sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.5-5

Capítulo 5: El terror a una bestia
Parte 5


   Narea se acerca corriendo al príncipe.
   —¡Su majestad! ¿Está bien? —pregunta tímidamente, agarrando su falda para evitar temblar, preocupada por la estabilidad del príncipe.
   —Sí, ya estoy bien. Me disculpo por el espectáculo que les di, no fue nada agradable —responde el Shezenvalery a su compañera, observando que Kalga y Meg regresan de las profundidades del bosque al haber sido enviado lejos.
   —Ahora… —Arnus se acerca a Tina, extendiendo su mano. La pequeña se encoje de temor, pero se mantiene en su puesto, esperando un castigo.
   Contradiciendo sus expectativas, el príncipe le revuelve el cabello.
   —¿Nos vamos ya? Queda poco camino a los montes.
   —¿Eh? Pero lo que hice… —replica la niña alada con un rostro confundido.
   —¿Hmm?
   —Señor, no pensará en llevar a esa traidora, ¿o sí? —pregunta Kalga, quien no esconde su disgusto ante la amabilidad de su señor.
   —Así es. Tina siempre ha estado en este viaje, puede seguirnos si quiere.
   —Pero te traicioné. Los traicioné a todos. Casi hago que su vida se convierta en un infierno —la simple respuesta del príncipe de los demonios hace reaccionar nuevamente a Tina, quien extiende sus brazos intentando hacerle ver su error a Arnus.
   —Has sufrido bastante ya como para que te abandonemos. No fue tu culpa, eras una esclava de Gendo —contesta el Shezenvalery.
   —¡No merezco tu compasión! ¡No merezco nada, Arnus! ¡Incluso si fue una orden, los traicioné!
   —Mire majestad, hasta ella lo admite. No puede dejar que nos acompañe, es peligrosa —continúa Kalga, intentando convencer al príncipe de dejar a aquella niña, aprovechando que incluso ella misma está en desacuerdo con la decisión de su señor.
   —Ya no es una esclava, Kalga. Ya no tiene motivos para estar en nuestra contra.
   —Ella es una traidora, pudo habernos hablado de Gendo, incluso si sufriera por desobedecer las órdenes bajo un contrato de esclavo. No podemos quedarnos cerca de…
   —¡¡Kalga Tarbarán!! ¡Yo soy tu rey! ¡Yo sé lo que ha hecho Tina y he decidido perdonarla! ¡¿Quién eres tú para emitir un juicio sobre una niña menor que tú, esclavizada toda su vida, quien estaba en frente del hombre que le hizo tanto daño?! ¡Si Tina aún desea venir con nosotros, yo se lo permitiré!
   Las razones que indica el pequeño bandido sacaron de quicio al heredero al trono, quien terminó por gritarle a su subordinado.
   Kalga se limita a reaccionar un chasquido de lengua y se mantiene en silencio.
   —Arnus, ¿por qué me permites ir contigo a pesar de lo que he hecho? No lo entiendo —pregunta la pequeña, con lágrimas en sus ojos.
   —Te lo prometí, ¿no? Que estaría siempre a tu lado. En el lugar que sea, bajo la circunstancia que sea.
   —Uuuh, pero… pero yo…
   Sin poder contenerse más, Tina Lyrium comienza a perder contra el llanto. Sin ser capaz de evitar los sollozos, la pequeña se cubre el rostro con sus brazos.
   —Has pasado por demasiado ya. Es momento de que puedas vivir una infancia como se debe. Con alguien que te proteja, sin pasar hambre ni frío. No será el reino más estable, pero te dejaré vivir como una princesa si así lo deseas —dice Arnus, mientras seca las lágrimas de la pequeña con sus propias manos, moviéndolas suavemente—. Descuida, cuando creas que todo se viene abajo, yo estaré ahí para ti.
