sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.5-3

Capítulo 5: El terror a una bestia
Parte 3


   Todos sus aliados contienen el aliento. Narea comienza a llorar, mientras que Megala maldice a Gendo. Tina, perdiendo sus esperanzas, queda sin fuerzas en sus piernas y se deja caer al suelo, arrodillada.
   —Hemos terminado aquí. Dejen sus armas ahí, no podrán sacarlas por el efecto de la barrera. De todos modos así podremos mostrar cómo murió el príncipe a los demonios que aún se resisten. Ah, tengo que comunicarme con la familia imperial para informar del éxito de la misión.
   Gendo pareciese de buen humor. Su misión está cumplida y no perdió a ningún soldado en su plan. El mejor final para ellos.
   —Señor, ¿qué hacemos con los demonios que tiene restringidos? —pregunta un soldado a su líder.
   —¿Qué hacemos? Ciertamente… —Gendo se acerca a Tina con el rostro serio, habiendo perdido todo rastro de su anterior alegría—. ¿Qué es lo que intentabas hacer con la chica demonio? ¿Liberarla de algún modo?
   —No, yo no…
   —¡No mientas! —Gendo patea fuertemente el cuerpo de Tina, mandándola a volar lejos. La pequeña se queda inmóvil en el suelo, temblando de miedo mientras observa con terror al Kaevalery—. ¡¿Crees que estoy ciego?! ¡¿Qué no comprendería tus intenciones en el momento en que sólo encerraste al príncipe en la barrera?! ¡¿Me crees estúpido?!
   Narea intenta defender a la pequeña alada, pero ni con todas sus fuerzas puede liberarse de la restricción esta vez.
   —¿Sabes qué? Como castigo, voy a darles un buen uso a tus amigos.
   —¿Eh?
   —Conozco a alguien que experimenta con mellizos, investiga si existe una conexión entre ellos por haber compartido el mismo vientre. Escuché que sus últimos sujetos de prueba murieron luego de que les extirpara los ojos, así que estará feliz de recibir nuevas muestras, probablemente también pagará bien. Respecto de la chica, parece tener experiencia de combate, la usaremos para eliminar lo que queda de resistencia en el reino. Podría ayudarme a torturar a los mellizos también.
   —¡No, espera, no lo hagas, por favor! —Tina se sujeta del brazo del «héroe», implorándole el perdón. Sin embargo, él la hace a un lado, molesto.
   —¿Ah? Ya me he decidido. No hay cambios.
   —¡Por favor, haré lo que sea, no lo hagas!
   —Tú no tienes poder alguno aquí. Sólo eres una rata asquerosa que traicionó a sus compañeros y me entregó sus vidas. Pero no creas que eso te va a salvar del castigo por haber escapado la última vez. Tu espalda y tus alas no serán lo único que no podrá recuperarse esta vez. Dejaré ese cuerpo del que estás tan orgullosa hecho una pulpa de carne. Si sobrevives quizás te dé un trabajo como monstruo de circo.
   Gendo agarra del pelo a Tina y la arrastra, llevándola consigo lejos de los demonios.
   —¡Duele! ¡Duele! ¡Por favor, no lo hagas! ¡De verdad que haré lo que sea! ¡No volveré a huir! ¡Te atenderé todas las noches! ¡Serviré a tus amigos! ¡Entretendré a tus invitados!
   —No suenas muy convincente si me ofreces lo mismo que estuviste haciendo antes de escapar. Además, el imperio me está molestando por el trato que les doy a las Talavalery, ya no puedo usarlas como antes, eso disminuirá su precio de venta…
   —¡No! ¡Por favor! ¡Tiene que haber algo!
   —Bien podrías ayudarme a exterminar a los demonios.
   —¿Q…?
   —Tengo órdenes de la capital: dentro de seis años no puede quedar ni un solo demonio dentro de Urak. Son una especie peligrosa y la familia imperial nunca aprobó mi sistema de esclavos sin una buena excusa. Nada que hacer.
   —¡No puedes estar hablando en serio! ¡¿Asesinarás a toda una especie?!
   Un soldado observa moverse la mano de alguien que supuestamente debería estar muerto. La curiosidad le obliga a acercarse más al cadáver. Su rostro palidece y se distorsiona debido al terror.
   —Órdenes son órdenes. No es como si pudiera hacer caso omiso a lo que el emperador dice. Si tanto temes por el futuro de tus amigos, acaba con sus miserables vidas aquí y ahora —Gendo le entrega un cuchillo que tenía escondido entre sus ropas a Tina—. Mátalos y te daré la oportunidad de seguir como estás ahora mismo. Déjales vivir y tú y ellos sufrirán por el resto de sus vidas. ¿Qué harás?
