jueves, 6 de junio de 2019

E.T V.1 C.4-4

Capítulo 4: Traición
Parte 4


   —¡Miren, ya pueden verse los montes Graken! —exclama Arnus, indicando un enorme conjunto de montañas n el horizonte.
   El grupo se encuentra actualmente viajando por un camino de tierra abandonado, rodeado por un bosque. Es de día y los soles se posan directamente sobre el príncipe y sus subordinados.
   —¡Son enormes! ¡Esas montañas están muy lejos y aun así podemos verlas! — exclaman Kalga y Megala, quienes se encuentran dentro de la carreta de viaje, junto con los materiales que transportaba el candidato a monarca.
   —¡Ruidosos! ¡Maduren un poco, niños! —grita Tina, ya con su forma de ser habitual, desde el asiento de conductor de la misma carreta, al lado de Arnus.
   —¡¿Ah?! ¡¿A quiénes llamas niños?! ¡Ya tenemos diecisiete años! ¡Aquí tú eres la menor de todos!
   —Eso es lo que me sorprende, siendo yo la menor con catorce años y aun así más madura que ustedes. Me pregunto si en tres años más seré igual de idiota que ustedes.
   —¡¿Qué dijiste?! ¡Ya verás niñata!
   —No peleen, niños —comenta Arnus en tono indiferente, ya acostumbrado a las discusiones entre Tina y los hermanos.
   —¡No somos niños! —A lo que todos responden, incluyendo curiosamente a Tina, quien le observa con las mejillas infladas.
   —Están hablando con un viejo de 251 años. Para mí, ustedes que ni siquiera llegan a un quinto de mi vida son prácticamente bebés, agradezcan que los trate como niños.
   —Ugh… Pero Narea también…
   —Yo tengo cincuenta, alcanzo al quinto aproximadamente, jeje… —corrige Narea desde atrás, montando a su Nujulavdo, el pájaro enorme del que es dueña.
   —¡¿Narea ya tiene cincuenta?!murmuran para sí los hermanos al unísono. No es fácil determinar la edad de un demonio, ya que su apariencia cambia de forma irregular conforme a los años.
   Tina observa el camino, intentando ignorar a los pequeños bandidos que están intentando provocarla con algo y se percata de una carreta abandonada, apoyada sobre una piedra y con una de sus ruedas en el suelo.
   Bzz.
   Un pequeño zumbido resuena muy próximo a ella y sus grilletes comienzan a brillar.
   La esclava Talavalery expresa una mirada triste a su cuello y soltando unas lágrimas prácticamente imperceptibles, salta al suelo.
   —¿Tina? —pregunta Arnus, perplejo ante el actuar de su acompañante.
   —Esa carreta está abandonada, voy a ver si tiene algo de utilidad.
   Arnus pensaba en dejarla ir, pero al observar la carreta se percata de algo y corre hacia la pequeña.
   —¡Espera Tina, ese lugar es peligroso! —exclama el hombre, intentando alcanzarla.
   —Je, cumpliste con tu promesa de no dejarme sola, gracias Arnus —comenta la chiquilla al ser detenida por el príncipe mientras saca de entre sus calcetines una pequeña piedra transparente—. En verdad eres un idiota…
   Crash.
   La piedrecilla es arrojada al suelo y se rompe en mil pedazos. Una gran inscripción aparece en el suelo justo debajo de Arnus tras el sonido del cristal al quebrarse y su brillo intenso le encandila por un instante.
   Para cuando vuelve a recuperar la visión, Arnus se percata de que está encerrado dentro de una barrera cilíndrica que se extiende hacia el cielo infinitamente. El príncipe la golpea fuertemente, pero nada resulta de ello.
   —¡¿Una barrera restrictiva?! —exclama Narea al ver la estructura mientras salta de su montura y prepara sus armas.
   «Parece de alto nivel», piensa la mujer, analizándola.
   —¡Hermano, rápido!
   —¡Lo sé! ¡Elimina la fuente de poder de las palabras escri…!
   Splat.
   Kalga estaba conjurando el hechizo para eliminar las inscripciones del suelo, tal como hizo con su hermana en la ciudad, pero una flecha atravesó la mano con la que estaba asignando su objetivo sin previo aviso antes de terminar.
   —¿Eh?
   Observando su mano ensangrentada, el pequeño bandido se mantiene perplejo, sin comprender bien la situación. Al cabo de una fracción de segundo, un fuerte dolor recorre todo su cuerpo y lanza un alarido.
