miércoles, 5 de junio de 2019

E.T V.1 C.3-1

Capítulo 3: La calma antes de la tormenta
Parte 1


   —Hemos llegado a Balboa. —Arnus presenta la entrada de la ciudad. Una gran compuerta que permite el paso al lugar, el cual está delimitado por un gran muro.
   Han pasado unos cuantos días después de lo ocurrido en el bosque. En el resto de su camino no pareciera haber tenido un mayor percance. Curiosamente, no hubieron monstruos que entorpecieran su viaje, ni se han encontrado con más mercenarios o asesinos. Arnus no podía dejar de sentir que algo andaba mal, al igual que Tina, pero por consideración no tocaron el tema.
   Ya era de noche y la luna llena se podía observar brillando bajo un cielo estrellado.
   La entrada a la ciudad estaba llena de mercaderes y viajeros que hacían una fila para ingresar. Apoyado en un muro, un guardia Kaevalery revisaba las pertenencias de cada uno de ellos, pero cumplía muy mal con su trabajo, puesto que sólo denegaba la entrada a aquellos que poseían artículos explosivos, haciendo caso omiso de quienes llevaban armas, armaduras, esclavos y hasta drogas. Era algo que Arnus no podía comprender.
   Una vez que es su turno, el guardia los recibe con una mirada hostil.
   —Dos demonios y una esclava… ¿Qué asuntos tienen en esta ciudad?
   —Fuimos atacados por bandidos mientras viajábamos. Dejaron a mi acompañante en mal estado y hemos venido a comprar ropa y equipamiento para ella. Como verá, la esclava tiene mejor atuendo —responde el príncipe, con la mayor de las confianzas, puesto que no estaba mintiendo… No del todo al menos.
   El guardia no confía completamente en la historia de Arnus, pero al mirar a Tina, ésta le guiña un ojo, haciendo que se sonroje.
   —Pueden pasar, pero cuidado, no me fío de ustedes los demonios —dice mientras da una mirada de advertencia a los viajeros. Arnus se expresa un semblante serio por un momento, pero luego relaja su rostro.
   —Evitaremos causarles problemas, sin embargo veo a mucha gente entrar, podría meter la pata de algún modo. No estoy enterado de las fechas, ¿hoy es un día importante? —pregunta Arnus, más que nada, para saciar su curiosidad.
   —Ah, sí, tenemos una festividad Serevalery: «El día de la cosecha». Muchos han venido para asistir a los eventos, el día de hoy es la «danza de la lluvia» en la plaza central, habrán algunos juegos y muchos mercaderes. Sería buena idea echar un vistazo, puede que encuentren lo que buscan —responde el guardia, incluyendo lugares en donde podrían encontrarse los artículos que necesitan. Muestra una sonrisa aparentemente amable.
   «“Mientras más rápido tengan su mercancía, más rápido se irán”, gracias por ser tan transparente, orejón. Qué molesto…», piensa Tina, descubriendo lo que se escondía tras sus gestos fácilmente.
   —No creo que estemos mucho tiempo, probablemente para mañana al amanecer ya nos habremos ido —comenta el príncipe.
   «Debo decir que tu pasividad me molesta más…» se queja en su mente.
   Arnus hace una pequeña reverencia y entra con sus compañeras.

