martes, 4 de junio de 2019

E.T V.1 C.2-2

Capítulo 2: Un viaje lleno de problemas
Parte 2


   Sobresaltado por la pesadilla, Arnus despierta de un pequeño salto, con lágrimas en sus ojos.
   «Una pesadilla.»
   El demonio respira profundo, intenta calmarse. Su cuerpo está sudoroso y sus manos le tiemblan. Le cuesta reconocer el paisaje a su alrededor a primera vista.
   «¿Este lugar es…?»
   Intentando volver a la realidad, Arnus se esfuerza por recordar lo sucedido en los últimos días. Hay un bosque a su alrededor y él se encuentra al lado de un camino de tierra abandonado, recostado en el suelo. Una carreta se muestra inmóvil mientras que la bestia de carga que ayuda a transportarla se entretiene escarbando el suelo ligeramente.
   «Ah, es verdad, estamos de viaje.»
   Una vez calmado, el príncipe se percata de que hay una presión en sus piernas. Mira hacia abajo para conocer la causa.
   Hay una chica durmiendo sobre él. Una niña pequeña de finas facciones con el cabello del color del cielo, alguien a quien juró proteger con su vida en la ciudad Sakarea. La autoproclamada reina de los esclavos, Tina Lyrium.
   Cuando alguien duerme, se suelen tener pesadillas para despertar rápidamente si algo incomoda al cuerpo. Arnus, molesto, deduce de inmediato que el motivo de sus pesadillas, además de sus propias preocupaciones, fue la presencia de esta chica en su regazo.
   «Así que tú eres la culpable del “agarre de los muertos”. Durmiendo sobre mí, ¿acaso crees que soy una almohada?»
   El príncipe observa las lejanas montañas, los soles están saliendo poco a poco. Un nuevo día comienza y Arnus intenta mover a Tina para despertarla, pero es inútil, sólo consigue que exprese un «munyah, munyah» con voz adorable, lo que simplemente le molesta más.
   «Está despierta y finge dormir para fastidiarme.»
   Bruscamente, el Shezenvalery se levanta y la pequeña sobre él cae con un gritillo.
   —¡Waaah! —La pequeña expresa su dolor al impactar con el suelo, le mira con enfado y protesta apuntándole con su dedo índice—. ¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿Cómo puedes tirar al suelo a una delicada y hermosa flor como yo?! ¡Recuerda que soy una reina!
   —Sí, sí, como digas. Sin embargo las reinas no fingen el dormir en el regazo de su caballero.
   —Ugh… ¿Te percataste de eso? —Con un chasquido de lengua, Tina muestra su irritación. Comienza a mascullar algunos insultos, muchos de ellos con palabrotas. Arnus ignora a la chica y prepara la carreta en la que viajan, guardando los utensilios utilizados durante la noche y borrando las huellas que delatan su presencia en el camino del bosque.
   En el transcurso de sus acciones se percata de que la pequeña le observa con cierta curiosidad, sentada en una roca.
   —¿Qué miras tanto? —pregunta, sintiéndose incómodo por la mirada fija. Tina, ligeramente sorprendida tras ser descubierta, enseña una sonrisa mientras responde.
   —Para ser un demonio, eres bastante guapo, podrías competir con algunos famosos de mi especie.
   —¡¿Bgffeh?!
   Ante las directas declaraciones Arnus no puede evitar sobresaltarse.
   —¿Qué bicho te picó ahora? ¿Es una forma de ganarte mi confianza o algo así?
   —N-No, no, para nada, ¿Cómo crees que YO podría planear algo así?
   «De algún modo, eso no sonó muy convincente», comenta en su mente el príncipe al observar el comportamiento de su acompañante.
   —¿A dónde vamos exactamente? Paramos en Alitiz, pero no quisiste detenerte en el siguiente pueblo —pregunta Tina, luego de recordar el camino recorrido e intentando desviar el tema.
   El viaje de ambos comenzó en la ciudad Sakarea. La ruta inicial fue a través de los caminos principales, despejados de monstruos cercanos, siendo el camino más seguro para evitar batallas innecesarias. La mayoría de esas rutas son populares entre los habitantes y son muy transitadas, lo que les permitió comprar bienes a caravanas que pasaban por su trayecto.
   Hicieron una parada en el pueblo de Alitiz para reabastecerse y dormir cómodamente. Pero luego de salir, Arnus cambió la ruta usual y comenzó a tomar los caminos entre los bosques, los que eran mucho más peligrosos y menos transitados. Su trayectoria debería haberles permitido hacer una parada en el siguiente pueblo, pero contrario a las expectativas de Tina, siguieron su camino.
