Parte 2
—¡¿Cómo me veo, señor Arnus?! ¡¿Me queda bien?! —pregunta
Narea, luciendo una armadura ligera compuesta de un peto que le cubre el pecho,
una pequeña falda que facilita el movimiento, telas que cubren las cicatrices
causadas por látigos en su cuerpo y botas y brazaletes metálicos. En adición a
esos detalles, trenzó su cabello y cambió el pinche que usaba. La imagen que
mostraba era adorable y estaba muy lejos de representar a una guerrera asesina
con alta experiencia de combate.
Arnus observa a la chica con satisfacción, levanta
su pulgar en señal de aprobación, en conjunto con el hombre-cerdo que era el
vendedor. (Quien de paso tenía una protuberancia en su cabeza luego de ser
golpeado en reprimenda por el príncipe).
—Sí, te queda. Te ves muy linda, Narea.
—G-gracias… —Narea se sonroja de vergüenza ante las
palabras de su compañero.
—Bien, ahora a buscar un lugar dónde pasar la noche,
Tina, ven a… —Arnus fija su mirada en el lugar donde debería estar la chiquilla.
Sólo ve un puesto vacío.
«¡¡No está!!»
—Vaya, ¿en dónde se habrá metido la señorita Tina?
¿Se habrá adelantado a nosotros?
—No, conociéndola está causando más problemas…
—Arnus pareciera tener una gran jaqueca y se cubre la frente con su mano.
—Jaja, señor, veo que la conoce muy bien. ¿No ha
considerado tomarla por esposa? Serían una buena pareja.
—¿Lo dices enserio? ¡Es una niña! ¡Y yo soy un
viejo Shezenvalery de más de doscientos años!
—¡No hay edad para el amor, señor Arnus! ¡Aunque la
diferencia sea abismal, en las leyendas cuentan historias de dioses que se
enamoran de mortales!
—Esos son sólo mitos, Narea. Además yo… —Arnus
hace una pausa, pensativo—. Ya no soy lo que era cuando joven, y no lo digo por
la diferencia de edad. Podrías decir que es una maldición, mi organismo ya no
funciona de manera normal.
—¿Eh? ¿Qué quiere decir eso, majestad? ¿Sufre de
impotencia? —comenta Narea, pero luego se tapa la boca y se poner roja como un
tomate.
—Oye, no saques conclusiones erradas, mi pene
funciona perfectamente. En vez de decir tonterías deberíamos buscar a Tina
antes de que nos haga enemigos de la ciudad entera.
Dicho esto, continúan su camino en busca de la
pequeña y peligrosa Talavalery. Pero el rostro de Narea indica que todavía
quiere saber sobre las circunstancias de su señor, por lo que Arnus sigue con
el tema anterior.
—Yo ya no soy un hombre mortal Narea. No envejezco
ni necesito comer realmente, fui maldecido y bendecido a la vez. Podré velar
siempre por mi especie, aunque considero que sería injusto ser un rey eterno,
así que pienso dejarle el reino a las futuras generaciones en algún momento —dice
mientras caminan por un callejón. Sin considerar la sorpresa de su acompañante.
—¿Eh? ¿E-Eso no quiere decir que es prácticamente
inmortal?
—Aunque si me cortan la cabeza la cosa cambia… —añade
finalmente de forma desinteresada, respondiendo a la pregunta.
—¿Tiene pensado engendrar a un hijo? Usualmente la
fuerza se hereda. Y si lo cría bien, debería ser un buen candidato a futuro
rey.
—Ahí está la maldición. A cambio de este poder, no
soy capaz de amar. Puedo estimar a otras personas y tenerles cierto afecto,
pero no siento atracción hacia nadie, sea hombre, mujer o animal. No hay nadie
con quien desee formar una familia y compartir mi vida —explica el príncipe
sobre su situación inusual—. Un amor no correspondido, un matrimonio sin
posibilidades de formar una familia, no quiero hacerle eso nadie.
Narea se queda mirando a Arnus por un tiempo. De sus
ojos comienzan a brotar lágrimas.
—¡Su majestad eso es muy triste! ¡¿Destinado a
estar solo por toda la eternidad?! ¡Eso es terrible! —Lanzándose a los brazos
de Arnus, Narea llora desconsoladamente por la situación de su señor,
llenándolo de mocos y lágrimas—. ¡Buaaaaah!
—Narea, estás llamando mucho la atención…
—¡Pero…!
—No te preocupes, he tenido tiempo para aceptar mi
condición. Espero que Tina lo entienda algún día…
—Ejem… —se escucha un carraspeo cercano.
Ambos se voltean, Narea siguiendo pegada al príncipe.
Detrás de ellos, como si hubiese sido invocada por las palabras de Arnus, está
Tina, con un lindo vestido de color esmeralda puesto y un rostro completamente
serio.
—¿Podrían explicarme qué están haciendo a plena
vista? —Su voz posee un tono completamente frío—. ¿Debo considerar esto como
una declaración de guerra?
