jueves, 6 de junio de 2019

E.T V.1 C.4-2

Capítulo 4: Traición
Parte 2


   —¡Despierta Tina!
   Un repentino grito despierta a la chica, sacándola de su sueño, sobresaltada.
   —¿Qué sucede? No es de buena educación despertar a gritos a una dama —comenta molesta, frotándose los ojos y dando un pequeño bostezo. Luego de que su mente estuviera más alerta, nota que hay una persona más en la habitación. Una chica demonio, probablemente de una edad similar a ella. Su cabello blanco y ondulado ocultaba parcialmente sus orejas puntiagudas—. ¡Arnus! ¡Hay una chica desconocida en la habitación!
   —¿No la recuerdas? Es la niña que estaba con los bandidos —explica Arnus, extrañado de la poca memoria que posee su acompañante.
   —¿Cómo voy a recordar algo tan insignificante?
   La pequeña demonio, quien estaba escuchando la conversación de cerca, reacciona ante las palabras ofensivas de Tina.
   —¿Oh? Conque insignificante… —comenta mientras se acerca a la pequeña alada. Ella es ligeramente más alta, por lo que se aproxima lo suficiente como para mirarla despectivamente hacia abajo, con una sonrisa que muestra sus afilados dientes, no exactamente expresando alegría.
   Ante la hostilidad de la desconocida, Tina se limita a mirarla fijamente a los ojos, desafiante.
   Pam.
   —Pueden pelear después si quieren, primero debemos salir de aquí —dice Arnus, luego de darles un pequeño coscorrón a ambas chicas en la cabeza, en tono reprobatorio.
   —¡Ay! —exclama la Talavalery mientras posa sus manos en su cabeza por el dolor—. ¿Sucedió algo? —pregunta extrañada. Hasta hace un tiempo atrás estaba todo tranquilo y sin señales de enemigos aproximándose.
   —Nos rodea una tropa de soldados Kaevalery.
   Lo que se temía. Algo había sucedido mientras dormía. Considerando las circunstancias, sólo había un cambio importante respecto de la situación anterior.
   —La culpa la tiene esta chica, ¿verdad? —comenta mientras señala con su pulgar a la pequeña bandida, quien reacciona actuando a la defensiva.
   Arnus ignora la pequeña batalla en la que combaten las chiquillas y observa a los enemigos por la ventana. Ya están demasiado cerca.
   —¡No perdamos más tiempo! ¡Narea, toma a las chicas y vete con ellas! ¡Nos juntaremos cerca de la fogata!
   —¡Sí señor!
   Narea se lleva a Tina y a Megala, la pequeña bandida, fuera de la habitación.