   —Eso es tu culpa, llamaste demasiado la atención la primera vez que paramos, es mejor cruzar el bosque discretamente —contesta el príncipe a la duda de la pequeña.
   —¡No puede ser! ¡Soy demasiado hermosa! ¡Prefieres tenerme a la intemperie, así podrás hacerme lo que quieras y mis gritos de auxilio no serán escuchados por las demás personas! —Como si hubiese llegado a la conclusión correcta, Tina muestra un rostro en extremo expresivo, abrazándose el cuerpo e inculpando de pervertido a Arnus con la mirada. Cabe decir que pareciera también que lo está invitando a actuar.
   —No bromees de esa forma, de querer hacer algo contigo ya lo habría hecho en la primera noche, ¿no crees? —responde Arnus ante las acusaciones de la pequeña—. ¿Qué crees que soy? ¿Un pedófilo que ataca a niñas pequeñas? Además creí haber dejado en claro que tu cuerpo no me...
   Antes de terminar su frase, Tina abraza al príncipe, presionando sus pequeños pechos en el sector de su espalda que no lleva la parte dura de su armadura.
   «[Encanto]»
   Ah, vamos, sé que sólo estás siendo tímido, una vez que me tomes confianza serás una bestia lujuriosa.
   «Otra vez despide ese desagradable olor. No sé qué sucede con el cuerpo de esta niña, pero emite un hedor nauseabundo a puta en celo. ¿Debería decirle? Podría herir sus sentimientos…», se cuestiona el príncipe luego de la interacción.
   A Arnus no le agradan las feromonas liberadas por Tina. Sin saber que es un hechizo, pensaba que era algo que tiene que ver con su cuerpo. Un aroma que le recuerda a las prostitutas de los pueblos. Fue especialmente atacado con esas feromonas cuando volvió de su misión y mostraba tener dinero en joyas.
   Sin embargo, decirle directamente tales palabras a una chica podría herir gravemente su autoestima. Dicho esto, Tina Lyrium no era una chica normal, quien demostraba constantemente su gran confianza y fortaleza mental. Con ese ego probablemente se recuperaría al cabo de unos minutos, o al menos eso pensó.
   —He querido decirte esto desde hace un tiempo, pero no me he atrevido por temor a herirte gravemente.
   —¿Eh? ¡Fuajajaja! ¡Tú sólo habla, nada de lo que tú digas podría afectar a mi magnífica persona!
   Tal como esperaba, la pequeña enseña su gran autoestima como seguro de que nada pasará, por muy sincero que sea.
   —Bueno, no sé qué es lo que estás haciendo, pero de vez en cuando sueltas un hedor a ramera. No sé qué efecto esperas en mí con eso, pero sólo logras que sienta repugnancia hacia ti.
   Dichas aquellas palabras Tina no pronuncia sonido alguno y se mantiene en silencio, observando el vacío.
   —¿E-Estás bien? —pregunta el Shezenvalery, algo preocupado.
   —… ¿Eh? S-Sí, yo… yo… sniff… —la pequeña Talavalery comienza a sollozar, hasta que no soporta más y lanza un gran llanto—. ¡¡Buaaaaaah!!
   —¡¡Dijiste que no te afectaría!!
   —¡¡No esperaba que me dijeras algo como eso!! ¡¡Yo!! ¡¡¿Una ramera?!! ¡¡¿Una puta?!! ¡¡Después de tanto esfuerzo entrenando para utilizar el hechizo [encanto] y tú vienes y me dices que huelo a prostituta!!
   —Espera, espera… ¡¿Eso era un hechizo?!
   —¡¿Y qué con eso?!
   —En ningún momento escuché el Aton. ¿Lo tenías preparado previamente?
   —¿Aton? ¿Qué es eso? ¿Es una burla? ¿Disfrutas al burlarte de mí?
   Ante las inesperadas reacciones de la chica, Arnus no logra mantener la calma y al enterarse de que la característica especial de Tina era en realidad un hechizo, no pudo quedar más que perplejo ante la situación. Más aún pues su acompañante no conocía lo que era algo tan básico como el Aton.
   —El Aton es la verbalización de la magia. No sé si te has percatado de que antes de que alguien realice un hechizo, recita un conjuro.
   —¿Eso? Sí, lo he escuchado antes. Dicen que es muy difícil realizar un hechizo sin eso.
   —Así es, pero hasta ahora sólo han sido capaces de acortarlos un poco, no eliminar su presencia de forma absoluta —termina de explicar Arnus, asombrado por los talentos de la pequeña.