***

   Luego de haber dejado a las monturas en un establo y sus pertenencias bajo llave ante un cuidador de confianza, Tina, Arnus y Narea caminan por las calles de la ciudad, buscando una tienda que posea ropas adecuadas para la chica demonio de su grupo.
   —¿Por qué no le diste una lección? Ese tipo se merecía más de una patada en las bolas — Tina expresa su opinión ante la situación ocurrida en la entrada, a lo que Narea reacciona abriendo los ojos por las palabras de la chiquilla.
   —¿B-Bolas?
   —No te precipites, observa a tu alrededor, no somos muy bienvenidos aquí y esta ciudad está llena de enemigos. ¿Quieres probar si soy capaz de luchar contra una ciudad entera mientras te protejo? Porque permíteme decirte que eso es improbable e improductivo —responde el príncipe, ignorando la vergüenza de Narea, quien se está cubriendo la boca luego de haber repetido las palabras de Tina en voz alta tras su asombro.
   «Ah, claro, los Serevalery son los habitantes del reino de Shawn, uno de los reinos pertenecientes a la alianza que invadió su país. Supongo que la gran mayoría de los residentes de la ciudad son enemigos», piensa Tina, recordando las relaciones entre los habitantes de las diferentes naciones del continente.
   Los Serevalery son parte de las especies inteligentes aceptadas en este mundo. Físicamente son muy parecidos a los Kaevalery, quienes poseen orejas alargadas y redondeadas y una tez mayoritariamente blanca. Sin embargo, su mayor diferencia es que los primeros poseen una cornamenta que usualmente tiene bifurcaciones. Muchos de ellos son más tranquilos y menos arrogantes que sus similares. Otra diferencia a recalcar, es que los Kaevalery poseen alta afinidad mágica con el atributo de fuego y de luz, mientras que los Serevalery poseen mayor maestría en magia de tierra y de viento, ambos haciendo honor al significado del nombre de sus respectivas especies «Gente mágica de la luz» y «Gente mágica del bosque».
   Durante la guerra, un país donde sus habitantes eran mayoritariamente Serevalery, el reino de Shawn, participó como un aliado del imperio Kaevalery, obteniendo tierras bajo su control como parte de su botín. La ciudad de Balboa es una de ellas.
   —Debe ser frustrante ver cómo celebran festividades de otras naciones en una ciudad ajena. —Considerando las circunstancias, Tina intenta provocar a Arnus con esas palabras, pero éste no reacciona como esperaba.
   —Mientras su propósito no sea el de dañar a mi gente no le veo lo malo. La diversión es necesaria para el pueblo, incluso si proviene de otro reino —responde el demonio.
   —Tch, qué aburrido eres —se queja la Talavalery, chasqueando la lengua.
   —No intentes provocarme, los Shezenvalery hemos desarrollado cierta tolerancia a las ofensas.
   —¡Entonces toda tu especie es aburrida! —Tina infla sus mejillas mientras refuta las palabras del príncipe.
   Arnus continúa el camino, pero las chicas comienzan a quedarse detrás de él. Quizás haya acelerado el paso para cortar la comunicación antes de que su molestia comenzase a notarse.
   —Señorita Tina, usted no conoce el motivo del odio general a nuestra especie, ¿verdad? —Narea intenta explicar las razones a la Talavalery.
   —¿No es porque su afinidad mágica al atributo oscuridad es alta? —pregunta con curiosidad después de escuchar a su acompañante.
   —No, de ser así, los Shatevalery también serían odiados… —responde Narea, algo nerviosa—. Cuando nosotros, los Shezenvalery, entramos en un estado de furia, nos salen cuernos y nuestra apariencia física general cambia. Esta forma no sólo aumenta nuestro poder ofensivo, sino que también despide un aura que provoca terror a quien la vea. Muchas especies nos temen por eso y hace mucho tiempo atrás no éramos considerados especies inteligentes, sino que meros monstruos que debían ser exterminados.
   —¿Es por eso que no se ven muchos demonios en los otros continentes?
   —Eso y otra cosa más. Debido a estos problemas, para evitar conflictos en el futuro, nos enseñan desde pequeños a contener nuestro enfado.
   —¡Oye, Narea, encontré algo de ropa que podría servirte, ven a ver! —Arnus llama a la chica demonio para que se pruebe un conjunto de ropa, interrumpiendo la conversación.
   Mientras ella se aleja para estudiar los diversos atuendos, Arnus se acerca a Tina, quien se estaba sentando en una banca para descansar.
   —Escuché su conversación. ¿Te interesa saber por qué sólo existe una nación con Shezenvalery como habitantes?
   —Hubo un tiempo en el cual tuve curiosidad por saberlo. Pero ahora no me interesa para na…