***

   —¿Será buena idea este plan?
   Ganmian, un Kaevalery vistiendo del traje usual que le califica como guardia de la ciudad y armado de una lanza, pregunta nerviosamente a sus compañeros. Su unidad fue ordenada a capturar a un peligroso demonio, y a su esclava, que había estado causando problemas en la ciudad de Sakarea. Se rumoreaba que el amo tenía una fuerza lo suficientemente grande como para romperle el cráneo a cualquiera de un único golpe y que la esclava era poseedora de un hechizo que nublaba el juicio de los hombres.
   —Descuida, somos muchos más que ellos. Además, no saben que estamos aquí, los tomaremos por sorpresa —reconforta uno de sus superiores mientras le da palmaditas en la espalda.
   ¡Crash!
   Contrario a sus expectativas, una de las ventanas del edificio que estaban rodeando se rompe con un estruendoso ruido. Los cristales caen peligrosamente al suelo, obligándoles a dar marcha atrás para evitar heridas. Poco tiempo después, una persona con una armadura completa de Krokalcys cae al suelo.
   Sus ojos y orejas delatan la especie del desconocido. Un demonio.
   —¿Me buscaban? —dice el desconocido que cayó frente a ellos.
   —¡Atrás demonio! ¡Los tenemos rodeados! —grita Ganmian, preparando su arma sin notar que sus piernas estaban tiritando.
   —¿Oh? ¿No sería mejor que concentrasen sus fuerzas en mí? Soy bastante peligroso si no se me trata con la debida cautela —responde su enemigo, mirándole fijamente a los ojos, lo que le hace retroceder instintivamente.
   —Lo que dice es verdad…
   El guardia Kaevalery desvía su mirada en dirección de la voz que ha escuchado. El capitán Arles se encuentra allí, con sus características cicatrices en el rostro. Se dice que luchó contra este demonio anteriormente y fue el único en sobrevivir.
   —¿Te conozco? —pregunta el objetivo de captura, mirándole con duda.
   —Nos vimos en un restaurante en la ciudad Sakarea. No me presenté en ese momento y mi nombre es irrelevante en esta situación. Lo que importa aquí es confirmar el tuyo —contesta su capitán sin hacer reparo en la ignorancia provocativa de su enemigo—. Arnus Rabbok, hijo de Asur Rabbok, príncipe de los demonios, ¿estoy en lo correcto?
   —Tendré que castigar a Tina por esto… —escucha murmurar a su contrincante.
   —Al menos parece que te denominas con ese nombre, a pesar de que deberías ser un anciano.
   —Como bien y hago ejercicio todos los días —contesta en tono burlón.
   «Conversaciones triviales… Está haciendo tiempo», se percata Ganmian, sin saber bien el motivo de esto.
   —Por cierto, la chica que les dio este paradero tenía un hermano, ¿sabes dónde se encuentra?
   La misión que tenían era capturar al demonio llamado Arnus y a la esclava que lo acompañaba, pero esto sólo fue posible porque al parecer una subordinada del supuesto príncipe se encontraría con él en ese lugar. Al menos esa era la información que dominaba este guardia cuando el capitán mencionaba los detalles del plan.
   —¿El hermano? Ah, me lo dieron como esclavo —responde Arles con un tono pensativo—. Aunque no lo quiero…
   «El capitán Arles también está haciendo tiempo… Ah, es para que lleguen todas las tropas al lugar, de seguro escucharon la ventana romperse.»
   —Tendrás que buscarlo tú mismo… Oh, ya están aquí.
   Tal como pensó el guardia, nuevas tropas llegan al lugar junto con más refuerzos de lo esperado. Algunos eran soldados con pesadas armaduras y grandes escudos y otros llevaban ropas ligeras y holgadas, características de los magos. ¿Exactamente a qué monstruo se enfrentaban para necesitar de tantas personas?
   —Supongo que sí… Cesen los movimientos… —comienza a decir el demonio mientras apuntaba con su mano derecha al grupo.
   —¡Colóquense detrás de mí! ¡Rápido! —grita su capitán, extendiendo sus brazos. Sin comprenderlo bien, Ganmian obedece sus órdenes.
    —…que el aire y el líquido vuelvan a ser sólidos, una baja en la temperatura. Congela los suelos, inmoviliza todo a tu paso…
   Mantennos bajo tu protección, espíritu del fuego, rey cuyo dominio es el caos en la materia. No permitas que nuestros latidos se detengan...
   —[Cero absoluto]
   —¡[Manto de calor]!
   Los hechizos de ambos contendientes chocan. El intenso calor se opone al gran descenso de temperatura de los alrededores, el cual pareciera que se acercaba a ellos a gran velocidad, causando que una gran nube de vapor se alzara por el ambiente, dificultando la visión.
   —Tch, algunos no llegaron a tiempo —se lamenta el capitán al ver soldados congelados a lo lejos.
   El demonio aparece de entre la espesa niebla, arremetiendo contra Arles, quien logra percatarse y esquiva un zarpazo de su enemigo.
   Antes de que Ganmian se atreviera a atacar directamente, uno de sus compañeros se lanza sobre el supuesto príncipe e intenta atravesarlo con su lanza, pero el demonio se apoya de la fuerza rotacional de su anterior ataque y con un salto gira velozmente, propinándole una patada en la cabeza, la cual le rompe el cuello.
   Debido a aquella escena, muchos pierden la iniciativa de combatir, moral que notó su capitán.
   Refleja la luz a mi alrededor: [Brillo encandilador] —conjura.
   Una fuerte luz aparece, rodeando el cuerpo del capitán Arles, tan intensa que el demonio no puede evitar cubrirse con sus brazos y entrecerrar sus ojos.
   —¡Ahora! ¡Ataquen! —ordena a sus subordinados, quienes aprovechan la condición actual de su enemigo para cargar una ofensiva.
   Reino de las sombras, manifiéstate ante mí y ciega a quienes se oponen a mi voluntad: [Oscuridad total].
   Dicho el conjuro, una gran sombra aparece y consume toda la luz en un determinado radio.
   —¡¿Qué es esto?!
   —¡No veo nada!
   —¡¿Dónde está?!
   Si antes los soldados poco visualizaban a sus alrededores debido a la niebla, ahora estaban completamente ciegos. La oscuridad les rodeaba y no eran capaces de siquiera ver sus propias manos.
