Parte 1
Drogury.
La especie inteligente más antigua y poderosa
conocida, también llamados «Dragones».
Se les considera como quienes mantienen el
equilibrio del mundo.
Se dice que ellos son quienes enseñaron la magia a
las otras especies. Se dice que ellos son quienes evitan que la tecnología se
expanda más allá de lo que puede soportar el mundo. Se dice que ellos están en
constante contacto con los dioses.
Su existencia es ampliamente conocida. Mientras son
jóvenes exploran el mundo para adquirir experiencia. Cuando envejecen vuelven a
su tierra natal, el continente draconiano, para enseñar a los pequeños que aún
no saben volar, reproducirse y esperar
durante siglos su muerte natural desde allí.
Claro, siempre hay excepciones…
—¡Esto es una broma, ¿verdad?! ¡¿Qué es lo que he
hecho para merecer esta suerte?! —exclama Tina mientras observa al gran dragón
en frente de ella. Un enorme monstruo de negras escamas con una doble hilera de
dientes tan grandes como ella misma y seis ojos que la observan con hostilidad.
«¡Eso es…!»
Narea nota que la acumulación oscura en la gran boca
abierta de la bestia forma una esfera de negra coloración. Sus instintos le advierten
del peligro que posee esa masa y reacciona rápidamente, trasladando a Tina con
magia vectorial lejos del rango de ataque.
El gran dragón dispara una enorme cantidad de
energía oscura hacia el lugar donde se encontraban segundos atrás, quedando
únicamente un agujero de piedra deformada por el calor.
—¡¿Dejó un agujero de lava?! ¡Esto no es divertido!
Tina, incrédula a lo que ven sus ojos, palidece. Sin
embargo se recompone rápidamente, pues sabe que no es tiempo para desfallecer
ante tan peligroso oponente.
—Este no es un dragón común, tiene el poder como
para ser considerado como «Ancestral», su fuerza podría equivaler a un ejército
de cien mil soldados —comenta la Shezenvalery, sujetando con más fuerza la
muñeca de Tina para no soltarla debido al sudor.
—¡¿Cien mil?! ¡¿No es eso suficiente como para
considerarse el poder militar de un país completo?! ¡¿Por qué un monstruo como
este no está en el continente draconiano en vez de aquí?!
—Yo también quisiera saber eso…
Para ser un dragón tan poderoso es raro no verlo
pasar sus días en el continente que los Drogury consideran su hogar. Seres de
esa fuerza no son encontrados en localidades habitadas por otras especies. De
llegar a asentarse en un reino tendrían que llevar a todas sus tropas para
alejarlo, ya que su sola presencia representa una calamidad. Estas bestias
mágicas consumen demasiados recursos a su alrededor, dejando pueblos enteros
sin comer y como además son muy territoriales, habría que crear nuevas rutas
para el comercio entre ciudades. ¿Quién pensaría que uno de ellos habría hecho
su guarida en una montaña que limita el paso entre dos naciones como la de Urak
y Shawn?
—¡Escorias, morid de una vez!
Otra esfera oscura se forma en la boca de la bestia
y es lanzada directamente a las chicas. Gritando por el pánico, Narea y Tina
apenas son capaces de esquivarla, huyendo tan rápido como pueden en dirección a
una grieta que les permita pasar.
—¡¿Qué es esa cosa tan peligrosa que lanza de la
boca?!
—¡No lo sé! ¡Sólo sé que no quedará nada de
nosotras si nos da! ¡Vamos, señorita Tina, más rápido o nos alcanzará!
Otro disparo se detona en la cercanía y las chicas
se salvan por poco.
La distancia ya es suficiente como para considerarse
medianamente a salvo, pero el dragón encoge su cuerpo, preparándose para dar un
gran salto que inmediatamente supera la velocidad del trote de ambas. Una de
sus patas con filosas garras está por caer sobre ellas debido a esto,
amenazando por aplastarlas.
—¡Cuidado!
Narea abraza fuertemente a Tina y lanzándose al
suelo, cambia su dirección, logrando así evitar el impacto.
—Señorita Tina, ¿está bien? —pregunta, preocupada de
haberle causado algún daño por la caída.
Antes de que la pequeña alada pudiese responder, la
cola del dragón, cual látigo, golpea el cuerpo de la demonio, mandándola a
volar debido a la fuerza del impacto hasta chocar con una pared de roca que
limita la caverna con el tesoro.
—¡Narea!
Tina, preocupada, corre hacia su compañera, quien se
muestra muy herida, con sangre en la cabeza y una de sus piernas doblada en una
dirección imposible de realizar en condiciones normales.
—H… Huya, señorita Tina. Sálvese usted —dice la mujer
con voz debilitada.
Al parecer, los rápidos movimientos de las chicas y
su relativamente pequeño tamaño respecto del dragón, hicieron que el monstruo
las perdiera de vista por un momento. Si la Talavalery huyera en ese momento,
podría salir a salvo del lugar…
—¡No seas idiota, ya fue un milagro que Arnus me
perdonase la última vez! ¡Si te dejo atrás no podré verle nunca más a la cara!
