Parte 3
Sobre un camino escondido en el bosque, una carreta
se mueve pacíficamente. Conduciéndola está Arnus, quien dirige al Pantema, el animal usual como transporte
de carretas y otros vehículos de un peso considerable. Tina se encuentra durmiendo
plácidamente sobre el príncipe mientras disfruta de la brisa generada por la
velocidad del viaje.
El Shezenvalery está callado, hay algo extraño en
los alrededores.
«Esto está muy tranquilo…», piensa, preocupado. Considerando la existencia de los
animales y monstruos en el bosque, éste debería de estar más activo. El inusual
silencio se le hace sospechoso.
«¡Atrás!»
Arnus siente una leve sed de sangre dirigida hacia
él y logra localizar a su enemigo. Esquiva a tiempo un zarpazo enorme de un
hombre-león que viajaba a una gran velocidad siguiéndoles, sin embargo no lo
logra completamente y sangre sale de su mejilla.
La carreta se detiene abruptamente. Con la fuerza
generada Tina sale despedida del lugar y sin tener tiempo suficiente como para
reaccionar ante la repentina escena, su rostro impacta contra el suelo.
—¡Oye, cuidado con mi bello cuerpo! —Tina protesta
enfadada, pero pronto se percata de la presencia de una tercera persona en
frente de ella—. ¿Eh? ¿Y ese quién es?
Un feral con el aspecto de un león, de músculos
trabajados y una armadura barbárica sonríe mientras lame sus garras ensangrentadas.
Arnus se coloca en frente de la pequeña y extiende
sus brazos en ademán de protegerla.
—Tina, quédate detrás de mí…
Su contrincante se mantiene sonriente y murmura para
sí mismo.
—Justo cuando pensé que no tendría dinero para beber
esta semana me llega este trabajo con una recompensa tan jugosa…
—¿Un mercenario? — Tina se esconde detrás del
Shezenvalery con temor ante el peligro que representa su enemigo—. ¡No, espera,
soy demasiado hermosa y joven para morir!
…O quizás no tanto temor si es que exclama algo como
eso frente a tal situación.
—No estoy interesado en matar crías, pero la
recompensa te incluye a ti también. —El mercenario se limita a emitir un bufido
ante las palabras que le hacen creer que ella está bromeando—. Mátala… —Su última palabra no va dirigida
hacia sus dos objetivos, sino a alguien más, escondido entre los árboles.
Por un costado del camino, desde el bosque, una daga
vuela hacia Tina. Arnus logra percatarse a tiempo y usa la armadura en su brazo
para bloquearla.
Su enemigo aprovecha esta distracción para atacar al
príncipe, pero su compañera nota la acometida y grita en advertencia. La
ofensiva es detenida en seco por una fuerte patada en el estómago del feral, lo
que le hace retroceder lejos.
«Tch, endureció su cuerpo mediante un hechizo,
tendré que usar más fuerza para la próxima»,
piensa el príncipe, tras evaluar el resultado de su contraataque.
La patada que el hombre-león recibió debería ser
suficiente como para hacerle un agujero por el impacto. El no mostrar ese
efecto indica el uso de magia de reforzamiento. Sin embargo, Arnus no sabe que
el daño interno fue mayor del que su enemigo esperaba, quien decide mantener la
distancia.
—Maldición, ¡Narea, ataca!
—Como ordene…
A una increíble velocidad, una chica de cabello
morado con una coleta baja se acerca al grupo por detrás. Sostiene en ambas
manos un arma cortante diferente, una de ellas con inscripciones que brillan
constantemente. Viste túnicas raídas y grilletes en su cuello y brazos, además
posee pequeñas cicatrices que sugieren que su cuerpo ha recibido varios
latigazos. Sus orejas puntiagudas y ojos amarillos dan cuenta de que es de la
misma especie que Arnus.
«No sentí su presencia al acercarse», se sorprende el
príncipe ante el nuevo enemigo detrás de él.
—Lo siento… —Los ojos de la chica muestran
aflicción, pero no interrumpe su acción y continúa el asalto—. Objetivo: mano izquierda. Inclinación: 125°.
Dirección: fija, lineal. Velocidad: alta: [Lanza vectorial].
A una gran velocidad, la chica se mueve como si su
brazo fuese jalado por una fuerza invisible, la que se dirige hacia el
príncipe.
«¡Es rápida!»
