Parte 4
Observando la ciudad a la distancia, sobre un gran
muro, un chico y una chica planean su venganza mientras conversan.
—Esos malditos, celebrando un festival en un reino
ajeno… —dice la chica, pequeña para la edad que representa. Su cabello blanco y
ondulado se mece con la brisa del viento nocturno. Lleva una armadura ligera
esmeralda, característica del mineral llamado Vydus.
—Esto es una burla, no lo puedo soportar más… —comenta
el chico, de facciones similares a su acompañante. Viste el mismo peto que la
armadura de Arnus, pero con brazaletes y botas diferentes, las cuales no
combinan por completo, brindándole un extraño toque.
Ambos son los líderes bandidos que Tina y compañía
se habían encontrado en el bosque. Ingresaron sigilosamente a la ciudad de
Balboa, evadiendo a los centinelas, siguiendo al príncipe que les humilló
frente a sus subordinados.
—Vamos, hermano, tenemos que terminar con la
tranquilidad de su majestad y sus acompañantes, ¿Tienes los explosivos?
—Por supuesto —responde el demonio, agitando un saco
cuyo contenido son piedras mágicas explosivas—. Supongo que ya están durmiendo,
los vi meterse en una posada hace un tiempo atrás. Veamos la reacción que
tendrán frente al caos que vamos a ocasionar. —El líder bandido ríe
maliciosamente, enseñando sus afilados dientes—. Prepárense, príncipe Arnus y
su esclava, Tina…
—Oh, ¿conocen a Tinita? —Una voz desconocida se
escucha cerca de ellos entre las sombras de la noche, alarmando a los hermanos.
—¡¿Y tú quién eres?! ¡Largo de aquí si no quieres
salir heri…! —Antes de terminar la frase, una mano agarra al chico de la
cabeza, presionándola con fuerza y levantándolo del suelo.
—No tienes modales, así no se le habla a un héroe,
enano… —comenta el origen de la voz. Un hombre Kaevalery alto y vestido de una
lujosa armadura completa. Su curioso peinado se divide en dos colores, rojo y
amarillo. Presenta una barba pequeña en el mentón y ciertas arrugas en su
rostro que denotan su condición de adultez madura.
—¡Hermano! —grita la chica intentando liberarlo,
pero se mantiene petrificada en la misma posición.
«¿No me puedo mover?»
—No, no, no, ninguno de ustedes tiene derecho a
moverse ante mi presencia, especialmente tú, pequeñita —dice el Kaevalery
observando a la niña que sólo es capaz de mover sus ojos, percatándose de una
pequeña inscripción bajo sus pies, un hechizo restrictivo—. Descuida, me encargo
de este enano y te daré mi atención especial por el resto de la noche.
El rostro lascivo del desconocido y sus ojos
enloquecidos asustan a la chica.
—¡No te atrevas a ver con esos ojos a mi hermana,
pervertido! —grita su hermano al mismo tiempo que cuernos salen de su cabeza.
—Tú guarda silencio, estúpido niño.
El chico es golpeado fuertemente en el estómago con
los guanteletes metálicos de su oponente. El impacto le hace perder el
equilibrio y cae al suelo, encogiéndose de dolor.
—Ya no eres
libre, ya no tienes posesiones, tu vida le pertenece al mejor postor. Harás lo
que te diga, obedecerás cada orden gustosamente. Ahora tu vida está ligada a
este contrato, no puedes escapar de él hasta que un «cliente» te libere.
Cualquier acto de desobediencia u ofensa será castigado con el peor de los
dolores. Cualquier daño a tu dueño causado por ti se pagará con la muerte.
Bienvenido al mundo de los encadenados… —comienza a recitar el hombre
desconocido. Una serie de círculos mágicos se disponen alrededor del chico,
quien está confundido por el dolor, logrando percatarse de una única cosa: un
pergamino de papel que se está formando poco a poco en frente de él, en su
encabezado está escrita la palabra «Contrato»—. [Esclavitud].
