sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.6-2

Capítulo 6: Rugeivyr
Parte 2


   —Permítanme presentarlos. Este dragón es Rugeivyr —comenta Arnus, con una de sus manos indicando a la majestuosa bestia que se halla sentada en frente de su grupo de subordinados—. Rugeivyr, estas personas son, ordenadas de menor a mayor edad, Tina, Megala, Kalga, y Narea. Espero que se lleven bien —termina de decir, indicando ahora a una niña Talavalery nerviosa, a una pequeña chica Shezenvalery entrando en pánico, a un niño, que pareciera ser el hermano de la chica anteriormente mencionada, asombrado y a una mujer demonio sonriendo con un rostro acomplejado.
   —¡¿Esta era la persona que habitaba este lugar?! ¡¿Esta bestia mágica?!
   —Nunca dije que era una persona, Tina…
   Arnus, no me digáis que vuestra nobleza ha sido mancillada por estos vulgares seres inferiores —pregunta el Drogury con un tono que denota cierta molestia.
   —Rugeivyr, te dije que dejaras ese mal hábito menospreciar a todas las especies no dracónicas —regaña su compañero.
   Los dragones suelen ser bestias orgullosas de su linaje y en general se sienten superiores a otras especies inteligentes. Sin embargo eso no era motivo para insultar a los demás, siendo este comportamiento muy mal visto por el monarca, quien le muestra su insatisfacción con una mirada seria.
   —Arnus, creo que nos debes una explicación —exige la pequeña Talavalery luego de observar la interacción entre esos dos.
   He estado preguntándome desde hace unos momentos: Arnus, ¿qué tipo de relación lleváis con la mosca Talavalery que os muestra un trato tan cercano? ¿No erais de la realeza?
   —¿Tipo de relación? ¿Protector y protegida?
   —¡¿M-Mosca?!
   Antes de que Arnus pudiera decir algo más, la chiquilla alada salta en frente del monstruo con el rostro enrojecido, sorprendiendo a la bestia.
   —¡Ya verás dragón de pacotilla! ¡Que sepas que estás hablando con Tina Lyrium, reina de los esclavos y diosa de la magia! —exclama la pequeña.
   ¿Reina de los esclavos? Los seres inferiores se autoimponen títulos de lo más curiosos juajuajua  —divertido, Rugeivyr suelta una risotada ante la declaración del minúsculo ser en frente de él, sin notar que infla sus mejillas en señal de disgusto—. ¿Y qué es eso de «Diosa de la magia»?
   —Bueno, su actuar es como la de una regente cuyo pueblo son los esclavos, cuando la veas en acción probablemente pienses lo mismo —comienza a explicar Arnus—. Sobre lo de «Diosa de la magia»… Creo que se lo autoimpuso cuando le dije que nadie más puede conjurar hechizos sin el uso del aton.
   ¿Sin usar la verbalización? Chiquilla, ¿eres una bru…?
   —¡Agh, no desvíes el tema y explícanos qué sucede de una buena vez! —interrumpe la pequeña la conversación, enfadada por el repentino cambio de tema e ignorando su anterior pregunta.
   —Bueno, ¿Recuerdan que dije que mi padre me envió en una misión a los montes? Ésta consistía en asesinar al dragón que amenazaba la paz del reino. La batalla duró doscientos años aproximadamente. Yo salí victorioso, pero debido a ciertas circunstancias, decidí perdonarle la vida y a cambio él me daría su cooperación para proteger mi reino.
   Ante la explicación del demonio, el grupo completo se mantiene en un silencio incómodo por unos segundos.
   —¿Eso es todo? —preguntan los subordinados del príncipe, sin saber qué responder ante el rápido y desinteresado resumen que les dio.
   —¿Hmm? Sí, eso es todo.
   Era una pregunta que todos se hacían y que esperaban escuchar en algún momento. El gran motivo por el cual el príncipe apodado como «La bestia» había desaparecido repentinamente. Su respuesta fue totalmente anticlimática y la mayoría de ellos se sintió decepcionada de haber tenido expectativas tan altas de escuchar tal historia.
