Parte 1
Grises nubes oscurecían el cielo con su gran tamaño,
tapando ambos soles que brindaban la luz y el calor a los habitantes del reino
en ese atardecer. Estaba lloviendo débilmente sobre el continente de Erijofen,
específicamente sobre el reino conquistado de Urak. Gotas de agua pura que
mojaban el suelo y ensombrecían los ánimos de las personas que evitaban salir de
sus casas.
Nadie en el pueblo de Nantera levantó su rostro para
contemplar el cielo.
Nadie notó a un gran dragón negro volar por los
alrededores cuando atardecía.
Al día siguiente, la pequeña lluvia continuaba,
débil, pero constante. Grandes charcos se habían formado en los desniveles de
tierra. El barro dificultaba el trabajo de los aldeanos, quienes maldecían no
haberse preparado antes. El invierno se acercaba y todavía no tenían lista su
cosecha para sobrevivir su transcurso.
En una casa de dos pisos, hecha de madera y
abandonada por sus propietarios, yace el grupo de Arnus con rostros deprimidos,
sentados alrededor de una mesa cuadrada.
Kalga, Megala y Narea se encuentran allí, terminando
el almuerzo.
—Señor Arnus… —murmura la mujer Shezenvalery,
mirando las escaleras que conectaban con el segundo piso del hogar.
Ellos habían llegado el día anterior, cercano a la
noche. Narea y Tina preguntaron por una posada en dónde quedarse, pero acabaron
en una casa maltrecha y vacía, que se creía maldita debido a la suerte de sus
primeros propietarios.
Usando el dinero proporcionado por el tesoro de
Rugeivyr, pudieron conseguir unos cuantos muebles y comida para pasar el día.
El príncipe se mantuvo encerrado desde entonces en
un cuarto.
—Maldición, no pensé que esto terminaría así. ¡Control
mental! ¡Estoy seguro que ese «Héroe» usó control mental con la princesa! —exclama
el muchacho de blancos y ondulados cabellos, antes conocido como el líder de un
grupo de bandidos, golpeando la mesa en señal de frustración.
—No digas tonterías, Kalga. El control mental no
puede durar tanto tiempo —comenta Narea.
—Esta podría ser una nueva versión.
—No, vi el rostro de la princesa y de los
subordinados. Ellos son fieles al «Héroe» por voluntad propia. Él los liberó y
les dio buen trato. Incluso si es uno de los que ayudó a conquistar el país, se
ganó su respeto. Ha de ser muy bueno.
—¿Qué dices, Narea? ¿Estás de su lado? ¿De un
Kaevalery invasor? —incrimina Megala, mirándola con un rostro que denota su
disgusto.
—Ustedes chicos tienen un pensamiento muy radical,
¿saben? No todos los Kaevalery son nuestros enemigos. Pareciera que no les
enseñaron a comportarse cuando pequeños.
—¡C-Cállate! ¡No aceptaré sermones de una chica que
está a favor de un enemi…!
Ante la ofensa, Narea frunce el ceño. Observa a
Kalga y a Megala con seriedad y un aire hostil.
—No se
atrevan a silenciarme mocosos —interrumpe ella, dejando salir ligeramente
sus cuernos y el aura terrorífica de su especie.
El repentino cambio de personalidad de la mujer
sorprende a los hermanos, quienes se mantienen en silencio, mirándose entre sí.
—Tengo cincuenta años de edad, les doblo la vida que
ustedes han tenido. Tengo más experiencia y sabiduría. No crean que porque
tienen cierto poder pueden hacer lo que se les dé la gana. Saben que admiramos
el poder y usamos eso como criterio para elegir a un líder. Pero con ese
comportamiento ignorante de nuestras costumbres, preferiría servir a un Tarou —continúa
la mujer.
—¡¿Q-Qué te has creído?! ¡Comparándonos con un
monstruo estúpido! ¡¿Qué hay con ese cambio de actitud?! ¡Frente a Arnus y a
Tina te comportas como un perro leal!
—Arnus, además de ser extremadamente poderoso, es
inteligente y prudente. A veces se deja llevar por algunas emociones, pero al
menos no es un arrogante que piensa llevarnos a todos a una batalla sin pensar
en las consecuencias.
—¿Cómo dices eso? Acabamos de venir de un fuerte
lleno de enemigos.
—Pero primero consiguió al dragón. Ustedes le
comentaron la existencia de su hermana mucho antes. Sin embargo, no se
precipitó y esperó a tener un seguro para protegerlos. Incluso nos dio la
posibilidad de dejar de seguirle por el peligro que representa. Arnus es sabio,
experimentado, prudente y fuerte. No comete atrocidades por gusto, no disfruta
de la tortura y no discrimina especies o estatus. Para mí, él podría ser el
mejor monarca de nuestra nación. Es digno de mi respeto.
