martes, 4 de junio de 2019

E.T V.1 C.2-5

Capítulo 2: Un viaje lleno de problemas
Parte 5

   Amarradas y colocadas en el suelo yacen Tina y Narea, quienes no se pueden mover y están siendo amenazadas por las armas de los bandidos.
   —¡Ugh, tus hombres han de ser inútiles para ser derrotados tan fácilmente! —Incluso rodeada de enemigos, Tina arma un berrinche frente al resultado de su plan.
   —Perdón por ser tan inútil… —Narea murmura por detrás. Perdió gran parte de su confianza como guerrera al ser derrotada por alguien menor que ella. Pero, ¿quién podría culparla? No estaba llevando sus armas, no poseía armadura, había combatido a muerte y perdido gran parte de su magia sólo horas antes…
   —Al parecer  tu habilidad  no afecta la lealtad de los demás, no pudieron devolvernos los golpes que les dimos —comenta la líder de los bandidos, con una mirada de desdén hacia las mujeres atrapadas.
   —Muy bien, busquen la carreta de donde vienen, si encuentran a su acompañante usaremos a las chicas como rehenes —ordena su hermano a los demás demonios.
   —¿A quiénes usarán de rehenes?
   La voz de un desconocido se escucha desde la espalda del líder bandido. Al girarse se encuentra con un demonio adulto usando una armadura completa, con un rostro serio y algunas manchas de sangre sobre él. El príncipe de los Shezenvalery, Arnus, ha llegado después de eliminar a los asesinos que les perseguían.
   Los bandidos se ponen en guardia mientras el demonio se acerca, caminando lentamente.
   —Rayos, Tina. Te dije que no te metieras en líos —regaña el príncipe a la pequeña—. Lamento la demora, eran más de los que pensé.
   —Ya era hora, pensé que  no ibas a llegar jamás —regaña de vuelta la chiquilla.
   Arnus observa a los bandidos con un rostro completamente serio. Con voz profunda y demandante pregunta a sus enemigos.
   —Y bien, ¿quiénes son estas personas?
   Una peligrosa aura emana desde su cuerpo. El grupo de enemigos siente la presión al detectar el poder de su enemigo.
   —¡¿Q-Qué rayos es ese tipo?! ¡El poder que emana es demasiado grande! —comenta, nervioso, el pequeño líder de los bandidos.
   —D-Descuida, le superamos en número, si trabajamos en equipo deberíamos ser capaces de vencerle… Creo… —responde su hermana, también líder, quien se voltea hacia sus súbditos—. ¡Hey chicos! ¡¿Quién me acom-?!
   Antes de terminar la frase la líder bandida nota que todos sus secuaces están arrodillados. Al ver esta traición, saca sus cuernos.
   ¡¿Qué les pasa?! ¡¿Sólo porque es más fuerte se arrodillarán ante un desconocido?!
   —Señora, usted lo desconoce, ya que nació después de la guerra, pero…
   —El aura que emite no es algo a lo que nos podamos enfrentar.
   ¿Ah? Sé que es poderoso, pero si nos unimos…
   —Creo que no está viendo bien su poder, mire a su alrededor.
   La chica observa su entorno a sugerencia de los miembros de su grupo y se percata de que el aura no termina en Arnus, sino que los rodea a todos.
   Debido al temor, la líder bandida devuelve sus cuernos y comienza a temblar.
   —¿Qué es esto? —pregunta ella, nerviosa.
   —El poder de un rey Shezenvalery —responde uno de sus subordinados.
   —Nosotros les seguíamos a usted y a su hermano porque pensamos que tal vez, en algún futuro, podrían recuperar el reino. Pero al ver a este monstruo, nos damos cuenta de que quizás estábamos soñando. Ustedes chicos son poderosos, pero no están a una altura mayor que un lord.
   Los hermanos no pueden hablar después de tamaña ofensa.
   Arnus observa al grupo, reconociendo en ese momento lo que no había notado por la tensión en el aire, eran de su especie. Una pequeña sonrisa se dibuja en su rostro.
   —No esperaba encontrarme con mi gente en esta situación, ¿Roban para sobrevivir? Supongo que es comprensible si nos tratan peor que a los esclavos en las calles. Ser los perdedores es molesto, pero descuiden, pronto recuperaré este reino y expulsaré a los invasores.
   Algunos rostros se vieron iluminados ante la esperanza de recuperar su patria. Para ellos, aquél que les habla es digno de considerarse como su nuevo rey. Alguien fuerte, decidido y con deseos de luchar para conseguirle a su pueblo un hogar.
   —¿Puedo preguntar su nombre, su majestad?
   —Mi nombre es Arnus, Arnus Rabbok, primer príncipe del reino Shezenvalery de Urak.
   —¡¿Príncipe Arnus?!
   —¡¿Arnus, la bestia?!
   —¡¿El hijo del rey invencible?!
   La sorpresa ante la identidad de su compatriota fue demasiado grande. El príncipe desaparecido, volviendo como si ese tiempo no le hubiese afectado. Algunos dudaron de sus palabras, pero tenían que admitir que el poder que emana concordaba con los rumores de este miembro de la realeza…
   —¡¿P-P-Príncipe A-Arnus?! Awawawah…
   …por otro lado, Narea entra en pánico ante la noticia y tartamudeaba de la impresión.
   «¿Por qué tú también estás sorprendida? Ah, es verdad, no te lo mencionamos», opina Tina dentro de su mente, sin disculparse con la chica amarrada al frente de ella quien está sudando demasiado por la impactante noticia.
   —No me lo creo, el príncipe desapareció doscientos años atrás, pensamos que había muerto —comenta una mujer bandida, incrédula.
   —No lo digan como si me hubiese ido por capricho, mi padre me envió a los montes Graken en una misión —responde el príncipe.