   —¡Cálmense, esta habilidad no debe permitirle vernos tampoco!
   Ganmian conjura un hechizo de luz tenue para ver mejor lo que le rodea, así puede evitar herir a sus compañeros si es que chocan mientras caminan a ciegas. Sin embargo no es muy efectiva, es casi como si una tela oscura estuviese rodeando y absorbiendo poco a poco las emisiones de su hechizo.
   Sin previo aviso, dejó de sentir sus piernas y se desplomó en el suelo.
   Un grito se oye no muy lejos de él.
   —¡¿Qué pasa?!
   —¡Aquí está!
   —¡No, aléjate…!
   De entre los gritos, Ganmian, adolorido, nota murmullos de su capitán. Visualiza una pequeña luz a la distancia, probablemente por un hechizo más fuerte que el que él mismo había utilizado.
   Un sonido que pareciese ser un impacto contra el suelo es escuchado y la oscuridad se desvanece completamente.
   —No soy bueno buscando gente, me dirás dónde se encuentra el chico.
   La voz demandante le llama la atención y esforzándose para ver de dónde provenía Ganmian pudo reconocer a su capitán, tendido en el suelo y siendo su cabeza sostenida por el enemigo.
   —¡No le diré nada a un demonio! ¡Puedes torturarme si quieres! ¡Nunca sabrás su paradero de mi boca!
   —¿Estás seguro?
   —Nada de lo que hagas hará que…
   El capitán estaba desafiando valientemente al supuesto príncipe, esforzándose para retirar su mano de su cabeza. Pero luego su mirada se posó en sus subordinados, palideciendo cada vez más por cada soldado que veía. Sus ojos se detuvieron en Ganmian.
   «¿Qué sucede capitán? ¿Por qué me ve con ese rostro?»
   Ganmian, confundido, no comprende la situación. Él también comienza a ver a sus compañeros de armas. Todos estaban en el suelo, algunos quejándose, otros arrastrándose débilmente. Todos ellos tenían sus brazos y sus piernas tornados en un ángulo donde no deberían ser posibles de doblarse.
   Notando que él tampoco podía moverse correctamente, observa sus extremidades…
   «Ah…»
   …no estaban.
   Luego de eso, comienza a sollozar. Su cuerpo tiembla de miedo y él expresa pequeños gritos sin control. En su mente él estaba calmado, contradiciendo sus acciones actuales.
   —Son soldados bastante jóvenes. Algunos probablemente ni siquiera han formado una familia, sería un desperdicio perderlos aquí, ¿no crees? —habla el demonio, en un tono desinteresado—. ¿Dónde está el chico?
   —Te lo diré si curas a mis soldados.
   —Respuesta equivocada.
   Con un chasquido de dedos, la cabeza de uno de los soldados, alguien que se encontraba directamente al lado de Ganmian, explota en pedazos.
   La imagen del cuerpo de su compañero manteniéndose inmóvil frente al charco de sangre y sesos que había en el suelo fue completamente aterrador.
   Sentía náuseas. Sentía miedo. Sentía ira.
   {¿Odio?}
   La palabra escrita en el idioma del mundo aparece en su mente, quizás producto de su imaginación.
   Sí, sentía odio. Odio hacia los demonios que iniciaron la guerra, causando problemas a su país. Odio hacia su supuesto príncipe al frente de él, quien dañó gravemente a sus camaradas y tortura mentalmente a su capitán.
   —¡Maldito monstruo! —grita Arles, lleno de ira.
   —Monstruo, ¿eh? Sí, ciertamente lo somos para ustedes… —responde su enemigo, frunciendo el ceño y enseñando sus dientes en señal de enfado. Aplicando más fuerza, empuja la cabeza del capitán, impactándola en el suelo, sin matarlo—. No te confundas, no estás en posición de negociar aquí. Poco me importan las vidas de tus subordinados, pero les daré una oportunidad de vivir. No creo que seas tan tonto como para rechazar esta oferta. ¿O prefieres que te muestre lo que un verdadero monstruo puede hacer? ¿Debería desmembrarlos a todos y luego devorarlos? ¿Quieres que actúe así? Dime, señor superior, ¿qué crees que haría como el monstruo que soy?
   Emanando el aura característica de los demonios, el príncipe critica el trato a su especie desde la antigüedad. Pero nadie se percató de ello. Los soldados pensaron que estaba hablando en serio, pues para los Kaevalery, los demonios son monstruos que no deberían existir, no hay razón para no tratar a un ser de ese tipo como un monstruo. No podrían comprenderlo.
   —Supongo que no quieres eso… —continúa, calmándose—. Dime dónde está el chico y tú y tus subordinados sólo quedarán inconscientes.
   —¿Cómo sé que puedo confiar en tu palabra?
   —Me estás colmando la paciencia. No hay manera, ¿pero prefieres arriesgarte a no responder? No intentes mentirme, puedo detectar cuando alguien no dice la verdad.
   Sus últimas palabras probablemente eran una mentira, pero el capitán no se arriesgaría a poner en peligro a todos los soldados presentes. Es verdad que ellos eran soldados y como tal, deberían estar preparados para perder sus vidas en servicio. Pero eso no quería decir que él no se sentiría culpable de ser el causante de la muerte de sus subordinados. No, no podría.
   El capitán Arles se lo pensó por un momento, debatiéndose entre intentar salvar a sus compañeros o dejarlos morir y evitar que ese demonio adquiera a un muchacho como subordinado…
   —El chico se encuentra en la prisión de la ciudad, el lugar exacto lo desconozco —contesta finalmente.
   —Gracias por la información…
   Ganmian siente una profunda admiración hacia su capitán al tratar de salvarlos a él y a sus compañeros. Si lograba rehabilitarse luego de perder sus miembros, está decidido a seguirle a donde fuera y ayudarle como pudiese en el futuro.
   —…y perdón.
   Contrario a su promesa, el demonio agarra fuertemente el cuello del capitán Arles y sacude ligeramente su mano.
   Crack.
   Ganmian escucha el crujir de los huesos de quien intentó proteger sus vidas. Inmediatamente después de eso, antes de tener cualquier sentimiento respecto de la situación, su consciencia se desvanece.