   Ante las terribles opciones que el héroe le presentaba, Tina sólo podía ver el horror de vivir sabiendo que sus compañeros estarían sufriendo o continuar su vida cargando el peso de haber causado sus muertes.
   El suicidio sólo le evitaría el sufrimiento a ella, sólo removería sus pequeños problemas. El destino de los demás sería el mismo o incluso peor si es que enfadaba demasiado al Kaevalery. Considerando esto, entonces la única opción que le quedaba era…
   Tina prepara el cuchillo y lo levanta ligeramente, desafiando a Gendo, quien está de espaldas a ella. Sin embargo, antes de realizar cualquier acción, el «héroe» se voltea rápidamente y le quita el cuchillo de sus manos.
   —Se acabó el tiempo, tardaste demasiado. Bueno, tus amigos tendrán una vida lamentable y el resto de los demonios morirán…
   —¡Espera! Yo…
   —No, no, ya está todo decidido. Vamos chicos, hay una especie por extermi…
   —¡M-Monstruo!
   —¿Eh?
   Gendo no alcanza a terminar la frase. Un grito de uno de sus subordinados llamó su atención a mitad de su hablar.
   —¿Pero qué…?
   Gendo…
   La sorpresa y el miedo se apoderaron rápidamente de él al ver que el príncipe de los demonios se estaba moviendo, sujetando con fuerza una gran lanza metálica que le hacía un enorme agujero en el estómago. Aún más irreal para su vista, podía ver claramente cómo una larga lanza de madera le atravesaba uno de los ojos por completo, llegando al otro extremo de la cabeza.
   ¿Lo que dices es cierto? ¿Mi especie será exterminada?
   «¿Q-Qué es esto…? ¡Imposible! ¡Le atravesamos la cabeza! ¡Incluso si de alguna manera se hubiese convertido en un no-muerto no podría haber sobrevivido a eso!»
   Sin entender lo que sucede, el Kaevalery se mantiene horrorizado, observando cómo el enemigo que acababa de eliminar se movía como si sus heridas no significaran nada. Incluso los monstruos llamados no-muertos eran incapaces de continuar moviéndose una vez su cerebro o su centro hubiese sido dañado severamente.
   Sean miles, sean millones, que las vidas de mis enemigos les sean arrebatadas cruelmente. Destroza la carne, rompe los huesos, evapora la sangre… —comienza a recitar el demonio.
   «¿Un hechizo? Por muy poderoso que sea no podrá destruir la barrera.»
   Como si el mundo respondiera a sus pensamientos con una burla, el aura siniestra de Arnus empieza a salir de los pequeños agujeros formados por las armas que atravesaron la barrera en la que él está confinado, agrietándose ligeramente.
   «¡La presión que genera su aton está saliendo por los agujeros que se mantienen abiertos por las armas que lo atraviesan! ¡¿Está usando la característica especial de mi barrera en su contra?!»
   Las grietas continúan aumentando de tamaño. Algo que no debería estar saliendo se abre paso a través de las lanzas y espadas. La barrera apenas puede mantenerse una vez perdido su propósito.
   …no dejes a ninguno vivo, devora sus almas, despedaza sus cuerpos…
   «¡Esto es malo!»
   Ignorando lo absurdo de la escena, sin detenerse a pensar en si lo que veía era una simple ilusión, los instintos de Gendo le bastaban como para saber que la situación era extremadamente peligrosa. Con un grito decide advertir a sus subordinados…
   Crash.
   …Pero es demasiado tarde.
   La barrera mágica estalla en pedazos, imitando el sonido de un cristal roto. Sus fragmentos se esparcen en el aire y desaparecen rápidamente, asimilados por el entorno.
   Una enorme inscripción mágica se muestra detrás de Arnus, representando el círculo mágico que serviría de compuerta para el hechizo realizado por el príncipe. Un círculo que Gendo jamás había visto.
   [Muerte espantosa]
   Dichas estas palabras una gran explosión oscura toma lugar, desestabilizando a Gendo, a Tina y a los demonios, lanzándolos a volar cual ventisca, aferrándose a los árboles para evitar sufrir demasiados daños.



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