   «Para no necesitar de la verbalización y tener una edad tan corta… ¡¿Estoy en presencia de un genio?!», se sorprende el príncipe, sin decir estas palabras a la pequeña.
   Tina deja de llorar y comienza a hacer risitas pequeñas, llenas de arrogancia.
   —Fufufu… ¡Fuajaja!
   «Ay, no…»
   —¡Entonces soy la primera, ¿cierto?!  ¡¿Eso no me hace la mejor maga del mundo?!
   —No…
   —¡¿No soy increíble?! ¡Desde ahora deberás llamarme Tina, «reina de los esclavos» y «diosa de la magia»!
   —No voy a llamarte así…
   Mirando con desdén al príncipe, la pequeña lleva una de sus manos a su pecho, enalteciéndose.
   —Oh, vamos, sé que quieres aprender de mí. Soy mejor que todos en términos de conjurar hechizos. Mejor que los Kaevalery, mejor que los demonios y su nuevo rey, es decir, tú.
   —Si sólo sabes expedir olor a puta en celo entonces no eres mejor que una canidal en sus días de apareamiento.
   La chica alada vuelve a mantenerse en silencio por unos segundos, mirando fijamente al príncipe luego de escuchar las palabras desde su propia boca.
   —Ups…
   Arnus se preocupa de iniciar nuevamente una escena donde hace llorar a la pequeña, pero esta vez ella se limita a lanzar un bufido.
   —Eso no hará efecto dos veces —Tina da media vuelta, molesta. Pero luego decide continuar con la conversación anterior—. ¿Bueno, entonces a dónde vamos? ¿Por qué no paramos en el pueblo anterior? Me gustaría saber por qué tengo que dormir tan incómodamente aquí en el bosque. Soy una delicada flor, ¿sabes?
   Ignorando el repentino cambio de tema, Arnus contesta las dudas de su compañera.
   —Voy a buscar a un amigo, quiero recuperar mi reino, pero será un tanto problemático si no tengo aliados.
   —Lo dices como si con un poco de esfuerzo fueras capaz de recuperar el reino tú solo…
   —Ahora será más complejo, por lo que hiciste en nuestra primera parada.
   —¿Quién? ¿Yo? ¿Cuándo? ¿Cómo? —Tina coloca una mano en su pecho y sobreactúa fingiendo una gran sorpresa y algo de indignación ante la acusación de Arnus.
   —Eres irritante… —con la mano en el rostro, Arnus le recuerda el motivo por el cual las rutas han cambiado y el hecho de no parar por segunda vez en un pueblo—. ¡¡Dijiste, no, gritaste a viva voz en la posada donde estábamos que eras la reina de los esclavos y para avalar tu condición, comenzaste a mencionar mi título como primer príncipe Shezenvalery!!
   Tina, sin embargo, no le comprende.
   —No veo el problema…
   —Tal vez tú no lo has notado, pero tenemos al menos cinco grupos de asesinos siguiendo nuestro rastro.
   —¿Eh? ¡¿A-Asesinos?!
   —Probablemente fueron enviados por los líderes Kaevalery.
   —Pero… No, tienes razón… —Tina se sobresalta ante el número de persecutores que menciona Arnus. Comienza a murmurar para sí misma, dando a conocer sus pensamientos. O fingiendo que esos son—. Las Kaevalery se dice que son muy orgullosas. Si de repente ven a una chica maravillosa frente a ellas y para colmo es una simple esclava, es obvio que enviarían asesinos para matarla…
   Completamente errada en sus suposiciones, Tina coloca su brazo sobre su frente y en una pose dramática se disculpa con el demonio.
   —¡Lo siento, Arnus! ¡Lo siento por ser tan hermosa!
   El príncipe hace una pausa para asimilar las palabras de la pequeña.
   —¿Lo dices en serio? —pregunta finalmente, no pudiendo entender su lógica.
   Tina lo mira como si su respuesta fuese lo más normal del mundo.
   Arnus da un gran suspiro.
   —Ven, sube a la carreta. Debemos irnos ya… —Con ojos que perdieron cualquier signo de respeto ante su acompañante, Arnus da la espalda a la pequeña y se dirige al puesto de conductor de la carreta. Tina le sigue por detrás.
   —Espera, ¿Por qué me lanzas esa mirada como si fuese estúpida? ¡No me gusta que me vean así!
   —No sé de qué hablas.
   Con tales palabras, Arnus da fin a la conversación y ambos continúan su camino.


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