***

   —Cuando llegamos estaban todos muertos. —Un Kaevalery comienza el reporte a su superior—. Sus cabezas habían sido destruidas, como si hubiesen explotado desde dentro, o sus cuerpos habían sido congelados. El capitán Arles y un guardia fueron los únicos diferentes, les rompieron el cuello. A juzgar por las marcas, el capitán fue estrangulado. No dejaron pistas de su paradero actual.
   —No conocemos el motivo, pero todos estaban juntos en un mismo lugar, facilitando la recuperación de sus cuerpos —continúa otro Kaevalery, mientras indica una zona donde sólo quedaban pequeños charcos de sangre. Luego, se posiciona frente a un cadáver que pareciera estar sentado, con la cabeza colgando, apoyado de la pared de un edificio—. El capitán fue dejado en este muro, separado del resto.
   —Según otro reporte, los brazos y piernas de los soldados fueron quebrados mientras seguían con vi…
   —Suficiente, soldado —interrumpe su superior, quien estaba observando el cadáver del capitán, cerrándole los ojos. Un hombre alto, de rostro maduro, con un extraño peinado de dos colores. Alguien a quien reconocían como uno de los héroes que vencieron al malvado rey demonio.
   —¿Señor?
   —Ya escuché suficiente —continúa, dando media vuelta y mostrando muy claramente el disgusto y enfado en su rostro—. Voy a asegurarme de que esas bestias paguen por esto…


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