sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.5-6

Capítulo 5: El terror a una bestia
Parte 6


   Los montes Graken, la cadena montañosa más grande del continente Erijofen. Ubicada a en la frontera entre el reino de Urak y el reino de Shawn. Los súbditos del príncipe, sin contar a Tina, se mantienen asombrados mirando las grandes montañas mientras se acercan a una enorme grieta que pareciera ser un túnel.
   —Así que este es el lugar donde el señor Arnus fue enviado —comenta Narea.
   —Nunca antes había visitado este lugar, dicen que es peligroso —recuerda Kalga, luego de escuchar varios rumores sobre el lugar.
   —Bueno, en los alrededores hay varias tribus de Tarous, ha de ser por eso —explica Megala, todavía asombrada por la cadena montañosa.
   —Hablando de peligros, no nos hemos encontrado con ningún monstruo en el camino. ¿Murieron?
   Narea no puede evitar sentirse algo preocupada, los monstruos son peligros constantes para los habitantes de cualquier reino, pero a la vez son la única fuente de comida sin considerar frutas y verduras y muchos de ellos poseen pieles, escamas o colmillos que tienen propiedades útiles en la confección de ropas y herramientas. Sin embargo, Kalga le quita sus temores.
   —No, probablemente es culpa de su majestad.
   —¿Culpa mía?
   Arnus entra en posición defensiva al ser culpado de algo que no tenía idea que había hecho. Tina podría haberse burlado un rato de él por eso, pero se mantuvo en silencio, con los brazos cruzados, pensativa.
   —Sí, su majestad posee un aura peligrosa que emana al ambiente. Nosotros sentimos admiración hacia usted gracias a eso, pero los monstruos probablemente deben estar temblando de miedo —responde Megala con una sonrisa, divertida ante la reacción del príncipe.
   —Ya veo, pensaba que tendríamos que sobrellevar una escasez de monstruos, es bueno escuchar eso —se le escucha murmurar aliviado. Nuevamente en su estado normal, el príncipe les enseña la grieta mientras expone—. Bueno, aquí es donde fui hace doscientos años. Hay alguien que habita esta montaña y le necesito como prerrequisito para recuperar el reino.
   —¿Alguien vive aquí? Un ermitaño, supongo.
   —Puedes llamarlo así. Ustedes quédense aquí, es peligrosa esta zona. Voy a buscarlo y vuelvo. Quizás tarde un poco, el camino es largo y hay algo que quiero conversar con él en privado. ¿Tina, estás de acuerdo con eso?
   —¿Ah? Sí, sí, como digas… —responde la Talavalery.
   Dicho aquello, Arnus se retira, dejando a la pequeña y a los demás esperando fuera, sobre un angosto camino de tierra que está a cierta altura. El bosque se puede visualizar al mirar hacia abajo y más lejos hay un gran lago. Quienes posaran su vista en el cielo verían unas cuantas islas flotantes, la gran mayoría muy pequeñas como para ser habitadas por alguien.
   —Señorita Tina, ha estado muy ausente desde que retomamos el viaje. Es como si le hubiesen restringido el alma. —Narea siente curiosidad por el extraño comportamiento de Tina, impropio de ella y mientras se recuesta sobre Megala para jugar con ella un poco comienza a dar su opinión.
   Ante el comentario, la Talavalery se acerca velozmente con brillos en los ojos.
   —¡Eso es! —exclama la chiquilla, alterando a Narea.
   —¿Eh? ¿Qué cosa?
   —¡Rápido Narea, necesito pluma, tinta y papel!
   —E… ¡Está bien, espere un poco!
   La Shezenvalery busca apresuradamente entre sus cosas los utensilios solicitados por la pequeña. Una vez se los entrega, Tina se los quita de la mano rápidamente y comienza a garabatear cosas en el papel mientras murmura.
   —[Contrato]... Si la unión es en base a cuerdas, la principal debería estar en el alma… La directriz es destruida… Un patrón… ¿Cuerdas? ¿Nudos...? ¿Traición? …[Esclavitud]… [Libertad]… Si calculo la tensión supuesta para articulaciones y abstractos… El cuerpo de las especies inteligentes…
   —¿Señorita Tina?
   Ante tantas palabras aleatorias, Narea no comprende en absoluto lo que la pequeña está realizando. Cuando se decide a ver lo que Tina escribía sólo pudo ver garabatos, líneas y algunos números.
   —¡Lo descubrí! ¡Muajajaa, ahora soy completamente la reina de los esclavos!
   —¿Eh? ¿Por qué? ¿Qué descubrió? —Cada vez con mayor curiosidad, la Shezenvalery quiere explicaciones de la pequeña alada.
   —Fufu, es un secreto, lo sabrás a su debido tiempo —responde Tina con el dedo índice sobre su boca, la cual está arqueada por una sonrisa, molestando ligeramente a la mujer—. ¿Eh? ¿Dónde está Arnus? —pregunta finalmente al notar recién la ausencia del príncipe.
   —Fue a buscar a un conocido que vive en este lugar.
   —¿Otro compañero de viaje más? Ya parecemos una caravana. Somos demasiados —comenta con disgusto la pequeña.

