarlas —continúa ella, con una mueca que da a entender el asco que le provoca y la decepción que siente sobre este «héroe».
   —¿A quién llamas hipócrita, niña?
   —¡A quien habla sobre hacer lo correcto cuando nunca intentó detener las acciones de Gendo! —exclama finalmente, con hostilidad, la chiquilla, callando al barbudo—. Él era un héroe, al igual que tú, siendo también un compañero de armas. Eres de los que más le conocían. Y sin embargo permitiste que hiciese lo que se le venía en gana. Incluso si salvaste a unos pocos de sus dominios, ¿sabes cuántas personas sufrieron por tu negligencia? No me hables de hacer lo correcto cuando ni siquiera tú te has esforzado en hacerlo.
   Las palabras que decía la pequeña eran ciertas. Tanto que Fuske no pudo negarlas y se mantuvo callado por un tiempo. Él recordaba a su amigo, el llamado «Héroe del impedimento», quien siempre odió a los demonios por haberle arrebatado su familia. Sin embargo, él no era tan radical antes. Algo sucedió después de que terminara la batalla contra el rey Asur Rabbok que cambió su personalidad. Se convirtió en una persona cruel y despiadada, que disfrutaba del sufrimiento de los derrotados en la guerra. Su perversión era algo que el «Héroe de la guardia» no pudo soportar y después de unas cuantas discusiones, tomaron caminos separados, llevándose él a algunos esclavos, entre ellos, a una pequeña niña de pelo azulado que se espantaba de terror cada vez que veía a un Kaevalery. Era cierto que Fuske no intentó parar las acciones de Gendo activamente y el sólo ver a la pequeña niña Talavalery en frente de él, con sus alas tan maltratadas y profesando un odio inmensurable sobre aquel a quien llamó amigo alguna vez, le demostraron su error.
   —Quiero que quede en claro algo, «héroe». Somos aliados. Pero no somos amigos —dice Arnus, sacando de sus pensamientos a Fuske Elorjam.

***

   Luego de discutir ciertos aspectos del plan, el “Héroe de la guardia” junto con la princesa de los Shezenvalery se mantienen en la puerta de salida del hogar, frente al grupo de subordinados de Arnus. El Kaevalery expresa en su semblante el arrepentimiento de su actuar, mientras que Kalatra le observa, preocupada.
   —Entonces, nos veremos en dos días más —dice el príncipe, despidiéndolos.
   —Sí, estaré esperando su llegada —responde el «héroe», cabizbajo.
   La pareja se va caminando hacia el horizonte, donde un par de Nujulavdos los esperan mientras Arnus y compañía les observan alejarse.
   —Ya falta poco —murmura el príncipe, encontrando cada vez más cerca el cumplir con su deber.
   —Sí, en menos de una semana comenzaremos con el plan —responde Narea a las palabras de su señor.
   —Iniciará la guerra de liberación.
   —Antes de empezar con los preparativos, señor Arnus, tenemos algo de lo que hablar.
   —¿Hmm? ¿De qué se trata Narea?
   —Tiene que ser en privado, acompáñeme —con tono serio, la Shezenvalery apunta hacia una de las habitaciones vacías de la casa y el grupo camina, acercándose a ella. Antes de entrar, la mujer le habla a la pequeña Talavalery que los seguía—. Lo siento, Tina, pero esta es información confidencial, ¿podrías esperar fuera?
   —¿Eh? Ah, bueno… —responde la chiquilla, sin saber qué pensar.











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