sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.8-2

Capítulo 8: Amistad
Parte 2


   —Señor Arnus, ¿aún está ahí?
   Tras la puerta de una oscura habitación se escucha la voz de una chica. Narea, subordinada que el príncipe de los demonios decidió como la futura reina de su especie, habla a su señor, intentando llamar su atención desde el pasillo que conectaba con el cuarto en el que él se encontraba, mas no hubo respuesta de su parte.
   Arnus está sentado sobre una cama raída, sin hacer movimiento alguno. Sus ojos están vacíos y observa a la nada misma en silencio.
   —¿Qué es lo que planea encerrándose así? —dice la Shezenvalery—. Lleva casi dos días ahí, ¿no cree que es momento de salir?
   Sin recibir respuesta alguna, la mujer Shezenvalery calla por unos segundos. Luego, se oyen unos pasos por fuera de la habitación, acercándose.
   —Muévete, Narea, yo me encargo —escucha decir a una voz aguda, característica de la pequeña Talavalery que le acompañaba desde el inicio.
    —Seño… ¿Tina? ¡¿Qué haces con eso en la mano?!
   Las palabras agitadas de la mujer atraen la atención del príncipe ligeramente.
   —¡Me cansé de tus estupideces, Arnus! —grita la chiquilla, al mismo tiempo que la puerta que los separaba se rompe en mil pedazos luego de una explosión. Arnus no puede evitar sorprenderse ante tal acto y devuelve su consciencia al mundo real, observando lo que quedó del dintel. Frente a él, se encuentra una Tina furiosa con piedras rojas que brillaban en sus manos.
   —¡Piedras mágicas explosivas! ¡¿De dónde sacaste eso, Tina?! —exclama Narea, con temor.
   —Arnus… —murmura Tina mientras observa al sorprendido Arnus con enfado—. ¡¡Idiota!!
   Tina le lanza una de las piedras. Arnus no alcanza a reaccionar y ésta explota muy cerca de él, mandándolo a volar por el cuarto.
   —¡¿Tina?! ¡¿Qué estás haciendo?! —exclama nervioso el príncipe, luego de volver en sí.
   —¡Eso te pregunto a ti!
   Tina lanza otra piedra explosiva sobre Arnus. Esta vez él logra esquivarla de un salto lateral. Las paredes de la habitación no tienen la misma suerte y se hacen trizas.
   —¡¿No les prometiste a tus subordinados que recuperarías el reino?! —continúa la pequeña con un regaño hacia el demonio.
   Las explosiones continúan alrededor del Shezenvalery, quien está perdiendo la paciencia.
   —¡Tina, basta de tonterías! —exclama Arnus, ya enfadado con la chiquilla.
   —¡Basta tú idiota! —replica la pequeña, siguiendo con el bombardeo—. ¡¿Te vas a desanimar sólo porque algunos de tu especie no están de tu lado?! ¡¿Cuántos años tienes?! ¡No seas infantil! ¡El mundo no es tan fácil como para pensar que todo irá perfectamente de acuerdo a tus planes! ¡No seas arrogante!
   Las palabras de la niña le recuerdan al príncipe lo sucedido el día anterior, cuando había cometido un grave error.
   —¡No hay nada que hacer, deben haber muchos más que piensan que sus vidas son mejores ahora! —explica, tanto para la niña como para sí mismo, intentando convencerse de que ya no tenía motivos para continuar con su misión.
   —¡¿Y eso qué rayos importa?! —responde Tina, dejando sin palabras al demonio—. ¡Les dijiste a los bandidos en el bosque que recuperarías el reino! ¡Una promesa! ¡Y ahora que has conseguido compañeros fieles, amigos que te apoyan e incluso un puto dragón, ¿te rindes?! ¡En serio, ¿qué mierdas pasa por tu cabeza?! —continúa la chiquilla, deteniendo su ataque y mirando a su compañero, quien yace en el suelo, sentado—. No soy el tipo de mujer que se queda sentada viendo cómo un amigo desiste de sus sueños. Tienes la fuerza para vencer a cualquier enemigo. Tienes la inteligencia como para formular planes que te permitan cumplir tus objetivos. Y tienes amigos que se preocupan por ti y te apoyan, ¿qué más quieres?
   —¿T-Tina? —murmura el Shezenvalery tras observar que la pequeña niña enfrente de él está derramando unas cuantas lágrimas de sus ojos, cayendo sobre sus enrojecidas mejillas.
   —Idiota… Lo tienes todo y te rindes…
   Arnus mira la imagen de su compañera, aquella niña que hace varios días ya se había acercado a él, buscando algo que no podría entregarle jamás. Habían pasado por muchas experiencias y su relación había cambiado a algo más que simples compañeros de viaje. Ella se mantenía junto a él y le apoyaba con todo lo que su pequeña figura podría ofrecer.
   El príncipe se mantiene pensativo por unos instantes. Luego suelta un largo suspiro y sonríe levemente.
   —Realmente no puedo contigo. ¿Lanzarme piedras explosivas para subirme el ánimo? ¿Qué tipo de tratamiento es ese? —comenta Arnus, con tono de resignación y al mismo tiempo con cierto aire de burla.
   —C-Cállate, con lo cabeza dura que eres, nada más hubiese funcionado —se excusa Tina.
   —Jaja, tienes razón, soy un torpe cabeza-dura… —responde a la niña con una leve risa—. Perdón por el espectáculo depresivo. Ya estoy mejor. Gracias, Tina.
   —Ni lo menciones. El deber de una reina también es mantener sus alianzas. Y tú y Narea son mis amigos. Es normal que intente subirte el ánimo —contesta la chiquilla, inflando su pecho.
   —No. No es normal que me subas el ánimo con piedras explosivas.
   —Pues tendrás que acostumbrarte. Si después de todo esto no logras ser un buen rey, tendrás que prepararte a sobrevivir a la explosión de tu castillo.
   —¡¿Harías explotar mi castillo?!
   Las últimas palabras de la angelita eran unas que el demonio no podía ignorar por nada. Considerando su personalidad impredecible, era posible que en ese momento estuviera hablando en serio, por lo que exclamó exaltado y nervioso.
   —Sólo si no eres un buen rey —contesta sin interés la chiquilla a la pregunta que con tanta preocupación le hacía Arnus—. En fin, es bueno tenerte más activo. Tu estado anterior era patético.
   —Lo siento, viste un lado de mí que no es agradable.
   —Considero que cuando mataste al «Héroe del impedimento» me mostraste bastante de tu lado desagradable, no quisiera ver más.
   —¿Están solas? —pregunta el Shezenvalery a ambas chicas al notar la ausencia de los hermanos una vez calmado.
   Narea, quien de momento no quería interrumpir con la interacción entre sus compañeros, usó esta oportunidad para volver a dirigirle la palabra a su señor.
   —Sí, Kalga y Meg salieron a comprar… —intenta responder la mujer.
   —¡¿Qué haces aquí?!
   Se oye un grito lleno de ira que interrumpe a la Shezenvalery.
   —Creo que ya volvieron —termina de decir Narea, lamentándose de no haber hablado antes.
   —¡Fuera de aquí, maldito!
   Mientras, los gritos hostiles continúan, preocupando al príncipe.
   —Parece que se meterán en problemas, vamos a ver.
   Tina, Arnus y Narea salen de la destruida habitación para encontrarse con una sorpresa no muy bienvenida: Fuske Elorjam y Kalatra Rabbok están frente a la puerta de entrada de la casa, siendo amenazados con armas por Kalga y Megala. Cuando el héroe ve a Arnus le da un pequeño saludo, alzando la mano.