Tal como indicaba Narea, el pensamiento
discriminatorio de los chiquillos no era una manera correcta de comportarse.
Los Shezenvalery habían sufrido de la opresión por muchos años en la antigüedad
y aquello era principalmente por el temor que les tenían las otras especies
debido a su poder y al aura de terror que emitían cuando se encontraban en un
estado de ira. Para evitar aquellos problemas en el futuro, se acordó la
crianza de los niños en base a una ideología pacifista, que evitaba el
conflicto innecesario y que valoraba la prudencia.
Considerando la edad de los chiquillos y la
situación en las que los encontraron, probablemente habían perdido a sus padres
cuando eran pequeños y no alcanzaron a recibir la educación suficiente. De ser
así, la mujer tenía que mantenerse firme y criar a los hermanos, haciéndoles
ver sus errores.
—¿Y qué hay de Ti…? —intenta continuar Kalga, quien
no comprendía bien el motivo de la hostilidad de su compañera e intentaba echar
la culpa a su comportamiento preferencial arrogantemente, despojándose de toda
responsabilidad hacia él.
La puerta de la entrada se abre lentamente, entrando
una pequeña niña alada con una capucha mojada sobre sí y un saco sostenido por
su mano izquierda. Sus zapatos con barro ensucian el suelo de la casa, dejando
marcas marrones sobre este.
—¡Ha vuelto, señorita Tina! —exclama Narea, feliz,
contradiciendo la actitud que había presentado hace unos minutos atrás,
descolocando a los hermanos—. ¿Cómo le fue con el dragón?
—Encontramos un buen lugar para ocultarlo sin causar
pánico en los habitantes. Sería molesto que comenzara a correr el rumor de
avistamientos de un dragón cuando estamos tan cerca del castillo de Waltegya.
—¿Será buena idea mantenernos alejados de nuestro
único transporte? —pregunta Megala, ya volviendo en sí, tratando de ignorar los
cambios repentinos de la mujer de su especie.
—No quiero una orden de movilización del ejército
del imperio estorbándonos cuando estamos tan cerca del objetivo de Arnus.
Además… No confío en Rugeivyr.
—Ja, lo dices porque te quería comer —se burla
Kalga, soltando un bufido.
—Bueno, el señor Arnus tampoco parecía confiar mucho
en él, digo, no quiso mencionarle el tema de su inmortalidad —intenta excusar
Narea, con una sonrisa.
—No, él es… No importa. —Tina pareciera intentar
decir algo, pero al final sacude su cabeza y cambia el tema—. ¿Cómo está Arnus?
—¿Qué crees tú?
—¿Todavía está encerrado en la habitación? ¡Ha
estado así desde ayer!
—No ha querido comer nada. Tampoco nos contesta.
Tina suspira ante la situación. Una fuerte
exhalación de aire que no intenta ocultar su molestia.
—Estoy algo agotada. Megala, Kalga, ¿podrían ir a
comprar suministros? —pregunta la chiquilla a los hermanos.
—¿Ah? ¿Por qué tendríamos que hacer algo así por
ti?
Kalga da un pequeño golpe a la mesa, enfadado
primero por la mujer al frente de él, con la que estaban discutiendo hace un
momento y ahora por las órdenes de la Talavalery que no tiene poder alguno
sobre ellos.
Meg observa a Tina detenidamente.
—Vamos hermano, dejémoslas solas por un tiempo —propone
la pequeña Shezenvalery, tomando a su hermano mayor de la mano y arrastrándole
hacia la salida.
—¿Qué mosca te picó?
—Volvemos luego de un rato.
Los hermanos se alejan por la puerta, con Kalga
quejándose y siendo ignorado por Megala.
Una vez a solas, Tina se sienta al lado de su
compañera Shezenvalery.
—¿Cómo crees que está la situación? —pregunta la chiquilla.
—Grave. Arnus al parecer recibió un golpe muy duro
por los eventos sucedidos el día de ayer.
—Tch, ese idiota. Estando tan cerca de cumplir sus
objetivos, se le ocurre deprimirse ahora.
—¿Por qué no intenta hacer algo usted?
—¿Ah? ¿Qué podría hacer yo?
—Pues usted se lleva mejor con Arnus que yo. Para él,
yo soy una subordinada de confianza, pero mis acciones no tendrán un gran
impacto en él. Sin embargo usted es diferente. Es hermosa, ingeniosa, inteligente
y mejor aún, cercana a él.
—Narea, creo que me estás sobreestimando.
—Para nada, yo confío en usted señorita Tina. Confío
en sus habilidades.
—Narea, soy una chica caprichosa, nada más. No
entiendo aún cómo es que me tienes en tan alta estima.
