Parte 5
Amarradas
y colocadas en el suelo yacen Tina y Narea, quienes no se pueden mover y están
siendo amenazadas por las armas de los bandidos.
—¡Ugh, tus hombres han de ser inútiles para ser derrotados tan fácilmente! —Incluso
rodeada de enemigos, Tina arma un berrinche frente al resultado de su plan.
—Perdón
por ser tan inútil… —Narea murmura por detrás. Perdió gran parte de su
confianza como guerrera al ser derrotada por alguien menor que ella. Pero, ¿quién
podría culparla? No estaba llevando sus armas, no poseía armadura, había
combatido a muerte y perdido gran parte de su magia sólo horas antes…
—Al
parecer tu habilidad no afecta la lealtad de los demás, no
pudieron devolvernos los golpes que les dimos —comenta la líder de los
bandidos, con una mirada de desdén hacia las mujeres atrapadas.
—Muy
bien, busquen la carreta de donde vienen, si encuentran a su acompañante
usaremos a las chicas como rehenes —ordena su hermano a los demás demonios.
—¿A quiénes usarán de rehenes?
La
voz de un desconocido se escucha desde la espalda del líder bandido. Al girarse
se encuentra con un demonio adulto usando una armadura completa, con un rostro
serio y algunas manchas de sangre sobre él. El príncipe de los Shezenvalery,
Arnus, ha llegado después de eliminar a los asesinos que les perseguían.
Los
bandidos se ponen en guardia mientras el demonio se acerca, caminando
lentamente.
—Rayos,
Tina. Te dije que no te metieras en líos —regaña el príncipe a la pequeña—. Lamento
la demora, eran más de los que pensé.
—Ya
era hora, pensé que no ibas a llegar
jamás —regaña de vuelta la chiquilla.
Arnus
observa a los bandidos con un rostro completamente serio. Con voz profunda y
demandante pregunta a sus enemigos.
—Y
bien, ¿quiénes son estas personas?
Una
peligrosa aura emana desde su cuerpo. El grupo de enemigos siente la presión al
detectar el poder de su enemigo.
—¡¿Q-Qué rayos es ese tipo?! ¡El poder que emana es demasiado grande! —comenta,
nervioso, el pequeño líder de los bandidos.
—D-Descuida,
le superamos en número, si trabajamos en equipo deberíamos ser capaces de
vencerle… Creo… —responde su hermana, también líder, quien se voltea hacia sus
súbditos—. ¡Hey chicos! ¡¿Quién me
acom-?!
Antes
de terminar la frase la líder bandida nota que todos sus secuaces están
arrodillados. Al ver esta traición, saca sus cuernos.
—¡¿Qué les pasa?! ¡¿Sólo porque es más
fuerte se arrodillarán ante un desconocido?!
—Señora,
usted lo desconoce, ya que nació después de la guerra, pero…
—El
aura que emite no es algo a lo que nos podamos enfrentar.
—¿Ah? Sé que es poderoso, pero si nos
unimos…
—Creo
que no está viendo bien su poder, mire a su alrededor.
La
chica observa su entorno a sugerencia de los miembros de su grupo y se percata
de que el aura no termina en Arnus, sino que los rodea a todos.
Debido
al temor, la líder bandida devuelve sus cuernos y comienza a temblar.
—¿Qué es esto? —pregunta ella, nerviosa.
—El
poder de un rey Shezenvalery —responde uno de sus subordinados.
—Nosotros
les seguíamos a usted y a su hermano porque pensamos que tal vez, en algún
futuro, podrían recuperar el reino. Pero al ver a este monstruo, nos damos
cuenta de que quizás estábamos soñando. Ustedes chicos son poderosos, pero no
están a una altura mayor que un lord.
Los
hermanos no pueden hablar después de tamaña ofensa.
Arnus
observa al grupo, reconociendo en ese momento lo que no había notado por la
tensión en el aire, eran de su especie. Una pequeña sonrisa se dibuja en su
rostro.
—No
esperaba encontrarme con mi gente en esta situación, ¿Roban para sobrevivir? Supongo
que es comprensible si nos tratan peor que a los esclavos en las calles. Ser
los perdedores es molesto, pero descuiden, pronto recuperaré este reino y
expulsaré a los invasores.
Algunos
rostros se vieron iluminados ante la esperanza de recuperar su patria. Para
ellos, aquél que les habla es digno de considerarse como su nuevo rey. Alguien
fuerte, decidido y con deseos de luchar para conseguirle a su pueblo un hogar.
—¿Puedo preguntar su nombre, su majestad?
—Mi
nombre es Arnus, Arnus Rabbok, primer príncipe del reino Shezenvalery de Urak.
