Parte 1
—Es una lástima… —comenta Rugeivyr al
observar la gran cantidad de soldados enemigos mientras se asoma sobre el muro
del fuerte Kaskarya—. Si fuese un dragón de fuego podría ver cómo
huyen de las llamas. Sería muy divertido.
—No digas cosas tan peligrosas —responde Tina, con
nerviosismo y evitando el contacto visual con el dragón.
Los Drogury se diferencian del resto de especies
inteligentes en cuanto a la magia, ya que ellos no poseen el potencial de usar
varios atributos mágicos, sino sólo uno. Dependiendo del color de sus escamas
uno puede reconocer el elemento asociado a la bestia y tomar contramedidas. Sin
embargo, esta desventaja se compensa en que los dragones no necesitan del aton, la verbalización, para generar sus
hechizos y además ellos tienen una capacidad mágica mucho mayor que la de otras
especies.
Rugeivyr es un dragón negro, cuyo atributo único es
la oscuridad, siendo incapaz de provocar llamas para quemar a sus enemigos.
Hecho que él considera injusto.
—El plan es distraer
a los soldados para que Arnus pueda sacarle información al héroe, ¿verdad?
—pregunta Kalga, buscando una confirmación ante el procedimiento de acción e
ignorando al gran dragón a su lado.
—¿No estabas escuchando cuando lo dijo? —recrimina
Meg.
—Qué poco responsable —recrimina Tina.
—¡¿Y quién crees que tiene la culpa?! ¡Estaba muy
distraído por la ropa que me pusieron!
Kalga se estaba quejando, enrojecido, del atuendo
que ambas niñas decidieron que vestiría. Un traje revelador que exponía su
estómago al aire y la mayor parte de sus piernas. Lo consideraba humillante y
al mismo tiempo, poco práctico. Como información adicional, el traje elegido
fue una venganza de su hermana por las críticas a su vestimenta cuando estaban
buscando nuevas armas y armaduras en los montes Graken, pero el demonio no
sabría eso.
—Aw, pero te ves tan lindo cuando te avergüenzas —dice
burlescamente su hermana.
—¡No quiero que me digan lindo por eso! ¡Argh! ¡Voy
a descargar mi ira contra cualquier
soldado que se acerque! ¡Vengan a por mí!
Obedeciendo a los gritos y gruñidos del
Shezenvalery, una mano se posa sobre la superficie del muro. Soldados enemigos
suben por las escaleras de la gran pared del fuerte y alzan sus armas contra el
grupo. Narea prepara sus cuchillas y Kalga levanta una pesada lanza.
—¿Eh?
Pero antes de que iniciase la batalla, algo les
deja perplejos y se mantienen inmóviles por unos segundos.
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