   —No fuimos avisados…
   —¡¿Qué?! No es posible, estoy seguro de que… —exclama el Shezenvalery debido a la nueva información recibida.
   «¿Padre, lo planeaste como una misión secreta? ¿Por qué harías algo así?». Una interrogante se asoma ante el príncipe, pero no es momento de preguntarse cosas del pasado.
   —Bueno, como sea ¿Pueden liberar a las chicas? Vienen conmigo —termina de decir.
   —Oh, claro señor, de inmediato.
   ¡¡No lo harán!! —grita el chico demonio, líder de los bandidos, interponiéndose entre ellos y enseñando sus dientes y cuernos—. ¡¿Quién te crees que eres?! ¡Llegando de la nada y ordenando a mis subordinados como si fueran tu propiedad!
   —Bueno, esa no era mi…
   ¡¿Eres un antiguo príncipe?! ¡¿A mí qué mierdas me importa?! ¡¿Dónde estabas durante la guerra?! ¡¿En una misión que te dio tu padre?! ¡Ninguna misión puede durar doscientos años! ¡No ayudaste a tu especie cuando más lo necesitábamos! ¡Todo por entretenerte demasiado tiempo!
   El rostro de Arnus se entristece ante las acusaciones.
   —Sí, lo sé, no esperaba que pasara esto… —Arnus da una pequeña palmada en la cabeza del chico. Le revuelve el cabello suavemente—. Es mi culpa...
   —¿Qué haces? No… ¡¡Detente!!
   El líder es humillado frente a todos al recibir las caricias. Su vergüenza supera su odio y sus cuernos desaparecen. Comienza a sentir la presión entre sus compatriotas y le salen lágrimas.
   —Ugh ¡Déjame en paz! ¡Buaaaah!
   El chico corre hacia el bosque, llorando. Su hermana lo sigue desde atrás para confortarlo.
   —¡Espérame hermano!
   Arnus muestra un semblante solitario cuando se van. Se acerca a Tina y deshace sus amarras.
   —¿Eres débil con los niños? —pregunta Tina mientras es liberada.
   —Sí, lo soy. Aunque me vea joven, soy un adulto mayor ya. ¿Has escuchado la frase «Corazón de abuelo»?
   —No, pero supongo que significa que eres tan viejo que te da cierta felicidad ver al futuro de tu especie.
   —Es algo así...
   —¿Acabaste con los asesinos?
   —Sí, espanté a los demás al parecer, no siento a otros grupos escondidos.
   Uno de los bandidos, el más viejo, se mantiene arrodillado frente al príncipe. Sus demacrados ojos muestran una llama rebelde: quiere luchar por su patria y quiere vengarse de sus enemigos, miembros del imperio. Al igual que él, el resto de sus compañeros muestran rostros similares, todos preparados para la guerra.
   —Señor, si le somos de utilidad en algo háganoslo saber.
   El príncipe comprende sus intenciones. Sin embargo no es posible cumplir con sus deseos por el momento.
   —Ir en grupos muy grandes llamará la atención. Pronto daré en marcha un plan de reconquista. Hasta entonces esperen en su base, continúen con sus actividades, pero eviten ser eliminados, necesitaré tantos soldados como pueda. Les daré una señal cuando llegue el momento.
   —¿Qué tipo de señal señor?
   Arnus sonríe, mostrando sus dientes, característicos de su especie.
   —Lo sabrán en su momento, es algo imposible de no reconocer.
   Tras su discurso, el príncipe desata a Narea.
   —Será mejor que te quedes con ellos…
   —¡¿Eh?! ¡Quiero seguir con ustedes! ¡Permítame servir a sus majestades!
   Los otros demonios quedan perplejos ante tales palabras.
   —¿Majestades? —se preguntan en voz alta—. ¿Acaso el príncipe Arnus y la esclava…?
   Al escuchar sus sospechas, Narea se alegra de corazón.
   —¡Exacto! —responde, corroborando la veracidad de la conclusión, sea cual sea a la que hayan llegado.
   —¡Claro que no! —Arnus refuta inmediatamente—. Muy bien, si tanto lo deseas, puedes seguir con nosotros —se resigna finalmente.
   «No puedo ganarle a ninguna de ustedes dos», piensa al recordar los problemas que ha tenido que lidiar al no poder controlar bien a Tina. Observa las ropas de su compañera y las compara con el resto. Eso no puede seguir así.
   El príncipe indica con su dedo índice a la Shezenvalery.
   —Tendrás que cambiarte esos harapos sin embargo. Que una súbdita mía viaje con ropas peores que una esclava creará muchos malentendidos —ordena el demonio.
   —¿Eh?
   Sin prestar atención a la confusión de Narea, Arnus se dirige a Tina.
   —Estabas quejándote de que no podías dormir bien, ¿Cierto? Pues estás de suerte, pasaremos por una ciudad.
   —¡¿En serio?! —Los ojos de Tina brillan ante las palabras de su protector—. ¡Qué bien! ¡Cama mullida, comida caliente, privacidad, baños!
   —Vamos chicas, nos dirigiremos a Balboa, aún queda mucho camino por recorrer —comenta el príncipe sobre el próximo destino.
   —¿Eeeh? Pero si el pueblo Nuva está más cerca —se queja la Talavalery, haciendo pucheros con la boca.
   —No seas quisquillosa.
   —Bueno, supongo que si quieres calidad no puedes parar en un pueblo.
   —N-No tiene por qué esforzarse por mí, señor Arnus, si la señorita Tina prefiere ir a un pueblo yo respetaré esa decisión —dice Narea, nerviosamente.
   —No te preocupes, a decir verdad llama mucho la atención estando mejor vestida que tú, esto es por mi propia conveniencia.
   —¡S-Sí, muchas gracias!
   «Creo que me malentendió», piensa el príncipe, pensando en algo respecto del comportamiento de la mujer, luego se dirige nuevamente al grupo de bandidos.
   —Bueno, ya saben lo que deben hacer. Esperen a mi llamado. No creo que tarde más de unos meses en preparar todo.
   —¡Sí, señor!