Arnus logra detener su ataque bloqueando su arma con
uno de sus brazos, pero de pronto siente un ardor por dentro de su armadura.
Está herido. El arma estaba encantada, permitiéndole
cortar a través de armaduras la carne de sus oponentes. Esta sorpresa distrajo
al príncipe y apenas pudo notar que su contrincante, usando otro hechizo
vectorial, había girado en torno a su brazo y amenazaba con atravesarle la
cabeza con su otra arma. El esquivarlo no era posible, por lo que usó su mano
libre para romper el brazo de la chica y así soltar una de sus cuchillas, pero
aquello fue una finta, pues el mercenario había tomado ventaja de esto y se
había acercado rápidamente a Arnus.
Tina observa la situación de lejos, sin poder hacer
mucho.
«Maldición. Y yo que pensé que podría tener un buen
progreso este día, resulta que llegan asesinos… Bueno, es mi culpa, no pensé
bien las cosas cuando mencioné el título de Arnus. Ah, fingir ignorancia es más
difícil de lo que pensé, esto restará puntos», se queja ella en su mente.
La batalla continúa frente a sus ojos. Arnus está
siendo herido por las garras del hombre-león, mientras que la chica ha sanado
su brazo mediante un hechizo.
«¿Siguen peleando? Arnus, ¿te estás conteniendo
porque ella es de tu especie? Idiota», regaña al príncipe en su mente viendo el
espectáculo. «Aunque debo admitir que esa chica es buena, mantiene inestable a
Arnus. Sin embargo, ¿por qué muestra esa expresión de dolor?»
—Lo siento, su majestad. Pensar que tendría que
levantar mi espada contra la realeza —se disculpa la acompañante del mercenario
mientras ataca despiadadamente al príncipe.
«Parece que le tiene respeto, aun así le ataca,
¿Esto se debe a…?», buscando una razón por la cual la chica de cabello morado
no se detenía, Tina se percata de los grilletes. «Oh, ya veo, es una esclava
del felidal. El contrato le obliga a luchar incluso si no lo desea. ¿Debería
ayudar? Parece que tiene problemas.»
Tina levanta uno de sus brazos y una inscripción
mágica aparece frente a ella, apuntando a la esclava enemiga.
—¿Qué…?
Sorprendida, la Shezenvalery no comprende que de
pronto el continuo ataque que realizaba se detuviera por un instante.
El tiempo ganado fue suficiente como para que Arnus
envíe a la chica lejos y concentrarse en el león, lanzándole un rayo el cual
apenas esquiva.
—¡¿Qué pasa?! ¡¿Por qué te detuviste estúpida?!
Casi muero, ¿Sabes? —grita el felidal, enfurecido con la muchacha Shezenvalery.
—Lo siento amo, no lo sé. De pronto mi cuerpo no
pudo moverse por una fracción de segundo y se entorpeció mi movimiento —responde
la esclava, temerosa ante los gritos de su amo, quien la observa furioso, y
además sorprendida y extrañada por la situación.
—Ya verás. Cuando termine esto, ni cien azotes
bastarán esta vez.
En silencio, la mujer Shezenvalery imagina la futura
tortura y tiembla de temor.
Arnus, escuchando su conversación, comienza a
mostrar sus cuernos.
—Como sea, no vuelvas a… —El hombre-león piensa
continuar con su ataque cuando de pronto se paraliza por completo, un aura
oscura y unos ojos negros le observan.
—Oye, eso que
acabas de decir… —Arnus mira su figura fijamente, con una sed de sangre lo
suficientemente grande como para que los instintos animales del humanoide le
gritaran sobre el peligro—. No tengo
nada en contra de esclavizar a mi especie, somos los perdedores y es lo normal.
Sin embargo, no puedo hacer oídos sordos a lo que acabas de decir. Esclavitud
es una cosa… —Arnus saca su gran espada desde dentro de la carreta mientras
habla y observa cómo se paraliza de miedo el mercenario, con sus orejas
escondidas—…pero no tolero la tortura.
La amenaza se hace más fuerte y el león entra en
pánico.
—¡N-Narea, acaba con él! —El felino envía a la
chica a toda velocidad contra el Shezenvalery. Por el rabillo del ojo se
percata de la presencia de Tina observando tranquilamente la batalla —. Esa
chica…
Mientras, Arnus bloquea el ataque de la chuchilla de
la esclava con su espada en una mano.