   —Hic… Pero yo… Yo soy una chica impura… Soy arrogante, mentirosa, cínica, codiciosa, no soy virgen y no sé callar mi boca. ¿Acaso no me odias?
   Intentando contener los espasmos por el llanto, Tina todavía no comprende completamente el por qué alguien la trataría tan bien.
   —¿Cómo podría odiarte? Eres algo molesta a veces, sí, pero eres una buena chica. Me basta con ver cómo tratas a tus propios súbditos, oh, reina de los esclavos.
   —Abrázame…
   —¿Eh? ¿Qué?
   —Si no me odias, entonces quiero que me abraces, como lo hiciste en la prisión. Con cuidado y con cariño, cual padre resguarda a sus hijos. Quiero sentirme protegida rodeada por tu cuerpo.
   —Estoy lleno de sangre, ¿sabes? —murmura Arnus con un rostro acomplejado. Narea, a su lado, le sonríe al príncipe con emoción.
   —¿Por qué no, señor Arnus? Es sólo una niña pidiendo sentirse protegida —dice la mujer.
   —Sí, claro, una niña que quiere ser protegida —murmura Kalga, alejándose del grupo para ver el estado de los animales de carga que se desmayaron ante la potente aura de odio emanada por Arnus en su batalla contra el «héroe».
   Arnus abraza a la pequeña Tina, tal como quería, con el cuidado y el cariño que un padre le daría a una hija.
   —¿Así está bien? —pregunta el príncipe, algo nervioso e intentando ignorar los grititos «¡Kyaaah, kyaaah!» que lanza Narea cubriendo su boca con las manos.
   —No es suficiente… Quiero un beso —responde finalmente la Talavalery.
   —¿Qué? ¿Un beso? ¿Es en serio?
   Arnus no puede evitar mostrar su sorpresa por el repentino pedido de la chica.
   —Jajaja, la tiene difícil, su majestad —bromea Narea, a su lado.
   —¿Este era tu plan todo este tiempo? —pregunta el demonio, desconfiado, soltando a la pequeña, quien sonríe amablemente.
   —No, sólo quiero un beso de la persona a quien veo como mi protector. Nunca he recibido un beso de alguien que me tenga afecto, de hecho, nadie me ha tratado así antes sin usar [Encanto], ni siquiera mis padres.
   —No pienso darte un beso.
   Ante la negativa, Tina infla sus mejillas en tono desaprobatorio y luego se da media vuelta, posando una mano sobre su cabeza dramáticamente.
   —Ya veo. Entonces de verdad me odias. Es más, te repugno, ¿verdad? Te da asco el besar a una chica como yo.
   —No, no es...
   —¡Sólo dilo!
   Uno podría pensar que la pequeña se encontraba herida por el rechazo del demonio, pero si se observaba la escena desde otro ángulo, se podría ver claramente que Tina estaba sonriendo maliciosamente, jugando con Arnus una vez ella se tranquilizó.
   —¡Argh, está bien! —exclama el príncipe, algo molesto, tomando fuertemente la mano de Tina. Sin que ella realmente se lo esperara, recibe un beso por parte de su protector en la frente. Ella se mantiene paralizada ante el repentino acto del que no está acostumbrada.
   —¿Con esto te basta? —pregunta Arnus, seriamente.
   —S-Sí —responde Tina, sorprendida. Luego se toca la frente y sonríe alegremente, soltando pequeñas risitas de vez en cuando.
   —Tu sonrisa sí que es repugnante —comenta Kalga desde lejos, lo suficientemente alto y claro como para ser escuchado por la Talavalery.
   —¡¿Ah?! ¡¿Qué dijiste mocoso?! —responde Tina ante la provocación.
   —¡Aquí tú eres la mocosa!
   —¡Deberías convertirte en fruta, a ver si así maduras!
   —¡¡¿Ah?!!
   —Niños, niños, no peleen —Arnus se coloca en medio de los pequeños que estaban a punto de comenzar a golpearse.