   Eh, no lo digáis como si fuese algo tan simple. Generasteis un gran trauma en mi persona —comenta Rugeivyr, iluminando nuevamente las esperanzas del grupo—.  ¿Podéis imaginaros? Cierto día un desconocido se presenta ante mí como el príncipe del reino en el cual estaba residiendo, exigiendo mi muerte. El poder que emitía era demasiado grande y supe de inmediato que sería un oponente problemático, así que generé un espacio distorsionado en el que él no recibiría provisión alguna y envejecería sin notar el paso del tiempo, esperando así su muerte por inanición. Sin embargo, este monstruo, cortó un pedazo de mi cola… ¡Y se la comió! ¡Y Así continuó cada vez que sentía hambre! ¡Usó mi propio cuerpo como su alimento y bebió de mi sangre en reemplazo del agua!
   Las últimas palabras del dragón dejaron perplejos a los subordinados del príncipe. No podían imaginarse una situación en la cual alguien se atrevería a comerse a un dragón durante la batalla. Es más, ni siquiera luego de haberlo matado uno osaría a degustar la carne de un ser con tanto poder. En parte, esto era por la posibilidad de ser envenenado por los componentes de su cuerpo y por otra parte, existía el temor de que otros dragones llegaran a atacar al devorador como represalia por profanar el cuerpo sagrado de uno de sus compañeros. Después de todo, Drogury significaba «Nobles» en el idioma del mundo.
   Después de varios años luchando, la contienda dejó de ser una batalla entre un héroe y un dragón y comenzó a ser una persecución entre un cazador y su presa. Nunca antes me habían humillado de tal manera y fue entonces cuando aprendí que siempre existirá un monstruo más fuerte de lo que puedas manejar en el mundo.
   Un silencio incómodo se hace notar una vez la gran bestia termina de contar su versión de los hechos.
   —Arnus, ¿te estabas comiendo al dragón? —comenta Tina, tratando de romper el hielo con una pregunta cuya respuesta ya es conocida.
   —Tenía hambre y era eso o comerme a mí mismo.
   La incomodidad aumenta nuevamente y todos se mantienen callados, mirándose los unos a los otros.
   —Bueno, eso es nuevo… —continúa nuevamente la chiquilla—. No comes Talavalery, ¿verdad?
   Como si fuese una broma, la niña pregunta mientras se rasca el rostro con su dedo índice y desvía la mirada.
   —¡¿Por qué clase de monstruo me tomas?! —refuta el príncipe.
   Kalga, quien estaba sumido en sus pensamientos al lado de la pequeña Talavalery, de pronto abre sus ojos como si hubiese comprendido algo.
   No lo sé Arnus, la carne de esa niña se ve tierna y sabrosa. Si queréis le doy una probada y os digo si está buena.
   Un sudor frío recorre la espalda de Tina luego de escuchar el comentario del dragón. Luego de unos segundos retrocede lentamente, alejándose de la bestia.
   —No bromees con esas cosas —regaña Arnus.
   Sin embargo Rugeivyr ladea su cabeza en señal de duda.
   No estoy bromeando…
   —¿Es por eso que pudiste sobrevivir contra Gendo? —pregunta repentinamente Kalga, sin prestar atención a la anterior conversación.
   ¿Hmm? ¿Ocurrió algo?
   —No, nada en especial.
   Rugeivyr no esconde su curiosidad al escuchar al chiquillo y se dirige al príncipe tratando de que le explique la situación. Sin embargo Arnus desconoce los hechos y observando atentamente a Kalga y al resto, hace un gesto con la mano, pidiendo el silencio.
   «No le digan nada sobre lo sucedido», pareciera indicar.
   Los demás obedecen, sin comprender bien los motivos de la orden. Quizás el heredero al trono y la bestia que habita los montes Graken no estaban completamente en buenos términos como para no ocultarse secretos.
   Bueno, ya me habéis presentado a vuestros súbditos. ¿Cuál es el motivo de vuestra pronta visita? Pensé que hablaríais con vuestro padre sobre el pacto que tuvimos —pregunta el Drogury, cambiando de tema.