Luego de unos segundos, Narea se percata de lo que
parece la situación vista desde lejos.
—¡S-Señorita Tina! ¡No es lo que parece! —grita,
soltando a Arnus, a lo que la pequeña sólo responde con un bufido.
—Bueno, ya tuvieron su tiempo mientras me colocaba
este hermoso vestido. —El príncipe esperaba un berrinche de Tina, pero nunca
llegó. En vez de eso ella sólo extiende sus brazos y da una vuelta completa, mostrando
por todos sus ángulos su nueva adquisición.
—Señorita Tina, se ve preciosa en él —responde
Narea, maravillada por la imagen de la pequeña.
—Tus adulaciones no te servirán ya… ¡Gata ladrona!
—¡¿Nyah?!
—Arnus, ¿No tienes algo que decir? —Tina observa a
Arnus con un rostro de reproche.
—¿De dónde has sacado ese vestido? —responde el
príncipe.
Ante la indiferencia del demonio por la situación,
ambas chicas pierden la estabilidad.
—¡¿No vas a disculparte o lanzar una excusa?! —recrimina
Tina.
—Su majestad, eso fue muy cruel de su parte —recrimina
Narea.
—No me tengo que disculpar por algo que no he
hecho. Ahora, Tina, no evadas la pregunta. Aunque te veas bien en ese vestido,
no era parte de tus ropas. ¿De dónde lo sacaste? —replica el príncipe, en un
tono serio.
—M-Me lo dio una estilista, dijo que si quiero
bailar en el festival tengo que vestir ropa adecua… —Tina se pone nerviosa ante
el interrogatorio de Arnus, pero luego nota que hubo algo inesperado entre sus
palabras—. ¡¿Me hiciste un cumplido?!
Asombrada y feliz, Tina comienza a dar saltitos
alrededor del príncipe.
—¿Vas a bailar? ¿Qué parte de “No llamar la
atención” no entendiste? —continúa Arnus, haciendo caso omiso al comportamiento
de la Talavalery.
—Oye, Arnus, no evadas mi pregunta. Me hiciste un
cumplido, ¿Verdad? —replica Tina, imitando las palabras que había dicho el
demonio poco tiempo atrás, quien finalmente se percata de lo sucedido y entra
en un estado de alerta.
—N-No, no he hecho nada como eso…
—Sí lo hizo, ¿verdad, Narea?
—Sip, sí lo hizo.
«Sabía que estarías de mi lado.»
Ambas chicas comienzan a sonreír, una sonrisa
cómplice.
«¿No estaban peleadas hace un momento? Por sus
rostros pareciera que confabularan en mi contra», piensa Arnus, nervioso. «¿Con
estas dos, podré llegar a mi destino a salvo?»
—Que mentiroso eres Arnus, como castigo, tendrás que
bailar conmigo en el festival —dice Tina, apuntando con su dedo índice al
príncipe y mostrando una mueca burlona y confiada en su rostro.
—¿Qué? Olvídalo, no voy a hacer eso.
—¿Eeeeh? ¡Oh, vamos!
—¡Un momento! —una voz desconocida se escucha
detrás de Tina, sorprendiendo a los demás.
—¿Y tú quién eres? —pregunta Arnus al ver una chica-perro
en el callejón, vistiendo holgadas ropas y una manta en su cabeza.
—¿Una amiga? —se pregunta Narea.
—¡Ah, la estilista que me dio el vestido! —declara
Tina, revelando la identidad de la desconocida.
—Así es, mi nombre es Salsis Ahciv. Tenía pensado en
observar el baile de esta pequeña de lejos, pero al escuchar la rudeza de su
acompañante no pude evitar intervenir. Trabajé mucho tiempo haciendo este
vestido, pero no encontraba a la persona adecuada para vestirlo y cuando estaba
cerca de rendirme aparece esta niña preguntando por el baile de hoy… —dice
rápidamente la mujer. Luego, apuntando a Arnus y en tono de reproche continúa—.
¡¿Y usted, señor, no desea bailar con ella?! ¡Qué desperdicio!
—Eso no te concierne, no podemos llamar la…
—¡Ah, vamos, vamos, después se ponen a conversar!
¡Falta poco ya, Narea, chica-lobo ayúdenme a llevar a este demonio! —exclama
Tina, interrumpiendo al príncipe.
—No digas tonterías Tina. Narea, no le vas a hacer
caso a… ¡¿Por qué la estás ayudando?! —exclama Arnus, quien sin percatarse,
comienza a ser cargado por Narea y Salsis y llevado a la fuerza.
—Que no pueda amar no significa que no pueda
disfrutar de un baile con una linda chica —replica Narea con una sonrisa en su
rostro.
—¡Vamos, vamos!
—¡Ese no es el problema aquí! —refuta Arnus, en un
último intento de resistencia.
Tina, Narea y Salsis se las arreglan para llevar
a Arnus al lugar donde se llevará a cabo el baile.

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