—Lo siento. Vientos, escuchen mi llamado, alejen al
adversario frente a mí. Mándenlo a volar lejos violentamente… —comienza
a murmurar el príncipe, levantando su otra mano.
Escuchando el conjuro, la chica pierde la compostura
y rápidamente utiliza un hechizo vectorial para elevarse y evitar el impacto
del ataque de su enemigo.
—[Onda de
choque]
Una fuerte ventisca, girando como si fuese un
huracán, sale de la palma del demonio, rompiendo algunos árboles en el camino.
«Tch, me esquivó», maldice el Shezenvalery en su
mente.
—Supera mi
límite, refuerza mi movimiento: [Aumento de velocidad] —el hombre-león,
mientras, lanza un hechizo sobre sí mismo y corre velozmente.
«Su movimiento es extraño, no se dirige directamente
a mí… ¡No será que…!»
Arnus se percata de sus intenciones, intenta atacar
a Tina mientras él no puede moverse libremente debido a los ataques de la
esclava al mando de su enemigo. De un zarpazo apresurado intenta dejar
inconsciente a su oponente y ayudar a la pequeña, pero es esquivado.
—Objetivo: mano
derecha. Velocidad: extrema… —La Shezenvalery prepara un nuevo ataque
mientras Arnus tiene sus ojos atentos a los movimientos del felidal quien
sonríe ante la situación desventajosa de su presa.
—¡Jajaja, no te distraigas! ¡No tienes tiempo como
para preocuparte por tu amiguita!
«¡No lo lograré a tiempo!»
—Dirección: lineal…
—La esclava continúa su hechizo mientras el príncipe nada puede hacer.
La pequeña Talavalery observa como su enemigo se ha
acercado abruptamente a ella y amenaza con arrebatar su vida de un gran
zarpazo. Quizás inmóvil por el miedo, o preocupada por Arnus, lo único que se
limita a hacer es el esconder levemente uno de sus brazos a su espalda.
—¡¡Tina!!
Arnus grita desesperado sin poder salvar a la
pequeña. Sangre cae al suelo en grandes cantidades. Sin embargo…
—¿Eh?
—¿Eh?
Amo y esclava se miran igualmente perplejos.
Atravesándole la costilla y llegando al pulmón,
Narea, la esclava, acababa de traicionar a su amo sin ser ese su objetivo. El
hombre-león abre sus ojos ampliamente, sin poder creer lo sucedido.
—¿C-Cómo pudiste? Se supone que no puedes atacar a
tu amo...
—¿Eh? No lo entiendo… ¿Cómo es posible?
Con sangre saliendo de su boca, el felino apenas
puede murmurar esas palabras frente a su agresora, quien no comprende sucedido.
Arnus mira perplejo a Tina.
—¿Qué? Nunca dije que mi único talento era enamorar
a los hombres —responde la Talavalery ante la contemplación de su compañero con
un rostro aburrido y colocando una de sus manos en la cadera en un gesto
arrogante.
—¿Fue obra de esta niña? —El mercenario, con sus
ojos perdiendo toda señal de vida, observa a la pareja quienes serían su presa—.
Tiene que ser… una broma…
Su enemigo cae muerto al suelo tras murmurar estas
últimas palabras.
Tina intenta explicarse sobre la situación, ya que
Arnus está comenzando a dudar de su acompañante.
—Soy la reina de los esclavos. ¿Creías realmente que
no tengo ningún poder sobre ellos? No seas idiota. Si bien no puedo liberarlos
sin tener el contrato a mano, puedo dar algunos comandos sencillos a mis
súbditos.
—Magia de restricción… —murmura Arnus finalmente,
tras entender el otro atributo que posee la pequeña Talavalery en frente de sí.
—¡Ugh! ¡¡¡Uwaaaaah!!!
De pronto, sin previo aviso, la chica demonio
esclava, quien había sido ignorada por unos segundos, comienza a gritar y
retorcerse en el suelo, afirmándose fuertemente la cabeza y dañando su joven
rostro con sus uñas, como si estuviera en un enorme dolor.
—¡¿Qué sucede?! —exclama Arnus, preocupado pues no
comprende la situación.
—Por atentar contra la vida de su amo, el castigo es
la muerte… —Tina en respuesta comienza a explicar mientras se dirige al cuerpo
sin vida de su enemigo—. Una lenta y dolorosa muerte, sintiendo que tu corazón
arde en llamas, que tu cabeza es destrozada por un martillo, que tus oídos te
son arrancados, tus entrañas devoradas y el resto de tu carne atravesada por
mil lanzas… A este ritmo no durará mucho…
La pequeña comienza a buscar algo entre las
pertenencias del mercenario. Saca un objeto arrugado desde el interior de sus
bolsillos.