***

   El grupo continúa su viaje saliendo del bosque. Mientras se despiden de los bandidos demonios, el líder y su hermana los observan de lejos.
   —Para humillarme de ese modo… Lo pagarás caro, oh, príncipe —dice el chico mientras se seca las vergonzosas lágrimas en su rostro.
   —Pero fue un poco tierno al disculparse de esa forma contigo, tú también te veías lindo al sonrojarte de esa manera —comenta su hermana.
   —¡C-Cállate! ¡No me sonrojé! ¡Era ira! ¡Ira pura por humillarme! ¡Es imposible que me sonroje por una caricia en la cabeza! —El líder pierde su energía tras recordar su pasado. Baja la cabeza y comienza a hablar en un tono más suave—. Nosotros teníamos a nuestros padres para eso…
   —Sí…
   —Si alguien como él hubiese estado presente en la guerra…
   —Lo sé hermano… —Bajando la cabeza, la pequeña hermana recuerda también las circunstancias en las que sus padre murieron. Luego, una pequeña idea recorre su mente. Con las palmas juntas y un rostro feliz expone sus pensamientos a su hermano—. Tengo una idea: por la humillación que sufriste y por su insolencia hacia nosotros como líderes, hagamos su vida imposible. Seamos como una espina en el trasero para él, humillémoslo, desbaratemos sus planes y torturémoslo hasta que pierda los deseos de continuar.
   —Jejejeje, eres diabólica, Meg.
   —Pues somos «demonios», ¿no? Al menos así nos llaman.
   Sin notarlo, Arnus, Tina y Narea continúan su viaje. Uno que hasta ahora ha tenido muchos percances.
   Asesinos en su búsqueda, soldados en guardia, mercenarios y bandidos.
   —Prepárate, Arnus Rabbok, te has ganado a dos enemigos. Nos encargaremos de ser tu peor pesadilla.
   Y este viaje lleno de problemas acaba de comenzar.

FIN DEL CAPÍTULO II


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