—¡Usted puede salvar al señor Arnus! ¡Yo lo sé!
Tina realmente no puede comprender a la mujer con la
que conversa. ¿Qué le hace pensar aquello? La pequeña Talavalery no recuerda
haber hecho nada en especial que pueda categorizarla como alguien tan capaz.
Cuando la chiquilla expresa tales dudas a Narea, esta
se limita a sonreír levemente, cerrando sus ojos por un momento, como si
estuviese recordando algo feliz en el pasado. Luego, abre sus párpados y
observa con confianza a la niña.
—Usted es capaz de hacerlo —responde con
determinación.
—¿Por qué? ¿Por qué confías tanto en mí? No te he
tratado bien ni una sola vez. Tu vida no me ha importado y te he causado muchos
problemas. Tengo una de las peores personalidades del mundo. Soy codiciosa, mentirosa,
manipuladora, cínica, caprichosa... ¿Qué es lo que ves en mí que te maravillas
de esa forma?
—Esperanza.
—¿Eh?
La respuesta inesperada de la Shezenvalery deja
perpleja a la pequeña, quien se mantiene inmóvil ante la sorpresa.
—En usted veo esperanza, señorita Tina. Esperanza
por un mundo mejor. Un mundo más feliz.
—No recuerdo haber hecho nada que te haga pensar en
eso. Ver esperanza en alguien como yo es algo que realmente no comprendo.
¿Esperanza, dices? ¿Una palabra que indica que puedes depender de mí? —Tina
presiona su pecho con una de sus manos, haciendo énfasis en las últimas
palabras—. ¡¿De mí?!
—Quizás para
usted fue algo insignificante. Pero fue usted quien me salvó. Salvó mi vida en
el bosque cuando sufría debido a haber atacado a mi amo. Ese día yo pretendía
matarla, me había resignado a obedecer las órdenes de mis amos como esclava.
Perfectamente podría haberme dejado morir, pero decidió cambiar al dueño de mi
contrato. Inmediatamente después me permitió llorar por los pecados que cometí
e incluso me dio la opción de una muerte rápida.
»Cuando rechacé su oferta esperaba continuar siendo
una esclava, trabajar para la chica a quien casi asesiné como castigo o ser
vendida a otra persona, pero no fue así. Usted me liberó y salvó mi alma con las
palabras que me dijo esa vez.
—¿Eh? ¿Dije algo?
—«Te daré la oportunidad de redimirte». Quizás para
usted no signifique nada importante y eso es lo que más me asombró de su
personalidad. Fue capaz de extender mi vida, de permitirme salvar mi alma y de
darme la libertad en un sólo momento, como si no fuese nada. Usted es bondadosa
y una chica maravillosa.
—Ja, ja. ¿Yo? ¿Bondadosa? —expresa Tina con una
pequeña risa despectiva a su persona, apretando su mano más fuerte en su pecho—.
Narea, todo eso lo hice porque así me propuse que actuaría como reina de los
esclavos, nada más, no lo hice por bondad. Puedes decir que es una misión de
vida que me autoimpuse al ver que la esclavitud no sirve de nada. Sólo un
capricho más, algún día me aburriré de él y dejaré ese hábito. Se nota que no
me conoces.
Dicho aquello, la chiquilla alada se levanta de la
silla en la que estaba sentada y da media vuelta, expresando de forma indirecta
que no quería continuar con la conversación…
—La conozco, señorita Tina, lo suficiente como para
saber que finge ante todos los demás.
…sin embargo Narea no hizo caso a los gestos de la
pequeña y continuó hablando con palabras que Tina no pudo ignorar.
—¿Qué acabas de decir? —responde la chiquilla,
volviendo a encarar a la Shezenvalery.
—Es una contradicción andante, señorita Tina, quien
no se percate de ello es realmente ciego. Al igual que el señor Arnus trataba
de fingir no ser afectado por nada, como si fuese una tabla sin emociones,
usted finge ser una chica caprichosa con pésima personalidad. Por muy antojadiza
que sea una persona, uno no se dispone a liberar a todos los esclavos como meta
en la vida.
—No…
—No creerá que fuese a caer en algo como eso, ¿o sí?
Es verdad que no conocemos las circunstancias que la llevaron a tomar esa
decisión, pero definitivamente no es algo que nació de su arrogancia y malos
hábitos.
—Eso no es cierto, yo… —intenta responder Tina,
quien tiembla de nerviosismo al no saber qué decir para enfrentar a la mujer
que está haciendo tales declaraciones.