   —Hace siglos atrás, el Triunvirato de Meggs, perteneciente a un reino extinto, declaró a mi especie como maligna y peligrosa, provocando una masacre mundial de los Shezenvalery. Este acontecimiento fue llamado «La Gran Purga» y nos obligó a escapar y establecernos en un lugar sin mucha actividad. Ahí crecimos y nos desarrollamos, formamos un país militar que pudiera defenderse del ataque de otras especies, el reino de Urak, nuestro reino —comienza a hablar Arnus con una sonrisa amarga, ignorando a Tina, quien continúa manifestando su desinterés por el tema—. Nadie nos quiere en su nación, por lo que estamos obligados a mantenernos unidos ante la constante discriminación. Tuvimos tiempos de paz, en donde formamos lazos de amistad con ustedes, los Talavalery… —al mencionar a su especie, el príncipe puede notar a la pequeña más interesada—… y con los Feral del reino Fustúa. Pero el odio que nos tienen terminó por iniciar una invasión y ya ves cómo quedamos.
   —Es bastante diferente a mi nación, el reino Argend. Nosotros, los Talavalery, no pertenecemos a un único reino por obligación. Somos un tanto desconfiados y como sabrás, tenemos cierta arrogancia por naturaleza. Nos recluimos voluntariamente en un sólo lugar —comenta Tina, resignada al no poder huir de la conversación. Luego continúa con algo que le había causado curiosidad desde cierto tiempo, ignorando la escena de Narea siendo presionada por un hombre-cerdo a vestir un bikini—. Sin embargo, no sé qué hizo tu especie para lograr una alianza con la mía.
   —Se dice que en el año 1600 de la era de las plantas, el rey Shezenvalery de ese tiempo salvó a una princesa de tu especie. Como muestra de agradecimiento, se formó una alianza entre Urak y Argend. Deberías saber esa historia, ya que se casaron y tuvieron un hijo híbrido, dando lugar al inicio de la era actual.
   —¡Espera un momento! ¿Híbrido? ¿Los demonios y los ángeles son compatibles en procrear? —Incapaz de hacer caso omiso de las últimas palabras de Arnus, Tina exclama con asombro.
   —Sí, creo que le dicen a la mezcla Bratavalery o «demonios alados», es raro verlos, ya que se forman por una pareja algo inusual —responde el heredero al trono, divertido a las expresiones de Tina. Luego cierra sus ojos, recordando las circunstancias de la última persona de esa especie.
   «Además serían perseguidos apenas al nacer…», piensa para sí, con tristeza.
   Arnus observa que Narea tiene problemas con el vendedor, quien insiste en que use un traje, ahora más pequeño que el anterior.
   —Voy a ayudar a Narea, espera un momento.
   Tina queda sola al ver cómo se aleja su compañero.
   —Si no voy ahora, terminarán vendiéndole cualquier cosa —se escucha comentar a Arnus en la lejanía.
   «Hmm, me dejaron sola», piensa Tina, una vez es abandonada en la banca. Vuelve a sentarse, preocupada, con una mano en su boca.
   «Esto es malo, quiere decir que no soy lo suficientemente importante para él aún… ¿Qué podría hacer para ganar puntos sin usar [Encanto]?»
   Tina es consciente de que el hechizo único que podía utilizar no es efectivo contra Arnus. De hecho, genera el efecto opuesto, por lo que necesitaría de otros medios para llamar su atención. Lamentablemente, ella era sólo una niña pequeña, aún en desarrollo. No podría apelar directamente a su cuerpo y él conoce ya suficiente de su personalidad como para no poder fingir otras cosas. Durante sus días de viaje había intentado varios tipos de acercamientos, pero ninguno pareció ser útil. Todavía más, Arnus y Narea parecían estar tensos en medio de una ciudad llena de enemigos. La chica se comportaba más nerviosa de lo usual y Arnus era más conversador de lo que acostumbraba. Tenía dos caminos a tomar, un día de diversión o…
   —¿Y entonces de ese modo lo conquistaste?
   Mientras se encontraba sumida en sus pensamientos, una voz algo aguda se escucha a su derecha, Tina extiende su oreja con interés y observa a dos mujeres conversando. Una es una mujer-pájaro, la otra, una mujer-hipopótamo, muy grande.
   —Sí, me costó mucho, pero finalmente pude conmover su corazón el año pasado en el festival —responde la mujer-hipopótamo a su amiga.
   —Y pensar que un hombre puede enamorarse del baile de una chica como tú, de seguro hay algo más…
   —Oye, lo haces sonar mal, mi baile fue completamente decente y legal, su elegancia fue lo que sumó muchos puntos.
   —¿Tal vez le gustan los temblores?
   —¿Quieres que te aplaste?
   «Fufufu...»
   Tina sonríe malvadamente y abandona su puesto.


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