—¡¿Príncipe Arnus?!
—¡¿Arnus, la bestia?!
—¡¿El hijo del rey invencible?!
La
sorpresa ante la identidad de su compatriota fue demasiado grande. El príncipe
desaparecido, volviendo como si ese tiempo no le hubiese afectado. Algunos dudaron
de sus palabras, pero tenían que admitir que el poder que emana concordaba con
los rumores de este miembro de la realeza…
—¡¿P-P-Príncipe A-Arnus?! Awawawah…
…por
otro lado, Narea entra en pánico ante la noticia y tartamudeaba de la impresión.
«¿Por
qué tú también estás sorprendida? Ah, es verdad, no te lo mencionamos», opina Tina dentro de su mente, sin
disculparse con la chica amarrada al frente de ella quien está sudando
demasiado por la impactante noticia.
—No
me lo creo, el príncipe desapareció doscientos años atrás, pensamos que había
muerto —comenta una mujer bandida, incrédula.
—No
lo digan como si me hubiese ido por capricho, mi padre me envió a los montes
Graken en una misión —responde el príncipe.
—No
fuimos avisados…
—¡¿Qué?! No es posible, estoy seguro de que… —exclama el Shezenvalery debido a
la nueva información recibida.
«¿Padre,
lo planeaste como una misión secreta? ¿Por qué harías algo así?». Una
interrogante se asoma ante el príncipe, pero no es momento de preguntarse cosas
del pasado.
—Bueno,
como sea ¿Pueden liberar a las chicas? Vienen conmigo —termina de decir.
—Oh,
claro señor, de inmediato.
—¡¡No lo harán!! —grita el chico
demonio, líder de los bandidos, interponiéndose entre ellos y enseñando sus
dientes y cuernos—. ¡¿Quién te crees que
eres?! ¡Llegando de la nada y ordenando a mis subordinados como si fueran tu
propiedad!
—Bueno,
esa no era mi…
—¡¿Eres un antiguo príncipe?! ¡¿A mí qué
mierdas me importa?! ¡¿Dónde estabas durante la guerra?! ¡¿En una misión que te
dio tu padre?! ¡Ninguna misión puede durar doscientos años! ¡No ayudaste a tu
especie cuando más lo necesitábamos! ¡Todo por entretenerte demasiado tiempo!
El
rostro de Arnus se entristece ante las acusaciones.
—Sí,
lo sé, no esperaba que pasara esto… —Arnus da una pequeña palmada en la cabeza
del chico. Le revuelve el cabello suavemente—. Es mi culpa...
—¿Qué haces? No… ¡¡Detente!!
El
líder es humillado frente a todos al recibir las caricias. Su vergüenza supera
su odio y sus cuernos desaparecen. Comienza a sentir la presión entre sus
compatriotas y le salen lágrimas.
—Ugh
¡Déjame en paz! ¡Buaaaah!
El
chico corre hacia el bosque, llorando. Su hermana lo sigue desde atrás para
confortarlo.
—¡Espérame hermano!
Arnus
muestra un semblante solitario cuando se van. Se acerca a Tina y deshace sus
amarras.
—¿Eres débil con los niños? —pregunta Tina mientras es liberada.
—Sí,
lo soy. Aunque me vea joven, soy un adulto mayor ya. ¿Has escuchado la frase «Corazón
de abuelo»?
—No,
pero supongo que significa que eres tan viejo que te da cierta felicidad ver al
futuro de tu especie.
—Es
algo así...
—¿Acabaste con los asesinos?
—Sí,
espanté a los demás al parecer, no siento a otros grupos escondidos.
Uno
de los bandidos, el más viejo, se mantiene arrodillado frente al príncipe. Sus demacrados
ojos muestran una llama rebelde: quiere luchar por su patria y quiere vengarse
de sus enemigos, miembros del imperio. Al igual que él, el resto de sus
compañeros muestran rostros similares, todos preparados para la guerra.
—Señor,
si le somos de utilidad en algo háganoslo saber.
El
príncipe comprende sus intenciones. Sin embargo no es posible cumplir con sus
deseos por el momento.
—Ir
en grupos muy grandes llamará la atención. Pronto daré en marcha un plan de
reconquista. Hasta entonces esperen en su base, continúen con sus actividades,
pero eviten ser eliminados, necesitaré tantos soldados como pueda. Les daré una
señal cuando llegue el momento.
—¿Qué tipo de señal señor?
Arnus
sonríe, mostrando sus dientes, característicos de su especie.
—Lo
sabrán en su momento, es algo imposible de no reconocer.