—Ji, ji, ji, puedo ver lo que es en el interior, señorita
Tina. Una bondadosa y frágil niña, que aprendió que el mundo no sería
benevolente con ella si no se manifestaba como una chica fuerte. Puede
mostrarse arrogante y decir a viva voz que no le importa la vida y felicidad de
los demás, causando alborotos y molestias con sus caprichos…
—No digas más…
—Pero aun así ayudó a Arnus en la batalla contra mi
ex amo y me salvó de la mejor forma posible. Cuando me precipité y cometí el
error de caer en la trampa de Megala por ser ella una niña, no me pidió que asesinara
a los bandidos cuando nos rodearon, sólo que los derrotara. Al mismo tiempo,
cuando les controló no les imploró que se quitaran la vida y sólo se limitó a
esperar a que apareciera su majestad porque sabía que terminaría todo de forma
pacífica. En la fiesta de la cosecha, enseñó a Arnus a bailar y nos dio un día
de diversión. Luego, cuando Kalga estaba esclavizado, lo liberó sin vacilar y
lloró porque de no haberla dejado sola, no tendría que traicionarnos por
órdenes de Gendo. En el viaje a los montes Graken, se limitó a encerrar sólo a
Arnus en la trampa del «Héroe del impedimento», dándonos la opción de escapar.
Cuando luchamos contra Rugeivyr, arriesgó su vida para darme tiempo para
curarme con la excusa de ser subordinada de Arnus y además sé, que con lo
maltratadas que están sus alas, el volar le es probablemente muy doloroso. Y
cuando Arnus estaba siendo criticado por sus propios compatriotas usted fue
quien lo defendió, atrayendo el rencor de ellos hacia usted.
Cada acontecimiento que las chicas vivieron juntas
era mencionado por la Shezenvalery. Todas las situaciones en las que la
chiquilla había realizado una acción habían sido analizadas por la mujer, quien
exponía cada uno de sus actos con una sonrisa amable.
Al final, Tina no pudo interrumpir ninguna de sus
palabras y sólo se dispuso a hablar en voz baja luego de que Narea hubiese
terminado.
—Todas mis acciones…Todo este tiempo… ¿Las has
sabido?
—Por supuesto. No podría considerarme su amiga si no
logro algo como eso.
—Amiga… —murmura la chiquilla ante la palabra que no
estaba acostumbrada a ser dirigida hacia ella.
—Sí. Aunque tal vez usted no me acepte, yo quiero
que seamos amigas. Quiero ser su apoyo en los momentos difíciles, su fuerza
cuando haya que luchar, su confidente cuando necesite hablar de sus problemas.
Quiero que se apoye en mí, que compartamos alegrías y tristezas por igual.
Quiero estar presente el día en que se case y tenga hijos. Y también quiero
estar a su lado cuando dé su último aliento, ya que mi especie tiene mayor expectativa
de vida que la suya, ¿me lo permitiría?
—Pero… Yo no tengo mucha experiencia teniendo
amigos, hasta ahora sólo Arnus se había ganado mi confianza. No sé qué decir.
—Sólo acepte mi oferta. Vamos, seamos amigas, ¿sí?
Tina se sonroja y no puede mirar a Narea a los ojos,
desviando su observación a los objetos sobre la mesa.
—Eres… Eres la única que me conoce a profundidad, no
puedo dejar que alguien así ande libre después de rechazarla. No tengo opción.
Si quieres que seamos amigas, pues… puedo fingirlo.
Narea cierra sus ojos y las comisuras de sus labios
se levantan, enseñando ligeramente sus afilados dientes.
—Gracias.
—S-Sólo seremos amigas fingidas. ¿Por qué sonríes
tanto?
—Porque la conozco bien.
—Ugh…
Tina expresa una mueca de nerviosismo, pero luego
suspira y sonríe levemente.
—Bueno, también quiero que Arnus me vea como algo
más que sólo su subordinada o alguien de confianza, también lo considero un
buen amigo. Los amigos de mis amigos también son mis amigos… ¿O algo así era el
dicho?
—Estás completamente equivocada, Narea —dice la
pequeña, intentando contener la risa.
—¡¿Eh?! ¡No se burle de mí, señorita Tina!
—Tina…
—¿Hmm?
—Si quieres ser mi amiga, lo primero que tienes que
hacer es llamarme sin honoríficos. Así que sólo dime Tina.
—¡S-Sí, señorita Tina! —La Shezenvalery hace una
pausa luego de sus palabras y se cubre la boca, en señal de sorpresa—. ¡Ah!
Tina y Narea se miran entre sí y luego ríen juntas.
—Pfft… ¡Ja, ja, ja!
La Talavalery se levanta de su puesto y toma la
muñeca de su compañera.
—Vamos, Narea, tenemos que hacer reaccionar a tu
estúpido rey.
—¡Sí!
No hay comentarios:
Publicar un comentario