Parte 2
—¡Despierta Tina!
Un repentino grito despierta a la chica, sacándola
de su sueño, sobresaltada.
—¿Qué sucede? No es de buena educación despertar a
gritos a una dama —comenta molesta, frotándose los ojos y dando un pequeño
bostezo. Luego de que su mente estuviera más alerta, nota que hay una persona
más en la habitación. Una chica demonio, probablemente de una edad similar a
ella. Su cabello blanco y ondulado ocultaba parcialmente sus orejas puntiagudas—.
¡Arnus! ¡Hay una chica desconocida en la habitación!
—¿No la recuerdas? Es la niña que estaba con los
bandidos —explica Arnus, extrañado de la poca memoria que posee su acompañante.
—¿Cómo voy a recordar algo tan insignificante?
La pequeña demonio, quien estaba escuchando la
conversación de cerca, reacciona ante las palabras ofensivas de Tina.
—¿Oh? Conque insignificante… —comenta mientras se
acerca a la pequeña alada. Ella es ligeramente más alta, por lo que se aproxima
lo suficiente como para mirarla despectivamente hacia abajo, con una sonrisa
que muestra sus afilados dientes, no exactamente expresando alegría.
Ante la hostilidad de la desconocida, Tina se limita
a mirarla fijamente a los ojos, desafiante.
Pam.
—Pueden pelear después si quieren, primero debemos
salir de aquí —dice Arnus, luego de darles un pequeño coscorrón a ambas chicas
en la cabeza, en tono reprobatorio.
—¡Ay! —exclama la Talavalery mientras posa sus manos
en su cabeza por el dolor—. ¿Sucedió algo? —pregunta extrañada. Hasta hace un
tiempo atrás estaba todo tranquilo y sin señales de enemigos aproximándose.
—Nos rodea una tropa de soldados Kaevalery.
Lo que se temía. Algo había sucedido mientras
dormía. Considerando las circunstancias, sólo había un cambio importante respecto
de la situación anterior.
—La culpa la tiene esta chica, ¿verdad? —comenta
mientras señala con su pulgar a la pequeña bandida, quien reacciona actuando a
la defensiva.
Arnus ignora la pequeña batalla en la que combaten
las chiquillas y observa a los enemigos por la ventana. Ya están demasiado
cerca.
—¡No perdamos más tiempo! ¡Narea, toma a las chicas
y vete con ellas! ¡Nos juntaremos cerca de la fogata!
—¡Sí señor!
Narea se lleva a Tina y a Megala, la pequeña
bandida, fuera de la habitación.
***
—¿Será buena idea este plan?
Ganmian, un Kaevalery vistiendo del traje usual que
le califica como guardia de la ciudad y armado de una lanza, pregunta
nerviosamente a sus compañeros. Su unidad fue ordenada a capturar a un
peligroso demonio, y a su esclava, que había estado causando problemas en la
ciudad de Sakarea. Se rumoreaba que el amo tenía una fuerza lo suficientemente
grande como para romperle el cráneo a cualquiera de un único golpe y que la
esclava era poseedora de un hechizo que nublaba el juicio de los hombres.
—Descuida, somos muchos más que ellos. Además, no
saben que estamos aquí, los tomaremos por sorpresa —reconforta uno de sus superiores
mientras le da palmaditas en la espalda.
¡Crash!
Contrario a sus expectativas, una de las ventanas
del edificio que estaban rodeando se rompe con un estruendoso ruido. Los
cristales caen peligrosamente al suelo, obligándoles a dar marcha atrás para
evitar heridas. Poco tiempo después, una persona con una armadura completa de
Krokalcys cae al suelo.
Sus ojos y orejas delatan la especie del
desconocido. Un demonio.
—¿Me buscaban? —dice el desconocido que cayó frente
a ellos.
—¡Atrás demonio! ¡Los tenemos rodeados! —grita
Ganmian, preparando su arma sin notar que sus piernas estaban tiritando.
—¿Oh? ¿No sería mejor que concentrasen sus fuerzas
en mí? Soy bastante peligroso si no se me trata con la debida cautela —responde
su enemigo, mirándole fijamente a los ojos, lo que le hace retroceder
instintivamente.
