Parte 5
Narea se acerca corriendo al príncipe.
—¡Su majestad! ¿Está bien? —pregunta tímidamente,
agarrando su falda para evitar temblar, preocupada por la estabilidad del
príncipe.
—Sí, ya estoy bien. Me disculpo por el espectáculo
que les di, no fue nada agradable —responde el Shezenvalery a su compañera,
observando que Kalga y Meg regresan de las profundidades del bosque al haber
sido enviado lejos.
—Ahora… —Arnus se acerca a Tina, extendiendo su
mano. La pequeña se encoje de temor, pero se mantiene en su puesto, esperando
un castigo.
Contradiciendo sus expectativas, el príncipe le
revuelve el cabello.
—¿Nos vamos ya? Queda poco camino a los montes.
—¿Eh? Pero lo que hice… —replica la niña alada con
un rostro confundido.
—¿Hmm?
—Señor, no pensará en llevar a esa traidora, ¿o sí? —pregunta
Kalga, quien no esconde su disgusto ante la amabilidad de su señor.
—Así es. Tina siempre ha estado en este viaje, puede
seguirnos si quiere.
—Pero te traicioné. Los traicioné a todos. Casi hago
que su vida se convierta en un infierno —la simple respuesta del príncipe de
los demonios hace reaccionar nuevamente a Tina, quien extiende sus brazos
intentando hacerle ver su error a Arnus.
—Has sufrido bastante ya como para que te
abandonemos. No fue tu culpa, eras una esclava de Gendo —contesta el
Shezenvalery.
—¡No merezco tu compasión! ¡No merezco nada, Arnus!
¡Incluso si fue una orden, los traicioné!
—Mire majestad, hasta ella lo admite. No puede dejar
que nos acompañe, es peligrosa —continúa Kalga, intentando convencer al
príncipe de dejar a aquella niña, aprovechando que incluso ella misma está en
desacuerdo con la decisión de su señor.
—Ya no es una esclava, Kalga. Ya no tiene motivos
para estar en nuestra contra.
—Ella es una traidora, pudo habernos hablado de
Gendo, incluso si sufriera por desobedecer las órdenes bajo un contrato de
esclavo. No podemos quedarnos cerca de…
—¡¡Kalga Tarbarán!! ¡Yo soy tu rey! ¡Yo sé lo que
ha hecho Tina y he decidido perdonarla! ¡¿Quién eres tú para emitir un juicio
sobre una niña menor que tú, esclavizada toda su vida, quien estaba en frente
del hombre que le hizo tanto daño?! ¡Si Tina aún desea venir con nosotros, yo
se lo permitiré!
Las razones que indica el pequeño bandido sacaron de
quicio al heredero al trono, quien terminó por gritarle a su subordinado.
Kalga se limita a reaccionar un chasquido de lengua
y se mantiene en silencio.
—Arnus, ¿por qué me permites ir contigo a pesar de
lo que he hecho? No lo entiendo —pregunta la pequeña, con lágrimas en sus ojos.
—Te lo prometí, ¿no? Que estaría siempre a tu lado. En
el lugar que sea, bajo la circunstancia que sea.
—Uuuh, pero… pero yo…
Sin poder contenerse más, Tina Lyrium comienza a
perder contra el llanto. Sin ser capaz de evitar los sollozos, la pequeña se
cubre el rostro con sus brazos.
—Has pasado por demasiado ya. Es momento de que
puedas vivir una infancia como se debe. Con alguien que te proteja, sin pasar
hambre ni frío. No será el reino más estable, pero te dejaré vivir como una
princesa si así lo deseas —dice Arnus, mientras seca las lágrimas de la pequeña
con sus propias manos, moviéndolas suavemente—. Descuida, cuando creas que todo
se viene abajo, yo estaré ahí para ti.
—Hic… Pero yo… Yo soy una chica impura… Soy
arrogante, mentirosa, cínica, codiciosa, no soy virgen y no sé callar mi boca.
¿Acaso no me odias?
Intentando contener los espasmos por el llanto, Tina
todavía no comprende completamente el por qué alguien la trataría tan bien.
—¿Cómo podría odiarte? Eres algo molesta a veces,
sí, pero eres una buena chica. Me basta con ver cómo tratas a tus propios súbditos,
oh, reina de los esclavos.
—Abrázame…
—¿Eh? ¿Qué?
—Si no me odias, entonces quiero que me abraces,
como lo hiciste en la prisión. Con cuidado y con cariño, cual padre resguarda a
sus hijos. Quiero sentirme protegida rodeada por tu cuerpo.
—Estoy lleno de sangre, ¿sabes? —murmura Arnus con
un rostro acomplejado. Narea, a su lado, le sonríe al príncipe con emoción.
—¿Por qué no, señor Arnus? Es sólo una niña
pidiendo sentirse protegida —dice la mujer.
—Sí, claro, una niña que quiere ser protegida —murmura
Kalga, alejándose del grupo para ver el estado de los animales de carga que se
desmayaron ante la potente aura de odio emanada por Arnus en su batalla contra
el «héroe».
Arnus abraza a la pequeña Tina, tal como quería, con
el cuidado y el cariño que un padre le daría a una hija.
—¿Así está bien? —pregunta el príncipe, algo
nervioso e intentando ignorar los grititos «¡Kyaaah, kyaaah!» que lanza Narea
cubriendo su boca con las manos.
—No es suficiente… Quiero un beso —responde
finalmente la Talavalery.
—¿Qué? ¿Un beso? ¿Es en serio?
Arnus no puede evitar mostrar su sorpresa por el
repentino pedido de la chica.
—Jajaja, la tiene difícil, su majestad —bromea
Narea, a su lado.
—¿Este era tu plan todo este tiempo? —pregunta el
demonio, desconfiado, soltando a la pequeña, quien sonríe amablemente.