   «Uf… ¿Qué voy a hacer con ustedes?»
   El príncipe sonríe levemente mientras observa a Tina y a Kalga alejarse y refunfuñar. Narea se le acerca con cierta preocupación en su rostro.
   —Está… ¿Está bien de verdad? —pregunta la Shezenvalery.
   —Sí, ya estoy mejor.
   —La tensión que generó la pelea no pudo irse tan rápido…
   Arnus se mantiene en silencio, sin responder a la afirmación de la chica.
   —Señor, quiero que me diga una cosa. ¿Usted sabía que sobreviviría al ataque de Gendo?
   El príncipe mira a la mujer apresuradamente, con los ojos bien abiertos, luego desvía su atención y duda por unos instantes si contestar aquella pregunta o no. Luego de pensarlo un rato, da su respuesta.
   —Sí, lo sabía…
   Narea le escucha y por un momento se relaja. Pero luego nota algo extraño en el príncipe y su rostro se deforma por la ira.
   Paf.
   Una gran bofetada resuena en el lugar. Arnus, impresionado y adolorido se queda mirando con sorpresa a su compañera.
   —¿Q…?
   —Eso fue por dos cosas, ¿sabe cuáles son? —comenta Narea. El príncipe se mantiene en silencio, algo confuso, por lo que continúa—. Una fue por mentirme hace un momento.
   Arnus abre los ojos, entendiendo el significado de sus palabras. Precisamente, acababa de mentirle a su compañera. La verdad era que él no sabía que sobreviviría a un ataque de ese tipo, de hecho estaba seguro que moriría si su cerebro recibía un daño severo.
   —La otra fue por perder sus deseos de vivir y abandonarnos frente a ese depravado.
   Como dijo la Shezenvalery, se había resignado a perder la batalla. No se preguntó los motivos de su supervivencia en esos momentos, pero realmente era algo que no comprendía. Sólo sabía que luego de escuchar los planes para su especie no pudo permitirse el morir, arrepintiéndose de su decisión anterior. Él quería continuar viviendo, para proteger a los suyos y enmendar sus errores. Y así como así, volvió a la vida.
   —Narea, yo…
   —No quiero sus excusas, señor Arnus.
   —Lo siento.
   —Que no se vuelva a repetir. Le necesitamos a usted para recuperar lo que es nuestro, no lo olvide.
   —No lo haré…
   Narea da un suspiro, perdiendo su mirada desafiante.
   —Gracias por salvarnos al final… Y no morir… —murmura, con un ligero tono de tristeza en los ojos, probablemente por haber sido dejada a su suerte junto con los demás por un instante—. Iré a ver cómo está la señorita Tina.
   La demonio se da media vuelta y se dirige a la posición en donde se encuentra la pequeña Talavalery. Sin embargo, a medio camino se detiene en seco y afirmándose la cabeza, se arrodilla en el suelo.
   Arnus se le acerca con curiosidad y escucha murmullos de parte de la mujer.
   —¡Waaah, golpeé al señor Arnus! ¡Golpeé al rey! ¡Me acabo de percatar! ¡¿Qué voy a hacer?! ¡Eso me da la pena de muerte! ¡Cuando esto termine, me van a decapitar, ¿no?! ¡Mi vida terminó!
   —Pfft… ¡Jajaja! —Arnus no puede contener la risa ante las preocupaciones de la Shezenvalery, quien nota la burla de su señor y se ruboriza de vergüenza.
   —¡No se burle de mí, señor Arnus! ¡Realmente estoy preocupada! —replica la chica, inflando sus mejillas, con lagrimillas en los ojos.
   —Jejeje, lo siento lo siento —se disculpa el príncipe, entre risas.
   «Tú realmente eres lo que necesito.»
   Luego de ser regañado por Tina por burlarse de Narea, Arnus y su grupo continúan su camino.



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