—Lo que dice es verdad…
El guardia Kaevalery desvía su mirada en dirección
de la voz que ha escuchado. El capitán Arles se encuentra allí, con sus
características cicatrices en el rostro. Se dice que luchó contra este demonio
anteriormente y fue el único en sobrevivir.
—¿Te conozco? —pregunta el objetivo de captura,
mirándole con duda.
—Nos vimos en un restaurante en la ciudad Sakarea.
No me presenté en ese momento y mi nombre es irrelevante en esta situación. Lo
que importa aquí es confirmar el tuyo —contesta su capitán sin hacer reparo en
la ignorancia provocativa de su enemigo—. Arnus Rabbok, hijo de Asur Rabbok,
príncipe de los demonios, ¿estoy en lo correcto?
—Tendré que castigar a Tina por esto… —escucha
murmurar a su contrincante.
—Al menos parece que te denominas con ese nombre, a
pesar de que deberías ser un anciano.
—Como bien y hago ejercicio todos los días —contesta
en tono burlón.
«Conversaciones triviales… Está haciendo tiempo», se percata Ganmian, sin saber bien el
motivo de esto.
—Por cierto, la chica que les dio este paradero
tenía un hermano, ¿sabes dónde se encuentra?
La misión que tenían era capturar al demonio llamado
Arnus y a la esclava que lo acompañaba, pero esto sólo fue posible porque al
parecer una subordinada del supuesto príncipe se encontraría con él en ese
lugar. Al menos esa era la información que dominaba este guardia cuando el
capitán mencionaba los detalles del plan.
—¿El hermano? Ah, me lo dieron como esclavo —responde
Arles con un tono pensativo—. Aunque no lo quiero…
«El capitán Arles también está haciendo tiempo… Ah,
es para que lleguen todas las tropas al lugar, de seguro escucharon la ventana
romperse.»
—Tendrás que buscarlo tú mismo… Oh, ya están aquí.
Tal como pensó el guardia, nuevas tropas llegan al
lugar junto con más refuerzos de lo esperado. Algunos eran soldados con pesadas
armaduras y grandes escudos y otros llevaban ropas ligeras y holgadas,
características de los magos. ¿Exactamente a qué monstruo se enfrentaban para
necesitar de tantas personas?
—Supongo que sí… Cesen
los movimientos… —comienza a decir el demonio mientras apuntaba con su mano
derecha al grupo.
—¡Colóquense detrás de mí! ¡Rápido! —grita su
capitán, extendiendo sus brazos. Sin comprenderlo bien, Ganmian obedece sus
órdenes.
—…que el aire y el líquido vuelvan a ser
sólidos, una baja en la temperatura. Congela los suelos, inmoviliza todo a tu
paso…
—Mantennos
bajo tu protección, espíritu del fuego, rey cuyo dominio es el caos en la
materia. No permitas que nuestros latidos se detengan...
—[Cero absoluto]
—¡[Manto de calor]!
Los hechizos de ambos contendientes chocan. El
intenso calor se opone al gran descenso de temperatura de los alrededores, el
cual pareciera que se acercaba a ellos a gran velocidad, causando que una gran
nube de vapor se alzara por el ambiente, dificultando la visión.
—Tch, algunos no llegaron a tiempo —se lamenta el
capitán al ver soldados congelados a lo lejos.
El demonio aparece de entre la espesa niebla,
arremetiendo contra Arles, quien logra percatarse y esquiva un zarpazo de su
enemigo.
Antes de que Ganmian se atreviera a atacar
directamente, uno de sus compañeros se lanza sobre el supuesto príncipe e
intenta atravesarlo con su lanza, pero el demonio se apoya de la fuerza
rotacional de su anterior ataque y con un salto gira velozmente, propinándole
una patada en la cabeza, la cual le rompe el cuello.
Debido a aquella escena, muchos pierden la
iniciativa de combatir, moral que notó su capitán.
—Refleja la
luz a mi alrededor: [Brillo encandilador] —conjura.
Una fuerte luz aparece, rodeando el cuerpo del
capitán Arles, tan intensa que el demonio no puede evitar cubrirse con sus
brazos y entrecerrar sus ojos.
