Parte 3
— ¡Uwwaah!
Una enorme silueta se mueve rápidamente por el
firmamento. Un gran dragón oscuro que carga sobre su espalda a un grupo de
demonios y a una chica angelical, además de un Nujulavdo que ha perdido la consciencia.
—¡Sé que dijiste que estaríamos en peligro
constante, pero no imaginé que eso incluiría el viaje! —Megala hace lo posible
para afirmarse de las escamas del Drogury mientras regaña a Arnus por la falta
de información sobre la forma en la que viajarían. El príncipe hace oídos
sordos a las quejas de su subordinada y sonríe burlescamente al ver a Narea y a
Tina llorando de temor. Por otro lado, Kalga está emocionado viendo el paisaje
a sus pies.
—¡Juajua, sujetaos enanas, si os caéis desde
esta altura no quedaréis reconocibles en el suelo! —comenta entre risas
el gran dragón.
—¡¡No es gracioso!! —replican inmediatamente las
chicas del grupo.
—¡Juajuajuajua!
Después de unas horas de vuelo, el grupo se
acostumbra a la velocidad del viaje y ya están más calmados. De vez en cuando,
sin embargo, Rugeivyr sacude su cuerpo para traer el pánico nuevamente a su
espalda.
—¿Hmm? Arnus, ¿es ese el fuerte del que
hablabais?
Ya atardeciendo, la bestia mágica nota a lo lejos
una estructura de ladrillos sobre una pequeña colina. Una enorme fortaleza que
se encuentra bloqueando el camino terrestre para la inspección de los
transeúntes. Grandes muros protegen el edificio de ataques externos. Dentro, se
pueden apreciar unos cuantos soldados entrenando con sus armas y otros
patrullando los alrededores y vigilando sobre las torres.
—Sí, es ese —responde el príncipe, con un semblante
serio.
***
Tin tin tin.
Las campanas resuenan dentro del edificio. El sonido
de las pisadas apresuradas de los soldados puede escucharse en los pasillos.
Un guardia Kaevalery corre con un rostro pálido
hasta llegar al comedor del lugar.
—¡Dragón! ¡Se acerca un dragón a la fortaleza!
Fuske Elorjam, el «Héroe de la guardia», estaba
tomando una merienda en ese preciso instante. Levantándose rápidamente de su
puesto ante la noticia, se dirige a uno de los balcones de la torre. Al
observar el cielo, su semblante se torna preocupado.
—Esto es malo —murmura para sí con una gota de sudor
frío en el rostro. Luego, saltando del lugar hasta llegar al suelo para bajar
rápidamente, ordena—. ¡Soldados! ¡A sus puestos! ¡Necesito a todos los arqueros
sobre las torres! ¡Que el equipo de artillería prepare las catapultas! ¡Magos,
el enemigo es un dragón negro, preparen hechizos de luz divina, prioricen la
defensa! ¡Los que estén libres ayuden a evacuar a los civiles!
No era normal el encontrarse con dragones en las
cercanías, mucho menos uno de ese tamaño. El «héroe de la guardia» desconocía
el motivo de su presencia, pero lo mejor sería seguir el protocolo de defensa
contra ese tipo de bestias.
En los registros del imperio se tenía escrito que a
veces los soldados ofendían a la noble especie de los Drogury por algún acto en
su contra el cual ellos ignoraban. En esos momentos habría dos opciones a
considerar, el diálogo o la lucha. No hacía mal estar preparado en caso de que
lo peor sucediese.
—¡Ahí viene! —exclama Fuske al ver la silueta del
monstruo dando giros sobre ellos como un ave de rapiña—. ¡Atentos a sus
movimientos! ¡En caso de una batalla, apunten a sus ojos y bo…!
Las palabras del Kaevalery se detienen antes de
terminar la frase. Había algo extraño en el comportamiento del dragón, generalmente
ellos se limitarían a volar en los alrededores y aprovechar su ventaja de
altitud para atacar a la distancia.
«¡¿Está descendiendo?!»
Tal como sus pensamientos indicaban, el dragón bajaba
velozmente hacia ellos, aterrizando sobre los muros, generando una gran
cantidad de grietas en ellos y produciendo un temblor que sacudió la fortaleza
completa, haciéndoles perder el equilibrio a la gran mayoría de los soldados.
Desde la espalda del dragón salta una persona. Un misterioso
hombre de cabello oscuro cae sobre el suelo. Viste una armadura completa hecha
con el mineral Krocalcys y sostiene una gran espada.
El desconocido observa su alrededor detenidamente,
buscando a alguien. Una vez sus ojos se posan sobre el héroe, carga sobre él.
«¡¿Viene a por mí?!»
El Kaevalery no comprende las motivaciones del
asaltante, pero puede notar de inmediato que es alguien peligroso y ordena a
sus soldados que mantengan la distancia antes ser impactado por un espadazo que
le envía violentamente a volar, destruyendo el muro de una torre por la fuerza.
La carga continúa hasta que él queda encerrado entre su atacante y el muro
interior de la estructura.
—¿Quién eres tú? —pregunta Fuske entre jadeos,
percatándose de los cuernos y los ojos negros del desconocido—. ¿Un
Shezenvalery?
—Estoy
buscando a un tal «Héroe de la guardia», ¿eres tú?
—Veo que me conoces. ¿A qué has venido?
—Vengo a
rescatar a la hija del rey. ¿Te suena el nombre «Kalatra Rabbok»?
«¿Kalatra? Ella no debería…»
La repentina mención de la última princesa del reino
caído de Urak llama su atención. El hombre al frente suyo es de la misma
especie que ella.
—Ya veo, los rumores eran ciertos. Eres uno de «ellos»,
¿verdad? —comenta, como si entendiera algo de pronto—. Sí, está aquí, pero no pienso
dártela.
—No te estaba
dando una opción.
—Eres un enemigo de mi nación. Entrando de forma
hostil al lugar bajo mi custodia, tengo un deber que cumplir.
Fuske usa su propia fuerza para alejar el cuerpo de
su enemigo, lo suficiente como para lograr propinarle una patada en la barbilla
que le manda directamente al suelo, pero de una voltereta logra recomponerse y
se levanta, apoyándose con su enorme sable.
—No obtendrás nada de este lugar, me aseguraré de
ello, ¡demonio! —exclama el Kaevalery, apuntando con su dedo al hombre.
Ambos enemigos se observan fijamente para medir la
fuerza de su oponente. El preludio a la batalla entre un héroe y el príncipe de
los demonios.

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