***

   Sniff, sniff.
   —¿Hmm? —Tina siente un olor conocido en el sector, lo que le da cierta curiosidad. Pero antes de buscar de dónde proviene, Meg se acerca—. Oh, hola Megala. ¿Vienes a descansar junto a mí? ¿Quieres que te enseñe mi descubrimiento?
   —¿Por qué no les dijiste? —pregunta la demonio con un rostro serio.
   —No recuerdo haber mencionado entre mis habilidades el leer la mente de las…
   —No te hagas la tonta. ¿Por qué no les dijiste a Arnus y a Narea que yo fui quien te vendió a Gendo? —interrumpe a la pequeña, revelando sus intenciones. Tina se mantiene en silencio, sin contestar—. ¿Qué estás tramando?
   —Nada, la verdad —responde Tina, resignándose a la conversación.
   —No puedo creer en eso. Con todo el daño que te hice pensé que me odiarías de por vida.
   —No te confundas, Megala, yo en verdad te odio, con todo mi ser. Es más, preferiría que no me hablaras nunca más —comenta la chiquilla con una mirada llena de resentimiento, lo que hiere ligeramente a la demonio.
   —¡Si me odias tanto, ¿por qué no les hablaste sobre eso?!
   —Porque entiendo tus motivos.
   La pequeña demonio se mantiene en silencio, incrédula ante la afirmación de Tina.
   —Encontraste a tu hermano en una habitación escondida. Probablemente te topaste con Gendo en la prisión y él te ofreció esa información a cambio de mi paradero.
   —¿Lo sabías desde entonces?
   —Claro que sí, no soy tonta.
   Tina estaba en lo correcto. Sus suposiciones resultaban ser la verdad. Ella sabía quién era la persona que la había traicionado desde el primer instante en el que supo sobre la forma en la que encontraron a Kalga en la prisión de Balboa, conectándolo con la desconfianza que le tenía Megala en ese entonces.
   —Pero entonces, ¿Por qué…?
   —Porque sé lo que es tener a alguien especial en tu vida. De lo poco que he visto, pude notar que ustedes son muy unidos. Obviamente sacrificarías a una niña desconocida para salvar a tu hermano, sea como sea.
   —Me cuesta creerlo. ¿Tú también tienes a alguien así? ¿Alguien por quien sacrificarías todo?
   —Ya no. Murió hace mucho tiempo… —comenta recordando un pasado distante, aquellos instantes de tiempo que nunca volverán—. El único hombre al que amé…
   —Tina…
   —Bueno, basta de charla, ya saciaste tu curiosidad. Si me disculpas, hay algo que quiero confirmar.
Tina se aleja con una falsa sonrisa y moviendo su mano en señal de despedida. Megala la observa con un rostro triste y a la vez feliz, pues tenía a una persona a su lado que la comprende y al mismo tiempo respeta sus decisiones. Una chica más joven que ella, que la protegió de una sentencia incluso si la odiaba de corazón. Quizás en algún futuro podrían ser amigas.
   —¿Qué tanto hablabas con esa traidora? —comenta Kalga con una mirada sospechosa y disgustada, a lo que su hermana responde propinándole un coscorrón en la cabeza por su falta de respeto.
   —¡Oye, ¿por qué me golpeas?!
   —No hables así de Tina. Su majestad ya la perdonó, a Narea le agrada y a mí también.
   —¿Ah? ¿Tú también? ¿Usó [Encanto]? No, espera, eso sólo funciona en hombres… ¡Maldición, esa niña los tiene a todos ustedes controlados! —se queja Kalga, con las manos sobre su cabeza por el dolor.
   A lo lejos, Megala nota que Tina se está subiendo a unas rocas, acercándose a una pequeña grieta en la montaña. Narea se aproxima a la pequeña con curiosidad.
   —¿A dónde va, señorita Tina? ¿Qué hace ahí arriba? —pregunta con cierta preocupación, no quisiera que la chica se cayera de las alturas.
   —Huelo dinero en esta dirección. Voy a investigar —contesta la pequeña Talavalery, introduciéndose dentro de la fisura.
   —¿Huele el dinero? ¡Espere, es peligroso! ¡No necesitamos más dinero, no se arriesgue!
   —Debo compensar mi falta con ustedes. No será muy elegante, pero si puedo aumentar los fondos para que puedan recuperar su reino, con gusto lo haré.
   Tanto Tina como Narea entran en el agujero. Ambas notan que hay un pequeño túnel adelante, si se arrastran podrían pasar por él y ver si llegan a algún lado.
   —Uuuh, ¿por qué la estoy siguiendo? Deténgase… —se queja la Shezenvalery mientras gatea detrás de la niña, quien de paso no hace caso a las palabras de su acompañante—. ¡No me ignore!
   Llevado cierto camino, se aprecia un brillo inusual en lo que sería la salida.
   —Este brillo… ¿Piedras de propiedades mágicas?