—¡Ahora! ¡Ataquen! —ordena a sus subordinados,
quienes aprovechan la condición actual de su enemigo para cargar una ofensiva.
—Reino de las
sombras, manifiéstate ante mí y ciega a quienes se oponen a mi voluntad: [Oscuridad
total].
Dicho el conjuro, una gran sombra aparece y consume
toda la luz en un determinado radio.
—¡¿Qué es esto?!
—¡No veo nada!
—¡¿Dónde está?!
Si antes los soldados poco visualizaban a sus
alrededores debido a la niebla, ahora estaban completamente ciegos. La
oscuridad les rodeaba y no eran capaces de siquiera ver sus propias manos.
—¡Cálmense, esta habilidad no debe permitirle
vernos tampoco!
Ganmian conjura un hechizo de luz tenue para ver
mejor lo que le rodea, así puede evitar herir a sus compañeros si es que chocan
mientras caminan a ciegas. Sin embargo no es muy efectiva, es casi como si una
tela oscura estuviese rodeando y absorbiendo poco a poco las emisiones de su
hechizo.
Sin previo aviso, dejó de sentir sus piernas y se
desplomó en el suelo.
Un grito se oye no muy lejos de él.
—¡¿Qué pasa?!
—¡Aquí está!
—¡No, aléjate…!
De entre los gritos, Ganmian, adolorido, nota
murmullos de su capitán. Visualiza una pequeña luz a la distancia,
probablemente por un hechizo más fuerte que el que él mismo había utilizado.
Un sonido que pareciese ser un impacto contra el
suelo es escuchado y la oscuridad se desvanece completamente.
—No soy bueno buscando gente, me dirás dónde se
encuentra el chico.
La voz demandante le llama la atención y esforzándose
para ver de dónde provenía Ganmian pudo reconocer a su capitán, tendido en el
suelo y siendo su cabeza sostenida por el enemigo.
—¡No le diré nada a un demonio! ¡Puedes torturarme
si quieres! ¡Nunca sabrás su paradero de mi boca!
—¿Estás seguro?
—Nada de lo que hagas hará que…
El capitán estaba desafiando valientemente al
supuesto príncipe, esforzándose para retirar su mano de su cabeza. Pero luego
su mirada se posó en sus subordinados, palideciendo cada vez más por cada
soldado que veía. Sus ojos se detuvieron en Ganmian.
«¿Qué sucede capitán? ¿Por qué me ve con ese rostro?»
Ganmian, confundido, no comprende la situación. Él
también comienza a ver a sus compañeros de armas. Todos estaban en el suelo,
algunos quejándose, otros arrastrándose débilmente. Todos ellos tenían sus
brazos y sus piernas tornados en un ángulo donde no deberían ser posibles de
doblarse.
Notando que él tampoco podía moverse correctamente,
observa sus extremidades…
«Ah…»
…no estaban.
Luego de eso, comienza a sollozar. Su cuerpo tiembla
de miedo y él expresa pequeños gritos sin control. En su mente él estaba
calmado, contradiciendo sus acciones actuales.
—Son soldados bastante jóvenes. Algunos
probablemente ni siquiera han formado una familia, sería un desperdicio
perderlos aquí, ¿no crees? —habla el demonio, en un tono desinteresado—. ¿Dónde
está el chico?
—Te lo diré si curas a mis soldados.
—Respuesta equivocada.
Con un chasquido de dedos, la cabeza de uno de los
soldados, alguien que se encontraba directamente al lado de Ganmian, explota en
pedazos.
La imagen del cuerpo de su compañero manteniéndose
inmóvil frente al charco de sangre y sesos que había en el suelo fue
completamente aterrador.
Sentía náuseas. Sentía miedo. Sentía ira.
{¿Odio?}
La palabra escrita en el idioma del mundo aparece en
su mente, quizás producto de su imaginación.
Sí, sentía odio. Odio hacia los demonios que
iniciaron la guerra, causando problemas a su país. Odio hacia su supuesto
príncipe al frente de él, quien dañó gravemente a sus camaradas y tortura
mentalmente a su capitán.
—¡Maldito monstruo! —grita Arles, lleno de ira.