«Todo por este estúpido pedazo de papel», piensa para sí al contemplar el
pergamino.
—Cambio de dueño: Tina Lyrium.
La chica de pronto deja de sufrir. Queda agotada,
pero al mismo tiempo perpleja sobre el repentino cambio.
—¿Ya no duele? —Jadeante, observa a la niña pequeña
que acompaña a su rey en frente de ella.
—Mi nombre es Tina Lyrium, reina de los esclavos y
diosa de la magia. Te he salvado la vida al cambiar el propietario de tu
contrato. Ahora yo soy tu dueña. Habla, dime tu nombre.
La chica no sabe cómo responder debido a su
confusión.
—Es una orden.
—¡Au! —exclama con un gritito la mujer. En
consecuencia de su falta de respuesta, Tina decidió obligarla por medio de las
restricciones del contrato. Los grilletes se iluminaron y lanzaron un pequeño
zumbido. Una corriente que pasa a través de la esclava, sacándola de su
confusión por el dolor—. N-Narea, me llamo Narea Arbalut… —responde finalmente.
—Buena chica, Narea. Como tal vez ya te has
percatado, puedo controlarte incluso sin el contrato. Podría hacer que seas mi
asesina personal. Te usaría para atraer hombres a mi propia causa. Te ordenaría
matar a gente inocente sólo por un capricho. Podría hacer tantas cosas contigo…
—Mientras Tina continúa hablando, el rostro de la chica palidece más y más y
comienza a sudar de sólo pensar bajo qué tipo de amo ha caído ahora —…pero no
es mi estilo.
Narea no entiende lo que sucede. ¿Todo lo que dijo
no será efectuado entonces? ¿Puede confiar en que no la obligarán a hacer esos
brutales y despiadados actos? Estas dudas en su cabeza, producto de su vida
como esclava, generan desconfianza ante Tina, haciéndola incapaz de realizar
acción alguna y esperando que sus siguientes palabras sean un «mentí» o algo
similar…
—Arnus cúrala… Cuéntame tu historia, Narea Arbalut.
Me da curiosidad tu rostro de constante depresión.
…pero esas palabras no llegaron. En cambio, le
solicitan que cuente lo sucedido mientras sería sanada de sus heridas
provocadas por la reciente batalla.
La Shezenvalery observa a Tina sin responder, lo que
molesta un poco a la pequeña.
—Es una orden.
—¡Au!
Repitiéndose la misma escena, la mujer reacciona
ante el mandato de la pequeña Talavalery y comienza a hablar de su vida.
Narea Arbalut nació en el pueblo de Stiba, al norte
del reino de Urak. Su infancia se vio interrumpida debido a la guerra que
llevaba ya un siglo entre su nación y el imperio Kaevalery.
Debido al agotado poder militar, fue criada para ser
un soldado y participar en la guerra activamente para defender a su país.
Cuando el rey Asur Rabbok murió y las filas
Shezenvalery perdieron fuerza, fue tomada como prisionera, donde decidieron convertirla
en una esclava.
Durante esos días, prácticamente a diario,
satisfacía los deseos de sus amos. Fue humillada, torturada y violada
incontables veces.
Una vez que perdió gran parte de su voluntad, fue
asignada a las tropas de refuerzo del enemigo. Aprovechando que era una
Shezenvalery y sus habilidades de sigilo, fue ordenada a infiltrarse y asesinar
a sus camaradas, ayudando al imperio a destruir las pocas defensas que les
quedaban a sus compatriotas. No importaba si de vez en cuando se resistía, al
final terminaba accediendo a la voluntad de sus amos.
Una vez se aburrieron de ella, fue subastada a bajo
precio en un bar de mala muerte, siendo comprada por un mercenario, el hombre-león.
—Eso suena mal, pero no creo que sea suficiente para
tener esos ojos —comenta Tina, que luego de escuchar la historia de la chica
sigue con una expresión de duda en su rostro, concluyendo que algo está
faltando—. ¿Tienes algún remordimiento en especial?
Narea expresa un rostro lleno de agonía y
arrepentimiento.