   —Las cosas han cambiado. Durante los doscientos años que estuvimos luchando, el reino fue conquistado por el imperio Kaevalery.
   ¿Esos orejas largas adictos a la luz os vencieron?
   —Con mi padre muerto y mi gente esclavizada o perseguida mis planes han cambiado. Necesitaré tu ayuda, haré uso inmediato de nuestro acuerdo.
   Muy bien. ¿Qué necesitáis de mí?
   Los acompañantes del príncipe estaban expectantes ante el uso que le daría a tamaña bestia. Un gran dragón que era equivalente a un ejército de cien mil soldados. Si lo usase para invadir el imperio probablemente no quedarían restos de esa nación…
   —Transporte.
   …Sin embargo, Arnus se destacaba por ser anticlimático.
   —¡¿Transporte?! ¡¿Eso necesitas de este dragón?! —pregunta Kalga, impresionado de la decisión de su señor.
   —Los dragones son criaturas muy veloces, si a eso se le agrega que no existirán obstáculos en el camino al volar, son la mejor opción para el despliegue rápido de tropas. También sirven como arma de combate aéreo.
   Las tácticas usadas en la guerra por los Shezenvalery no fueron suficientes como para evitar la dominación. Ellos son una especie considerada como fuerte, pero no invencible. Si una fuerza mayor atacara necesitarían de refuerzos, pero si su enemigo lograse cortar sus rutas de despliegue, entonces la derrota sería inminente. Un dragón de ese tamaño sería capaz de movilizar escuadrones de refuerzo completos rápidamente y también puede ser considerado como una poderosa defensa. Ese era el pensamiento del heredero al trono.
   Ya veo, supongo que no podré descansar por un buen tiempo. ¿Cuál es el plan?
   —Primero iremos al fuerte Kaskarya. Escuché que mi hermana fue vendida a un hombre cuya ubicación es ese lugar.
   Megala, quien se había mantenido en silencio debido al pánico de ver a un dragón de ese tamaño al frente de ella, reacciona ante tales palabras, alegrándose.
   —¡¿Va a rescatar a la princesa?!
   —Por supuesto, somos familia aunque no nos conozcamos. Invadiremos el lugar, pero evitaremos muertes innecesarias, si inicia una batalla podrían escapar con ella y perdería su rastro. Yo me encargaré del «héroe» en el fuerte. Una vez la rescatemos, nos dirigiremos al castillo de Waltegya, hay algo ahí que necesitaré para la guerra que comenzaré.
   Suena divertido, os echaré una mano.
   Luego de comentar resumidamente su plan de acción, el príncipe baja su mirada en ademán pensativo. Si uno se enfocara en su semblante notaría que se encuentra algo triste. Pero antes de que cualquiera pudiese decir algo al respecto, él se dirige a los demás.
   —El camino de ahora en adelante los pondrá en peligro constante, tienen el derecho de proteger sus vidas, no me enfadaré si deciden dejar de seguirme.
   El grupo completo abre sus ojos después de recibir la advertencia del demonio. Ciertamente era algo que ellos tenían que tomar en cuenta. Su misión no era un juego, era una declaración de guerra inminente. Ellos podrían perder la vida fácilmente sin siquiera ver cumplida la meta. El príncipe temía que luego se arrepintieran y lo culparan del camino en el que los había llevado.
   —¿De qué hablas Arnus? Piensas desatar una guerra, estaré mucho más segura a tu lado que vagando sola por el reino. Además, si tu hermana es una esclava, es mi deber ayudarla —responde Tina con una sonrisa amable.
   —Yo también deseo acompañarle, señor —responde Narea, mirando nerviosamente al monarca.
   Arnus no comprendía del todo las motivaciones de ambas chicas. ¿Era admiración? ¿Era amor? Sólo esas dos posibilidades cabían en su cabeza. Sin embargo él no había hecho nada realmente admirable todavía y la forma en que ellas lo trataban no coincidía precisamente en lo que él llamaría amor.
   —Nosotros te acompañaremos con una condición.
   —¿Hmm? ¿Cuál sería esa?
   —Que cuando inicies la guerra nos des nuestro propio ejército como generales.