—No, sólo quiero un beso de la persona a quien veo
como mi protector. Nunca he recibido un beso de alguien que me tenga afecto, de
hecho, nadie me ha tratado así antes sin usar [Encanto], ni siquiera mis padres.
—No pienso darte un beso.
Ante la negativa, Tina infla sus mejillas en tono
desaprobatorio y luego se da media vuelta, posando una mano sobre su cabeza
dramáticamente.
—Ya veo. Entonces de verdad me odias. Es más, te
repugno, ¿verdad? Te da asco el besar a una chica como yo.
—No, no es...
—¡Sólo dilo!
Uno podría pensar que la pequeña se encontraba
herida por el rechazo del demonio, pero si se observaba la escena desde otro
ángulo, se podría ver claramente que Tina estaba sonriendo maliciosamente,
jugando con Arnus una vez ella se tranquilizó.
—¡Argh, está bien! —exclama el príncipe, algo
molesto, tomando fuertemente la mano de Tina. Sin que ella realmente se lo
esperara, recibe un beso por parte de su protector en la frente. Ella se
mantiene paralizada ante el repentino acto del que no está acostumbrada.
—¿Con esto te basta? —pregunta Arnus, seriamente.
—S-Sí —responde Tina, sorprendida. Luego se toca la
frente y sonríe alegremente, soltando pequeñas risitas de vez en cuando.
—Tu sonrisa sí que es repugnante —comenta Kalga
desde lejos, lo suficientemente alto y claro como para ser escuchado por la
Talavalery.
—¡¿Ah?! ¡¿Qué dijiste mocoso?! —responde Tina ante
la provocación.
—¡Aquí tú eres la mocosa!
—¡Deberías convertirte en fruta, a ver si así
maduras!
—¡¡¿Ah?!!
—Niños, niños, no peleen —Arnus se coloca en medio
de los pequeños que estaban a punto de comenzar a golpearse.
«Uf… ¿Qué voy a hacer con ustedes?»
El príncipe sonríe levemente mientras observa a Tina
y a Kalga alejarse y refunfuñar. Narea se le acerca con cierta preocupación en
su rostro.
—Está… ¿Está bien de verdad? —pregunta la
Shezenvalery.
—Sí, ya estoy mejor.
—La tensión que generó la pelea no pudo irse tan
rápido…
Arnus se mantiene en silencio, sin responder a la afirmación
de la chica.
—Señor, quiero que me diga una cosa. ¿Usted sabía
que sobreviviría al ataque de Gendo?
El príncipe mira a la mujer apresuradamente, con los
ojos bien abiertos, luego desvía su atención y duda por unos instantes si
contestar aquella pregunta o no. Luego de pensarlo un rato, da su respuesta.
—Sí, lo sabía…
Narea le escucha y por un momento se relaja. Pero
luego nota algo extraño en el príncipe y su rostro se deforma por la ira.
Paf.
Una gran bofetada resuena en el lugar. Arnus, impresionado
y adolorido se queda mirando con sorpresa a su compañera.
—¿Q…?
—Eso fue por dos cosas, ¿sabe cuáles son? —comenta
Narea. El príncipe se mantiene en silencio, algo confuso, por lo que continúa—.
Una fue por mentirme hace un momento.
Arnus abre los ojos, entendiendo el significado de
sus palabras. Precisamente, acababa de mentirle a su compañera. La verdad era
que él no sabía que sobreviviría a un ataque de ese tipo, de hecho estaba
seguro que moriría si su cerebro recibía un daño severo.
—La otra fue por perder sus deseos de vivir y abandonarnos
frente a ese depravado.
Como dijo la Shezenvalery, se había resignado a
perder la batalla. No se preguntó los motivos de su supervivencia en esos
momentos, pero realmente era algo que no comprendía. Sólo sabía que luego de
escuchar los planes para su especie no pudo permitirse el morir,
arrepintiéndose de su decisión anterior. Él quería continuar viviendo, para
proteger a los suyos y enmendar sus errores. Y así como así, volvió a la vida.
—Narea, yo…
—No quiero sus excusas, señor Arnus.
—Lo siento.
—Que no se vuelva a repetir. Le necesitamos a usted
para recuperar lo que es nuestro, no lo olvide.
—No lo haré…
Narea da un suspiro, perdiendo su mirada desafiante.
—Gracias por salvarnos al final… Y no morir… —murmura,
con un ligero tono de tristeza en los ojos, probablemente por haber sido dejada
a su suerte junto con los demás por un instante—. Iré a ver cómo está la
señorita Tina.
La demonio se da media vuelta y se dirige a la
posición en donde se encuentra la pequeña Talavalery. Sin embargo, a medio
camino se detiene en seco y afirmándose la cabeza, se arrodilla en el suelo.
Arnus se le acerca con curiosidad y escucha
murmullos de parte de la mujer.
—¡Waaah, golpeé al señor Arnus! ¡Golpeé al rey! ¡Me
acabo de percatar! ¡¿Qué voy a hacer?! ¡Eso me da la pena de muerte! ¡Cuando
esto termine, me van a decapitar, ¿no?! ¡Mi vida terminó!
—Pfft… ¡Jajaja! —Arnus no puede contener la risa
ante las preocupaciones de la Shezenvalery, quien nota la burla de su señor y
se ruboriza de vergüenza.
—¡No se burle de mí, señor Arnus! ¡Realmente estoy
preocupada! —replica la chica, inflando sus mejillas, con lagrimillas en los
ojos.
—Jejeje, lo siento lo siento —se disculpa el príncipe,
entre risas.
«Tú realmente eres lo que necesito.»
Luego de ser regañado por Tina por burlarse de
Narea, Arnus y su grupo continúan su camino.
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