   Al salir, las chicas observan un brillante tesoro, lleno de joyas, monedas de oro y piedras preciosas, todas apiladas en pequeños cerros de incalculable valor.
   —¡Ooooh! ¡Nunca había visto tanto oro en un mismo lugar! —exclama Tina llena de emoción.
   —Es extraño, ¿por qué hay un tesoro tan grande aquí? —duda la Shezenvalery. Se le hace raro ver tantos objetos de valor reunidos.
   —Puede que sea la guarida de unos bandidos. Parece un tanto abandonado ¿Quizás dejaron su tesoro atrás luego de ser atrapados? —propone Tina, aunque su tono demostraba que se estaba convenciendo a sí misma de su propia teoría sin confirmar nada. Todo para su conveniencia.
   —Es posible. Será mejor estar alertas, podría ser una trampa.
   —No lo creo, no hay ningún lugar cerca por donde puedan estar vigilándonos. Y con un tesoro tan pesado, dudo que estén durmiendo bajo él.
   —Pues en eso tiene razón.
   —¡Muajaja, esto es perfecto! —exclama la pequeña, dando una risotada con rostro malicioso. Narea tuvo que recordar que su acompañante es una chica codiciosa y que incluso si ahora era libre, su forma de ser no cambiaría de inmediato.
   «Será dinero robado, pero si se lo robo yo a los bandidos no recibiré ningún castigo de Arnus. Puede que hasta me felicite», murmura la Talavalery para sí en su mente.
   —Esperemos al señor Arnus, así evitamos proble… ¡¿Eh?! ¡Señorita Tina, ¿qué está haciendo?!
   —Pues transportando el botín. Vamos Narea, ayúdame tú también.
   La demonio intentó ser precavida y mantenía su voz baja, pero cuando se volteó pudo ver a Tina con un saco lleno de monedas y joyas en la mano, sin saber de dónde salió y perdió la compostura. Al final se rindió y comenzó a colocar cosas dentro de un cofre vacío cuando escuchan a alguien desconocido hablar.
   Ladronas… dice con profundidad y elegancia el desconocido.
   «¡Una voz! ¡¿De dónde viene?!», la Shezenvalery busca el origen de la conversación del anónimo, preparando un hechizo para aumentar su velocidad en caso de tener que luchar.
   Quitad vuestras inmundas manos de mi tesoro.
   —¡¿Ah?! ¡¿Eres el fantasma del dueño del tesoro o algo así?! —exclama Tina sobre un montículo de monedas de oro y plata, enfadada. No era incorrecto pensar que la persona que tenía aquél tesoro tan grande como posesión había muerto y su deseo y codicia lo hubiesen transformado en un no-muerto como un espíritu maligno o un cadáver caminante. Sin embargo, provocarlo tampoco no era lo más inteligente, especialmente cuando la Talavalery no tenía habilidad alguna para luchar contra esa clase de enemigos y era incierto si Narea pudiese ayudarla. Aun así continúa con sus ofensas—. ¡Pues lo siento, ya estás muerto! ¡Si tanto quieres quedártelo, ven e impide que me lo lleve! Si es que puedes, claro.
   ¡Insolente…!
   Al frente de la pequeña alada, una explosión surge. Las monedas y las joyas vuelan por los aires y algunas impactan a la chiquilla, haciéndole cerrar los ojos.
   —Guh, ¿tiene piedras explosivas? ¡Narea, ¿Puedes ver cuántos son?! —grita la niña, pensando que el enemigo podría ser más de uno. Sin embargo Narea palidece y a toda velocidad se acerca a Tina, tomándola del brazo y luego huyendo en dirección contraria a la explosión.
   —¡Esto es malo! ¡Muy malo! ¡Debemos huir ahora! ¡¿Qué hace «eso» aquí?!
   —¿Por qué tienes tanto miedo? No es como si fuese Arnus, ¿no? ¿Qué rayos estás mirando? —comenta Tina, quien apenas mantiene el paso de la Shezenvalery. Gira su cabeza para saciar la curiosidad de saber lo que provocó la huida de su acompañante y lo que ve sólo la aterroriza—. Imposible, ¿por qué?
   Estoy muy furioso. Arruináis mi descanso, osáis robarme e insultarme…
   —Un… Un…
   Vuestro castigo será una muerte abrasadora.
   Frente a Tina se muestra una enorme bestia cuyos afilados dientes poseen el tamaño de su cuerpo completo cada uno. Sus escamas son negras y posee unas grandes alas membranosas. Cuatro patas con filosas garras sostienen su cuerpo. Cuernos amarillentos y una gran gema adornan su cabeza. Su boca está abierta y reúne dentro de sí un aura oscura que incluso la pequeña Talavalery comprende que es en extremo peligrosa, a pesar de no poseer habilidades de combate.
   —¡¡¿Un dragón?!! —exclama finalmente, maldiciendo su suerte.



FIN DEL CAPÍTULO V



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