—Todavía oigo sus gritos al dormir… —Con voz
temblorosa, habla de sus mayores remordimientos durante la época en que era
usada para el imperio—. Esas vocecillas de quienes no pueden defenderse por sí
mismos... Ellos me obligaron, no pude evitarlo ni con todas mis fuerzas…
Lágrimas caen de los ojos de la Shezenvalery.
—¡¡Me ordenaron asesinar a niños!! ¡¡No tendrían
más de cinco años!! ¡¡Y ellos…!! ¡¡Ellos me obligaron a matarlos lentamente!! ¡¡Por
mera diversión!!
La chica comienza a llorar al rememorar su más
grande pecado. Podía de cierta manera soportar el hecho de haber traicionado a
su especie y asesinar a los soldados y civiles de su nación. Pero jamás podría
perdonarse el haber terminado con la vida de los pequeños.
Se odiaba a sí misma por ello. Por su debilidad. Por
su falta de voluntad.
—Ya, ya… —Tina la reconforta, acariciándole la
cabeza gentilmente mientras que Narea no puede hacer más que sollozar—. Dime.
Con todo lo que has pasado, ¿aún quieres vivir?
Ante las palabras de la pequeña, Arnus pierde la
compostura.
—Oye Tina, eso no es…
—Silencio Arnus, esto no es algo de lo que un
príncipe ausente tenga derecho a opinar.
Esas palabras finales hieren al demonio y se
mantiene en silencio. Sentía que ella tenía la razón. ¿Qué derecho tenía él
sobre decidir sobre la vida y la muerte de sus compatriotas luego de haberlos
abandonado por doscientos años?
Con una sonrisa amarga, Narea contesta a la pregunta
de Tina.
—No se trata de si quiero o no morir, esta carga es
algo que debo llevar con mi vida. Escapar sería una burla para aquellos a
quienes robé su futuro.
La respuesta dada sorprende al príncipe, mientras
que la pequeña Talavalery, que la estaba reconfortando, sonríe amablemente. Con
pequeñas palmaditas en la espalda de Narea, Tina está de buen humor.
—¡Bien dicho! ¡Entonces te daré la oportunidad de
redimirte! —La esclava frente a ella deja de lamentarse y observa a la niña que
alza el contrato de esclavitud, perpleja—. ¡Por el poder que este contrato me
confiere, libero a Narea Arbalut, hembra de la especie Shezenvalery, de su
esclavitud! ¡De ahora en adelante es una mujer libre y sus acciones le serán
otorgadas a ella misma!
Narea no comprende el significado de las palabras de
la pequeña niña en frente de ella, pero no tiene tiempo de preguntar, pues la
chiquilla continúa con su exclamación.
—El vínculo que este contrato entrega a su portador
es invalidado desde hoy… ¡Y para siempre! —con una alegre sonrisa, Tina
proclama esas palabras mientras el pergamino de papel en sus manos es consumido
por llamas producidas por él mismo, reduciéndose a cenizas.
Las cadenas y esposas que tenían atada a Narea se
deshacen, aligerando un peso de encima que llevaba muchos años. Ella está
completamente sorprendida.
—Soy… ¿libre?
Los ojos muertos que poseía comienzan a adquirir un
brillo intenso. Se puede percibir una alegría enorme en su rostro. Pequeñas
lágrimas brotan nuevamente de sus ojos y una leve sonrisa comienza a asomarse.
—Soy libre, al fin… —casi sin poder creerlo, Narea
se repite a sí misma su libertad—. Estoy liberada. Soy libre. Soy una mujer
libre… Jaja…—gritando de alegría, da un gran salto sobre Tina, abrazándola—. ¡¡Soy
libre!!
La pequeña es estrujada debido a la fuerza de los
brazos de la mujer.
—¡Gracias, muchas gracias! ¡En verdad te lo
agradezco mucho! —exclama mientras llora de alegría sobre Tina, quien
simplemente se siente incómoda al recibir tanto afecto.
—¡Oye, oye, no llores tanto sobre mí, es asqueroso,
tus mocos se pegan a mi ropa! —se queja la pequeña.
—¡No puedo evitarlo, no pensé que este día llegaría!
¡Creí que sería una esclava hasta que algún dueño se aburriera de mí y
terminara con mi vida! ¡Eres una chica maravillosa!