…Sin embargo Tina no es de esas personas.
—¿Se preocupa por mí? Que felicidad…
—No digas tonterías, sólo no quiero perder a la
única persona que considero como amigo por culpa de dejar morir a su
subordinada.
El comentario de Narea provocó una reacción en la
pequeña, quien comenzó a lanzar excusas para sí. La mujer demonio se limitó a
sonreír levemente por el actuar de su compañera.
—Usted debería ser más sincera —dice finalmente,
mirando a la chiquilla con ojos amables.
—No sé de qué hablas —refuta la pequeña, quien se da
media vuelta, ocultando sus pómulos enrojecidos de vergüenza. Luego se agacha,
tomando algo del suelo—. Lo distraeré un poco, tú sana tus heridas. Cuando
estés lista me avisas…
—¡Espere, usted no es tan rápida! ¡No puede
esquivar sus ataques! ¡¿Cómo podrá distraerlo sin morir en el intento?!
Tina sonríe con confianza ante la pregunta agitada
de su compañera.
—Olvidas que soy una Talavalery —comenta mientras
muestra cómo se extienden sus maltratadas alas, las que aumentan su tamaño,
temblando levemente por el esfuerzo.
De un pequeño brinco, la pequeña se eleva por el aire.
—¡Puedo volar!
Tina se acerca volando al rostro del dragón, quien
continuaba buscándolas con sus múltiples ojos.
—¡Oye, idiota! ¡Mira lo que tengo aquí! —exclama
mientras sostiene algo en una de sus manos.
La bestia enfoca su mirada ante la provocación,
notando la pequeña moneda que se encuentra en posesión de la chiquilla.
—¡Eso es parte de mi tesoro, sucia ladrona! ¡Devolvedlo!
—¡No quiero!
El dragón comienza a perseguir a Tina, lanzándole
esferas oscuras y arañazos que no logran dar en el blanco debido a la movilidad
espacial de la niña, frustrándole.
Pasado unos minutos, Narea logra curarse por completo
y se dirige a la escena en donde el monstruo da pequeños brincos para atrapar a
la Talavalery que se mantiene volando fuera de su alcance, casi como cuando un
animal pequeño intenta cazar a un insecto en el aire.
—¡Estoy lista señorita Tina!
—¡Bien, escaparemos por el túnel de ahí!
Narea observa una gran grieta en el lugar donde
indica Tina. Probablemente mientras volaba, estuvo buscando una vía de escape.
La mujer demonio corre en la dirección indicada y la pequeña niña la alcanza
desde el aire, descendiendo lentamente.
Una vez llegan a la entrada de la grieta, Tina nota
que el Drogury se acerca a pasos agigantados, asustándola. Sin embargo, para
suerte de ambas, la fisura es demasiado pequeña para la bestia, quien no logra
frenar antes de impactar fuertemente con el muro de roca.
—¡Jajaja, no podrá pasar por aquí! ¡Vamos Narea,
estaremos a salvo siempre y cuando esas cosas negras que dispara no nos
alcancen! —exclama alegremente la chiquilla—. ¡Salgamos de aquí y llamemos a
Arn…!
Bam.
Antes de que Tina terminase su frase, un fuerte temblor
se siente luego del sonido de un impacto con el muro.
—¿Hmm?
Bam. Bam. Bam.
El dragón impacta su cabeza repetidas veces con el
muro, cada vez con más fuerza, haciéndole ceder. Finalmente este comienza a
colapsar poco a poco. La fisura aumenta de tamaño, pedazos de roca caen al
suelo y la gran cabeza de la bestia se asoma por el túnel en donde escapaban
las chicas. Poco tiempo después, la grieta es lo suficientemente grande como
para dejarle pasar.
—¡Eso es injusto! —grita Tina, quien había perdido
toda su ventaja en el lugar y cualquier esperanza de escapar a tiempo.
Por suerte para ellas desde un túnel anexo aparece
Arnus, caminando tranquilamente. Al percatarse de su presencia, el rostro de
ambas se ilumina mientras que el demonio las mira con curiosidad sin caer en
cuenta que la escena que observa en ese instante es la de dos chicas corriendo
en un túnel el cual está colapsando y unos grandes dientes se asoman por detrás
de ellas.
—¿Hmm? ¿Qué hacen aquí, chicas? ¿No dije que
esperaran en la entrada? Es más, ¿Cómo llegaron antes que…?
—¡Arnus! ¡Ayúdanos a detener a este dragón!
—¡Arnus! ¡Ayudadme a detener a estas
ladronas!
Ambas partes, persecutor y perseguidas, gritan
simultáneamente, interrumpiendo al príncipe…
—¿Eh?
—¿Eh?
…Y se detienen también al mismo tiempo,
perplejas.
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