—Monstruo, ¿eh? Sí, ciertamente lo somos para
ustedes… —responde su enemigo, frunciendo el ceño y enseñando sus dientes en
señal de enfado. Aplicando más fuerza, empuja la cabeza del capitán, impactándola
en el suelo, sin matarlo—. No te confundas, no estás en posición de negociar
aquí. Poco me importan las vidas de tus subordinados, pero les daré una
oportunidad de vivir. No creo que seas tan tonto como para rechazar esta
oferta. ¿O prefieres que te muestre lo que un verdadero monstruo puede hacer?
¿Debería desmembrarlos a todos y luego devorarlos? ¿Quieres que actúe así?
Dime, señor superior, ¿qué crees que haría como el monstruo que soy?
Emanando el aura característica de los demonios, el
príncipe critica el trato a su especie desde la antigüedad. Pero nadie se
percató de ello. Los soldados pensaron que estaba hablando en serio, pues para
los Kaevalery, los demonios son monstruos que no deberían existir, no hay razón
para no tratar a un ser de ese tipo como un monstruo. No podrían comprenderlo.
—Supongo que no quieres eso… —continúa, calmándose—.
Dime dónde está el chico y tú y tus subordinados sólo quedarán inconscientes.
—¿Cómo sé que puedo confiar en tu palabra?
—Me estás colmando la paciencia. No hay manera, ¿pero
prefieres arriesgarte a no responder? No intentes mentirme, puedo detectar
cuando alguien no dice la verdad.
Sus últimas palabras probablemente eran una mentira,
pero el capitán no se arriesgaría a poner en peligro a todos los soldados
presentes. Es verdad que ellos eran soldados y como tal, deberían estar
preparados para perder sus vidas en servicio. Pero eso no quería decir que él
no se sentiría culpable de ser el causante de la muerte de sus subordinados.
No, no podría.
El capitán Arles se lo pensó por un momento,
debatiéndose entre intentar salvar a sus compañeros o dejarlos morir y evitar
que ese demonio adquiera a un muchacho como subordinado…
—El chico se encuentra en la prisión de la ciudad,
el lugar exacto lo desconozco —contesta finalmente.
—Gracias por la información…
Ganmian siente una profunda admiración hacia su
capitán al tratar de salvarlos a él y a sus compañeros. Si lograba
rehabilitarse luego de perder sus miembros, está decidido a seguirle a donde
fuera y ayudarle como pudiese en el futuro.
—…y perdón.
Contrario a su promesa, el demonio agarra
fuertemente el cuello del capitán Arles y sacude ligeramente su mano.
Crack.
Ganmian escucha el crujir de los huesos de quien
intentó proteger sus vidas. Inmediatamente después de eso, antes de tener
cualquier sentimiento respecto de la situación, su consciencia se desvanece.
***
—Cuando llegamos estaban todos muertos. —Un
Kaevalery comienza el reporte a su superior—. Sus cabezas habían sido
destruidas, como si hubiesen explotado desde dentro, o sus cuerpos habían sido
congelados. El capitán Arles y un guardia fueron los únicos diferentes, les
rompieron el cuello. A juzgar por las marcas, el capitán fue estrangulado. No
dejaron pistas de su paradero actual.
—No conocemos el motivo, pero todos estaban juntos
en un mismo lugar, facilitando la recuperación de sus cuerpos —continúa otro
Kaevalery, mientras indica una zona donde sólo quedaban pequeños charcos de
sangre. Luego, se posiciona frente a un cadáver que pareciera estar sentado,
con la cabeza colgando, apoyado de la pared de un edificio—. El capitán fue
dejado en este muro, separado del resto.
—Según otro reporte, los brazos y piernas de los
soldados fueron quebrados mientras seguían con vi…
—Suficiente, soldado —interrumpe su superior, quien
estaba observando el cadáver del capitán, cerrándole los ojos. Un hombre alto,
de rostro maduro, con un extraño peinado de dos colores. Alguien a quien reconocían
como uno de los héroes que vencieron al malvado rey demonio.
—¿Señor?
—Ya escuché suficiente —continúa, dando media
vuelta y mostrando muy claramente el disgusto y enfado en su rostro—. Voy a
asegurarme de que esas bestias paguen por esto…
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