   —¿Qué hacen ustedes aquí? —pregunta Tina con cierta hostilidad.
   —Hemos venido aquí para hablar —responde el «Héroe de la guardia».
   —No tenemos nada que hablar contigo —replica la pequeña, continuando hostil.
   Arnus observa a ambos no-invitados con un rostro pensativo. El semblante serio del héroe le indica la gravedad con la que habla y toma su decisión.
   —Kalga, Meg, déjenlos pasar.
   —¡S-Señor Arnus! ¡¿Por qué va a dialogar con esta traidora y este invasor?! —objeta el albino chico Shezenvalery.
   —Sus rostros me dicen que es algo importante. Además, si quisieran hacernos daño habrían traído al ejército que yace en el fuerte en vez de venir solos —responde el príncipe—. Fuske, hermana, por este lugar —termina de decir a ambos no-invitados.
   Arnus guía a la pareja a una habitación contigua a la anteriormente destruida. Kalatra observa la ruina que fue alguna vez un dormitorio con curiosidad. Tina y Narea les siguen mientras los hermanos se enfurecen y se mantienen distanciados, vigilando los alrededores de la casa en caso de que sea una trampa.
   En la habitación donde se disponen a conversar, están presentes dos camas. Cada grupo se sienta sobre una y se miran de frente.
   —¿Y bien? Díganme lo que quieren comunicar —interroga el príncipe.









No hay comentarios:

Publicar un comentario