   Je, los jóvenes de hoy en día sí que son ambiciosos para ser meros enanos.
   Kalga y Megala tenían una mente más comprensible para el monarca. Era todo más fácil cuando la situación era de «dar y recibir».
   —Estoy de acuerdo siempre y cuando me permitan dejarles tutores especializados. Ustedes no tienen la experiencia requerida —propone Arnus con los brazos cruzados y un rostro que dice «Yo también tengo mis condiciones».
   —Tsk, supongo que tendremos que aceptar eso… —comentan, chasqueando su lengua.
   Era una trampa. El viejo demonio no permitiría que dos chiquillos tan jóvenes e inexpertos controlen a sus tropas, en parte por el peligro que aquello representaba para ellos y por otra parte porque escaseaba de personal, los demonios libres que podrían combatir en la nueva guerra serían muy pocos como para desperdiciarse en ejercicios para nuevos generales. Frente a aquella situación, lo mejor sería dejarlos en manos de personas más capacitadas y engañarlos haciéndoles creer que tenían todo bajo su control.
   —Entonces, ya que todos están de acuerdo, partiremos hacia el fuerte Kaskarya —dice el príncipe luego de un aplauso, enfocando la atención de sus subordinados en él y no en sus pensamientos, que podrían llevarles a notar la estafa—. Pero antes de eso, debemos prepararnos mejor. Este tesoro tiene gran variedad de objetos útiles, puede que encuentren mejores armas y armaduras de las que suelen usar. Yo también me cambiaré de vestuario, que tengo un agujero en el estómago. Usen lo que más les sirva.
   Dicho esto, Arnus se aleja de los demás y comienza a evaluar un conjunto de armaduras desparramadas entre las montañas de oro y joyas.
   Rugeivyr no podía quejarse de que usasen sus cosas, ya que de no habérsele perdonado la vida, todo aquello pasaría sin problemas a manos del demonio.

***

   —Dejaremos a los animales libres aquí. Creo que no tendrán problemas para sobrevivir en el sector. Hay  comida abundante en las cercanías y como ustedes mencionaron antes, de haber tribus de Tarous, no deberían de haber depredadores.
   —¿Cómo me veo?
   —¡Ponte más ropa!
   El príncipe ordenaba a sus subordinados, quienes le ignoraban mientras se probaban sus nuevas ropas.
   En resumidas cuentas, cada uno eligió un traje acorde a su forma de combatir:
   Arnus vestía una armadura completa hecha de Krocalcys como su anterior vestimenta, sólo que esta vez cubría más de su torso, característico de las armaduras de paladín de su especie.
   Narea vestía ahora un traje ligero hecho de fibras de un mineral llamado Vydus, otorgándole a su vestimenta una coloración verdosa. A simple vista parecía un vestido cualquiera, sin embargo era fuertemente resistente a los cortes y la penetración, siendo útil para combates contra enemigos con tanta movilidad como ella.
   Meg estaba posando frente a su hermano mientras tenía puesta una armadura ligera de piel de dragón. Su diseño estaba hecho para ser complementario a otras ropas, pero ella no sabía eso y ahora exponía demasiada piel, cosa que a su hermano no le agradó para nada. Sin embargo no pudo decir mucho, ya que a ella le terminaron por agradar esas pintas y ahora le buscaba algo vergonzoso que vestir a Kalga, en venganza por su crítica.
   Tina no tenía fuerza para cargar con un arma o aguante para soportar el peso de una armadura, así que simplemente se quedó admirando las diferentes ropas de los demás y ayudó a Megala a buscarle ropas a su hermano.
   —¿Debo dejar a mi Nujulavdo aquí? Quisiera poder llevármelo —pregunta Narea luego de ver que su montura no quería abandonarla y la miraba con ojos brillantes por las lágrimas.
   —Hmm, está bien, pero no me hago responsable si cae desde las alturas.
   —¿Eh? ¿Caerse?
   —Por supuesto. No creerás que tengo una montura para alguien tan grande como Rugeivyr, ¿o sí?
   Dicho aquello, la mujer Shezenvalery palidece ante la implicancia que aquello tendría para su viaje.





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