Terminado el conjuro, cadenas y collares se instalan
en el cuello y brazos del bandido. Así, tan fácil como recitar unas palabras,
había perdido la libertad. Este tipo de hechizos no suelen conocerse
públicamente y por lo general es necesario un gran grupo de conjuradores para
lograrlo con éxito. El enemigo desconocido el cual enfrentaban no es una
persona común.
—¡No! ¡Hermano! —grita su compañera tristemente.
—Tsk, mierda… —El bandido esclavizado chasquea su
lengua, enfadado y preocupado. Sus movimientos todavía no han sido
restringidos, por lo que apuntando a su hermana con su mano derecha comienza a
recitar un conjuro—. Elimina la fuente de
poder de las palabras escritas en las superficies, desactiva aquellas trampas
que amenazan a mis aliados: [Rompedor de inscripción].
El hechizo lanzado deshace la inscripción mágica que
restringía a su hermana, quedando libre para moverse.
—Oh, es raro ver hechizos de antimagia. ¿Quién te
enseñó eso? —comenta con curiosidad el Kaevalery.
—¡No te diré nada a ti! ¡Huye Megala! ¡No dejes que
este maldito te atra…! —Sin poder finalizar su frase, un enorme dolor recorre
el interior del cuerpo del chico. Un grito sale de su boca y se encoge
nuevamente en el suelo. Sangre sale de sus ojos y boca mientras convulsiona.
—¡Kalga! —grita su hermana con desesperación.
El chico, Kalga, intenta colocarse de pie sin éxito,
arrodillándose frente a su oponente.
—¿No escuchaste el conjuro? La desobediencia tiene
su castigo —comenta de forma desinteresada el Kaevalery.
—¿Qué haces todavía aquí, Meg? —pregunta seriamente
el líder bandido, observando intensamente a su compañera.
—Y-Yo… —balbucea su hermana, Megala, dudando por un
momento.
—¡¡No seas estúpida!! ¡¡Huye ahora antes de que…!! —exclama
en un último intento de rebeldía, pero al igual que antes, termina gritando de
dolor sin lograr terminar su frase.
—Hay quienes no aprenden… —dice el desconocido,
encogiéndose de hombros—. Ahora, tú sigues preciosa. Ya no eres libre, ya no tienes posesiones…
La niña escapa rápidamente con lágrimas en sus ojos
al escuchar el inicio del conjuro de su enemigo. Asustada, aterrorizada y llena
de remordimientos, deja a su hermano atrás con el fin de pedir ayuda.
—Jo, al final abandonó a su hermano —ríe
silenciosamente el Kaevalery—. Ahora, ¿qué vamos a hacer contigo? ¿Lo quiere
usted, señor capitán? Se lo regalo.
El chico mueve sus ojos en dirección a quien su
oponente habla: otro Kaevalery, con ligeras cicatrices en su rostro y la nariz
un tanto desviada, haciendo notar que recibió un duro golpe en su cara. Aquel
que fue agredido por Arnus en una taberna días atrás cuando se disponía a capturar
a Tina.
—Gracias por la oferta, pero voy a tener que
rechazarla. Lo enviaremos a prisión, luego hablaremos con él —contesta con
respeto a la oferta de su compatriota—. Seguiremos a la chica, ¿nos acompaña, «Héroe
del impedimento»?
—No en este momento, si el demonio resulta ser quien
se dice que es, esta ciudad sufrirá muchos daños y no queremos eso, ¿verdad? —dice
el llamado «héroe» mientras rasca su larga oreja—. El reino de Shawn nos daría
muchos problemas si causamos revuelo en una ciudad repleta de su gente.
—Es como dice, señor…
—Siga a la niña. Si encuentra al objetivo intente
capturarlo, pero si es muy difícil simplemente vuelva a avisarme.
—Como ordene…
El «héroe» Kaevalery mira la lejanía, una pequeña
niña demonio corre entre los tejados. Sonríe ante la situación.
—Tengo a la mejor pieza para sacarlos de aquí
sin que siquiera se percaten que caerán en una trampa —murmura finalmente.
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