sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.9-3

Capítulo 9: La rebelión de los demonios
Parte 3


   —¡Maldición! —grita un anciano de larga barba, golpeando con su puño un lujoso asiento, lleno de joyas incrustadas y metales preciosos. Frente a él se encuentra un gran mesón, lleno de piezas simbólicas sobre un enorme mapa de cuero que representa al mundo en el que vive, Exhekar. Tres hombres maduros, dos mujeres y otro anciano le acompañan en el salón. Su nombre es Elkan Frobuar de Rashka, el actual emperador del gran imperio Kaevalery.
   —Sucedió en un instante, no sabemos cómo —indica un hombre de escaso cabello, con un rostro maduro y muy serio, el reconocido capitán de la guardia imperial—. Reportes de los guardias de todas las zonas mencionan que los esclavos fueron liberados de inmediato y sin razón aparente. Luego de eso, todas las comunicaciones fueron cortadas, los puestos de mensajería fueron capturados y no hemos podido organizar a las tropas.
   —¡Claro! ¡Sin embargo, los demonios que han estado años recluidos y sin recursos pueden organizarse en menos de una semana, ¿no?! —responde sarcásticamente el emperador—. ¡¿Me estás tomando por idiota?!
   —Lo siento, su excelencia, no sabemos cómo, pero así es como sucedió —se disculpa el capitán.
   —Intentamos contactar con el «Héroe del impedimento», pero no recibimos noticias de él —reporta un suboficial al otro extremo del mesón, con gotas de sudor en su rostro.
   —El «Héroe de la guardia» se ha avistado ayudando a los demonios, nos ha traicionado por completo —comenta otro Kaevalery, nerviosamente, provocando una expresión de disgusto en el emperador y el capitán de la guardia.
   —¿Y la «Heroína de la velocidad»? —pregunta el otro anciano, perteneciente al gran consejo y también conocido por su gran habilidad con la magia.
   —Dice que esta vez no participará en la guerra —responde una Kaevalery, gobernadora de la ciudad en la que reside dicha heroína.
   —No ha querido presentarse en ningún acto del gobierno y ha rechazado todas nuestras ofertas de títulos y tierras desde que se enteró de los verdaderos motivos de la guerra —comenta otra Kaevalery, con tono triste.
   —Enviamos grupos concentrados a bloquear ciertas rutas, en conjunto con el reino de Spika, pero no han surtido efecto. Al parecer tienen algo que les permite movilizarse rápidamente desde cualquier punto —continúa reportando el suboficial.
   —No me digas que han inventado una magia de teletransportación masiva, ¿o sí? —pregunta exaltado el anciano mago.
   —No. No existe claridad en los reportes, pero han visto una sombra volar por los cielos cada vez que aparecen refuerzos del enemigo —responde quien reportaba anteriormente.
   —¿Será que tienen una flota de dragones menores? —se cuestiona la Kaevalery gobernadora.
   —¿Han tenido respuesta del reino de Shawn? —pregunta el emperador, con una mano sobre su frente, preocupándose por la situación actual.
   Un silencio recorre todo el salón. Los presentes se miran los unos a los otros con expresiones complejas sin saber qué responder.
   —¿Ahora qué? —interroga el monarca al capitán de la guardia, quien se sobresalta por serle dirigida la palabra y de malas ganas se dispone a responder.
   —Se mantendrán neutrales —contesta con un tono serio y una mueca de disconformidad—. Dicen que la guerra anterior les desgastó demasiado y están en desacuerdo con la forma en la que administramos los territorios conquistados.
   —¡Maldita sea! ¡¿Qué es lo que está pasando?! —exclama su señor, exaltado por los problemas que se avecinan. Los demonios siendo liberados sin razón lógica aparente, transporte de tropas enemigas en rutas bloqueadas, poca comunicación con los soldados en el reino conquistado y sus alianzas deshechas dejando su nación sola en esto. Su rostro estaba rojo por la ira, su cabeza padecía de una fuerte jaqueca. El emperador siente una presión en su pecho y cae al suelo, encorvándose de dolor.
   —¡Su majestad! —exclama el capitán, socorriendo al monarca.
   —El reino que mi familia por generaciones luchó por conquistar… —escucha gruñir, con remordimiento, al emperador, antes de que cayera inconsciente.

***

   Desde el instante en que Tina liberó a todos los esclavos demonios, el futuro de la guerra dio un giro radical.
   Los guardias, confundidos por el continuo caos que presentaba la situación, no pudieron ejercer su rol plenamente. Los Kaevalery dispersados alrededor de la nación no tenían más medios de comunicación que [Mensaje], pero los puestos estaban siendo ocupados por los rebeldes. En cambio, el ejército demonio no tardó más de una semana en organizar su jerarquía y con la ayuda de Rugeivyr, las tropas fueron rápidamente desplegadas a zonas de importancia estratégica.
   El imperio, el reino de Shawn y el reino de Spika no lograron reaccionar a tiempo y pronto perdieron el control no sólo del reino Urak de los demonios, sino también de los otros dos reinos conquistados.
   La resistencia se consolidó y en cuestión de meses, una guerra a gran escala volvía a mostrarse. Sin embargo, esta vez los reinos anteriormente oprimidos tenían la ventaja. La comunicación efectiva entre los generales Shezenvalery y el rápido despliegue vía dragón fueron factores decisivos en los frentes de batalla. El apoyo de los ferals del reino Fustúa y los ángeles del reino Argend se hizo notar y al cabo de dos años, la alianza de los reinos había perdido todo el territorio que tardó ciento treinta años de guerra en conseguir.
   Cabe decir que esto no habría sido tan fácil de seguirse el plan original. Durante la batalla para liberar a los esclavos, los Kaevalery saldrían de su estado de confusión y llegarían refuerzos por parte del imperio. Las bajas serían enormes y los demonios no podrían lograr una total reconquista, luchando en pequeños frentes y avanzando lentamente en una guerra que se hubiera extendido por al menos treinta años. Si tenían suerte, podrían extender la batalla para liberar a sus aliados y recuperar sus territorios en unos sesenta años de guerra. Nadie se esperaba la liberación masiva de todos los esclavos al mismo tiempo, fue completamente un factor inesperado. Arnus reconoció estos logros a Tina y le concedió un título de nobleza y tierras bajo su dominio. Secretamente también se dice que le ofreció adoptarla como su hija, pero ella le rechazó.
   En los años venideros este acontecimiento sería grabado en los libros de historia como «La rebelión de los demonios», marcando el inicio de una nueva era, la cual tendría consecuencias en el mundo entero, pero eso es otra historia.


FIN DEL CAPÍTULO IX



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