   —Bien hecho Tinita, hiciste un gran trabajo…
   —Esa voz… —Megala, preocupada por su hermano, desvía ligeramente su mirada ante la voz conocida—. ¡Tú!
   Gendo Fessterak, el «héroe del impedimento», sale desde las profundidades del bosque y se detiene al lado de la Talavalery.
   —No fue mucho tiempo, ¿cómo han estado?
   —Esto no… se supone que…
   —Meg, ¿Sucede algo? —pregunta Narea ante los murmullos de la pequeña bandida, quien se encuentra pálida.
   —¿Eh? Ah, me preocupa mi hermano…
   Narea no pregunta más allá de aquello y se dirige a Tina, preocupada.
   —Señorita Tina, ¿qué significa esto?
   Tina se dispone a hablar, pero un grito de odio la asusta y se mantiene mirando el suelo con lágrimas en su rostro.
   —¡Puta traidora! ¡¿desde cuándo planeas esto?! —grita Kalga, enfurecido por el dolor de su mano y la situación.
   —Oigan, oigan, no se ensañen con la niña. Ella simplemente obedeció órdenes. No puede resistirse a mis mandatos —responde por la pequeña el Kaevalery, dándole pequeñas palmaditas en la cabeza, las que sólo causan temor en la chiquilla. Arnus les mira seriamente.
   —¿Eres el dueño de Tina? —pregunta.
   —¡Oh! ¡¿Dónde están mis modales?! ¡Usted ha de ser Arnus Rabbok, hijo del rey invencible! ¿Estoy en lo cierto? —responde felizmente el héroe, sin afirmar nada—. Eres el príncipe de los demonios. Supongo que este ha de ser el destino…
   —¡Ataquen!
   Kalga saca sus cuernos debido a la ira y retirando con una mano la flecha que le atravesaba, se lanza sobre Gendo. Megala le sigue por detrás y Narea se adelanta a los hermanos a una velocidad increíble, apoyada de magia de atributo vectorial.
   El ataque hacia el Kaevalery está bien coordinado, Narea le retendría con su velocidad, apoyada de Megala y Kalga podría liberar al príncipe. Pero Gendo fue más veloz y más fuerte de lo que creían.
   Sin hacer ver sus movimientos, esquiva el ataque de Narea y de un golpe la deja inconsciente en el suelo. Luego de eso golpea fuertemente en el rostro a los hermanos.
   Los músculos se paralizan, la voluntad se desvanece: [Restricción de movimiento].
   Círculos mágicos inscritos en el suelo aparecen luego del conjuro y ninguno de los demonios es capaz de moverse.
   Kalga, quien logró mantener su consciencia despierta pese al golpe en su rostro, intenta liberarse con un hechizo anti-magia, pero su mano es destrozada de un pisotón que proporciona el Kaevalery.
   —No me interrumpan mientras hablo…
   —¿Qué es esta barrera? ¿Quién eres tú? —pregunta Arnus, golpeando con fuerza el muro ligeramente transparente, sin surtir efecto nuevamente. Sus cuernos no han salido de su cabeza debido a la ira, pero eso no implicaba que no estuviese enfadado por los acontecimientos. Muchos sentimientos que sentía en ese momento se opacaban por la poca comprensión que tenía de su enemigo y la preocupación de sus subordinados derrotados.
   —Estaba por presentarme: mi nombre es Gendo Fessterak. Participé en la guerra contra tu reino y fui uno de los quince héroes que lucharon y vencieron a tu padre —responde el Kaevalery, estirando sus brazos por el ejercicio que supuso la pequeña pelea contra el grupo de demonios—. Me llaman «El Héroe del impedimento». Como tal vez has comprobado, no es posible para ti salir de esa barrera…
   Arnus se percata de que hay algo que no concuerda con la situación. Kalga había sido herido por una flecha, sin embargo su enemigo no poseía un arco. Fue entonces que notó movimientos desde dentro del bosque.
   Uno a uno, soldados del imperio Kaevalery salen de entre los árboles que rodeaban el camino. Todos ellos armados de lanzas, arcos y espadas. Entre ellos se encuentran guerreros de armadura ligera y pesada y algunos magos.
   Contradictorio a sus movimientos relajados y su semblante calmado, Arnus pudo notar un odio profundo hacia él en los ojos de su enemigo.
   —Lamento decirle que este es el fin de su viaje… Majestad...


FIN DEL CAPÍTULO IV


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