Tras
su discurso, el príncipe desata a Narea.
—Será
mejor que te quedes con ellos…
—¡¿Eh?! ¡Quiero seguir con ustedes! ¡Permítame servir a sus majestades!
Los
otros demonios quedan perplejos ante tales palabras.
—¿Majestades? —se preguntan en voz alta—. ¿Acaso el príncipe Arnus y la esclava…?
Al
escuchar sus sospechas, Narea se alegra de corazón.
—¡Exacto! —responde, corroborando la veracidad de la conclusión, sea cual sea a
la que hayan llegado.
—¡Claro que no! —Arnus refuta inmediatamente—. Muy bien, si tanto lo deseas,
puedes seguir con nosotros —se resigna finalmente.
«No
puedo ganarle a ninguna de ustedes dos», piensa
al recordar los problemas que ha tenido que lidiar al no poder controlar bien a
Tina. Observa las ropas de su compañera y las compara con el resto. Eso no
puede seguir así.
El
príncipe indica con su dedo índice a la Shezenvalery.
—Tendrás
que cambiarte esos harapos sin embargo. Que una súbdita mía viaje con ropas
peores que una esclava creará muchos malentendidos —ordena el demonio.
—¿Eh?
Sin
prestar atención a la confusión de Narea, Arnus se dirige a Tina.
—Estabas
quejándote de que no podías dormir bien, ¿Cierto? Pues estás de suerte,
pasaremos por una ciudad.
—¡¿En serio?! —Los ojos de Tina brillan ante las palabras de su protector—. ¡Qué
bien! ¡Cama mullida, comida caliente, privacidad, baños!
—Vamos
chicas, nos dirigiremos a Balboa, aún queda mucho camino por recorrer —comenta
el príncipe sobre el próximo destino.
—¿Eeeh? Pero si el pueblo Nuva está más cerca —se queja la Talavalery, haciendo
pucheros con la boca.
—No
seas quisquillosa.
—Bueno,
supongo que si quieres calidad no puedes parar en un pueblo.
—N-No
tiene por qué esforzarse por mí, señor Arnus, si la señorita Tina prefiere ir a
un pueblo yo respetaré esa decisión —dice Narea, nerviosamente.
—No
te preocupes, a decir verdad llama mucho la atención estando mejor vestida que
tú, esto es por mi propia conveniencia.
—¡S-Sí, muchas gracias!
«Creo
que me malentendió», piensa el
príncipe, pensando en algo respecto del comportamiento de la mujer, luego se
dirige nuevamente al grupo de bandidos.
—Bueno,
ya saben lo que deben hacer. Esperen a mi llamado. No creo que tarde más de
unos meses en preparar todo.
—¡Sí, señor!
***
El grupo continúa su viaje saliendo del bosque.
Mientras se despiden de los bandidos demonios, el líder y su hermana los
observan de lejos.
—Para humillarme de ese modo… Lo pagarás caro, oh,
príncipe —dice el chico mientras se seca las vergonzosas lágrimas en su rostro.
—Pero fue un poco tierno al disculparse de esa forma
contigo, tú también te veías lindo al sonrojarte de esa manera —comenta su
hermana.
—¡C-Cállate! ¡No me sonrojé! ¡Era ira! ¡Ira pura
por humillarme! ¡Es imposible que me sonroje por una caricia en la cabeza! —El
líder pierde su energía tras recordar su pasado. Baja la cabeza y comienza a
hablar en un tono más suave—. Nosotros teníamos a nuestros padres para eso…
—Sí…
—Si alguien como él hubiese estado presente en la
guerra…
—Lo sé hermano… —Bajando la cabeza, la pequeña
hermana recuerda también las circunstancias en las que sus padre murieron.
Luego, una pequeña idea recorre su mente. Con las palmas juntas y un rostro
feliz expone sus pensamientos a su hermano—. Tengo una idea: por la humillación
que sufriste y por su insolencia hacia nosotros como líderes, hagamos su vida
imposible. Seamos como una espina en el trasero para él, humillémoslo,
desbaratemos sus planes y torturémoslo hasta que pierda los deseos de continuar.
—Jejejeje, eres diabólica, Meg.
—Pues somos «demonios», ¿no? Al menos así nos
llaman.
Sin notarlo, Arnus, Tina y Narea continúan su viaje.
Uno que hasta ahora ha tenido muchos percances.
Asesinos en su búsqueda, soldados en guardia,
mercenarios y bandidos.
—Prepárate, Arnus Rabbok, te has ganado a dos
enemigos. Nos encargaremos de ser tu peor pesadilla.
Y este viaje lleno de problemas acaba de comenzar.
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