—¡Agh! ¡Aprietas demasiado fuerte! ¡¡Suéltame!! —Al
ver que no puede zafarse del abrazo de la chica que acababa de liberar, la
pequeña Talavalery mira con ojos implorantes al príncipe—. Arnus, ayuda…
El monarca sonríe ante la situación.
—¿Podrías dejar de estrujarla así? Le prometí que
la protegería de cualquier peligro.
Luego de escuchar las palabras del Shezenvalery a su
lado, Narea reacciona bruscamente al percatarse la identidad de aquel a quien
estaba ignorando hasta ahora.
—¡Majestad!
La chica deja de abrazar a Tina y se arrodilla en el
suelo apresuradamente.
—¿Cómo puedes estar tan segura de que él es tu rey?
—pregunta la Talavalery, curiosa sobre el actuar de la chica, quien no debería
conocer la identidad del príncipe, pero aun así le titula como «majestad».
—Nosotros, los Shezenvalery, podemos detectar la
fuerza emanada por nuestros compatriotas. Admiramos la fuerza y el poder, tanto
que solemos elegir a nuestros líderes bajo ese criterio. Y el poder que emana
este individuo… Sobrepasa el poder del anterior rey, Asur Rabbok. —Con sus ojos
cerrados y apuntando al suelo en señal de respeto, se dirige hacia Arnus—. Dígame
señor, ¿cuáles son sus planes?
—Pretendo recuperar el reino de Urak, nuestro reino.
Pero para eso necesito dos cosas. Estoy de viaje en busca de ellas —responde el
príncipe de los demonios.
—Veo que ustedes dos van juntos, si puedo servir a
mi rey y a mi salvadora al mismo tiempo sería un gran honor. ¿Me puedo unir a
su grupo? —propone la muchacha de cabello morado.
—¿Planeas seguir a Arnus en su viaje también? —consulta
Tina, con un rostro aburrido. Se mantiene en silencio por unos instantes, pero
luego un pensamiento recorre su cabeza y entra en pánico—. ¡Ni hablar! ¡Me lo
quieres quitar! ¡Tienes pensado volverte reina de tu especie! ¡Arnus es mío, es
mi guardaespaldas personal! ¡No te lo puedes quedar!
—¿Desde cuándo soy una propiedad? —Arnus intenta
refutar, pero es ignorado.
—¡Oh, ya veo! ¡Entonces usted, mi señora, ha de ser
la pareja del rey! ¡Mi reina!
—¡Oye, oye! ¡¿Cómo llegaste a esa conclusión?! ¡Yo
no me meto con niñas pequeñas! —Arnus objeta ante las palabras de Narea, pero
es ignorado nuevamente.
Tina sonríe, se acerca ligeramente a la Shezenvalery
y comienza a susurrarle.
—No estamos emparejados, pero planeo seducirlo y
enamorarlo hasta el punto en que me obedecerá en todo bajo su propia voluntad,
ya verás.
—¡Sí! ¡Espero su éxito! ¡Nada me alegraría más que
tener por rey a alguien tan fuerte y como reina a una mujer tan magnífica como
usted! ¡Tiene todo mi apoyo!
—¡Jajaja, me agrada esta chica! —Tina cae ante los
cumplidos de Narea y decide aceptar su propuesta—. Arnus, dejemos que nos
acompañe, es veloz y es fuerte. Un guardaespaldas más siempre es mejor.
—Qué rápido cambias de opinión. Como quieras, pero
la carreta sólo tiene espacio para dos personas.
—Oh, no se preocupe por mí, señor, no puedo viajar en
el mismo vehículo que usted.
Narea silba al bosque.
Tap tap tap.
Pisadas apresuradas sobre la hierba suenan a lo
lejos.
—¡Kuaaaah!
Un plumífero gigante con riendas y una pequeña
montura aparece de entre los arbustos. Su tamaño supera al de Arnus. Una bestia
de transporte para una o dos personas, el animal perfecto para viajes en
solitario.
Narea presenta al animal quien está inspeccionando a
los nuevos rostros.
—Ku ku… ¿Ke?
Son personas completamente desconocidas para el ave
y ladea su cabeza, pero luego deja de prestarle importancia y se queda de pie,
hipnotizado por las alas brillantes de Tina.
—Este Nujulavdo
nos llevaba a mí y a mi ex amo. No es tan veloz como su Pantema, pero resiste variados climas y terrenos.
—Bien, entonces sube. Aún quedan otros grupos de
asesinos buscándonos, debemos partir de inmediato.
—¡Sí!
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