Parte 2
Sobresaltado por la pesadilla, Arnus despierta de un
pequeño salto, con lágrimas en sus ojos.
«Una pesadilla.»
El demonio respira profundo, intenta calmarse. Su
cuerpo está sudoroso y sus manos le tiemblan. Le cuesta reconocer el paisaje a
su alrededor a primera vista.
«¿Este lugar es…?»
Intentando volver a la realidad, Arnus se esfuerza
por recordar lo sucedido en los últimos días. Hay un bosque a su alrededor y él
se encuentra al lado de un camino de tierra abandonado, recostado en el suelo.
Una carreta se muestra inmóvil mientras que la bestia de carga que ayuda a
transportarla se entretiene escarbando el suelo ligeramente.
«Ah, es verdad, estamos de viaje.»
Una vez calmado, el príncipe se percata de que hay
una presión en sus piernas. Mira hacia abajo para conocer la causa.
Hay una chica durmiendo sobre él. Una niña pequeña
de finas facciones con el cabello del color del cielo, alguien a quien juró
proteger con su vida en la ciudad Sakarea. La autoproclamada reina de los
esclavos, Tina Lyrium.
Cuando alguien duerme, se suelen tener pesadillas
para despertar rápidamente si algo incomoda al cuerpo. Arnus, molesto, deduce
de inmediato que el motivo de sus pesadillas, además de sus propias
preocupaciones, fue la presencia de esta chica en su regazo.
«Así que tú eres la culpable del “agarre de los
muertos”. Durmiendo sobre mí, ¿acaso crees que soy una almohada?»
El príncipe observa las lejanas montañas, los soles
están saliendo poco a poco. Un nuevo día comienza y Arnus intenta mover a Tina
para despertarla, pero es inútil, sólo consigue que exprese un «munyah, munyah»
con voz adorable, lo que simplemente le molesta más.
«Está despierta y finge dormir para fastidiarme.»
Bruscamente, el Shezenvalery se levanta y la pequeña
sobre él cae con un gritillo.
—¡Waaah! —La pequeña expresa su dolor al impactar
con el suelo, le mira con enfado y protesta apuntándole con su dedo índice—. ¡¿Qué
estás haciendo?! ¡¿Cómo puedes tirar al suelo a una delicada y hermosa flor
como yo?! ¡Recuerda que soy una reina!
—Sí, sí, como digas. Sin embargo las reinas no
fingen el dormir en el regazo de su caballero.
—Ugh… ¿Te percataste de eso? —Con un chasquido de
lengua, Tina muestra su irritación. Comienza a mascullar algunos insultos,
muchos de ellos con palabrotas. Arnus ignora a la chica y prepara la carreta en
la que viajan, guardando los utensilios utilizados durante la noche y borrando
las huellas que delatan su presencia en el camino del bosque.
En el transcurso de sus acciones se percata de que
la pequeña le observa con cierta curiosidad, sentada en una roca.
—¿Qué miras tanto? —pregunta, sintiéndose incómodo
por la mirada fija. Tina, ligeramente sorprendida tras ser descubierta, enseña
una sonrisa mientras responde.
—Para ser un demonio, eres bastante guapo, podrías
competir con algunos famosos de mi especie.
—¡¿Bgffeh?!
Ante las directas declaraciones Arnus no puede
evitar sobresaltarse.
—¿Qué bicho te picó ahora? ¿Es una forma de ganarte
mi confianza o algo así?
—N-No, no, para nada, ¿Cómo crees que YO podría
planear algo así?
«De algún modo, eso no sonó muy convincente», comenta en su mente el príncipe al
observar el comportamiento de su acompañante.
—¿A dónde vamos exactamente? Paramos en Alitiz,
pero no quisiste detenerte en el siguiente pueblo —pregunta Tina, luego de
recordar el camino recorrido e intentando desviar el tema.
El viaje de ambos comenzó en la ciudad Sakarea. La
ruta inicial fue a través de los caminos principales, despejados de monstruos
cercanos, siendo el camino más seguro para evitar batallas innecesarias. La
mayoría de esas rutas son populares entre los habitantes y son muy transitadas,
lo que les permitió comprar bienes a caravanas que pasaban por su trayecto.
Hicieron una parada en el pueblo de Alitiz para
reabastecerse y dormir cómodamente. Pero luego de salir, Arnus cambió la ruta
usual y comenzó a tomar los caminos entre los bosques, los que eran mucho más
peligrosos y menos transitados. Su trayectoria debería haberles permitido hacer
una parada en el siguiente pueblo, pero contrario a las expectativas de Tina,
siguieron su camino.
—Eso es tu culpa, llamaste demasiado la atención la
primera vez que paramos, es mejor cruzar el bosque discretamente —contesta el
príncipe a la duda de la pequeña.
—¡No puede ser! ¡Soy demasiado hermosa! ¡Prefieres
tenerme a la intemperie, así podrás hacerme lo que quieras y mis gritos de
auxilio no serán escuchados por las demás personas! —Como si hubiese llegado a
la conclusión correcta, Tina muestra un rostro en extremo expresivo,
abrazándose el cuerpo e inculpando de pervertido a Arnus con la mirada. Cabe
decir que pareciera también que lo está invitando a actuar.
—No bromees de esa forma, de querer hacer algo
contigo ya lo habría hecho en la primera noche, ¿no crees? —responde Arnus ante
las acusaciones de la pequeña—. ¿Qué crees que soy? ¿Un pedófilo que ataca a
niñas pequeñas? Además creí haber dejado en claro que tu cuerpo no me...
Antes de terminar su frase, Tina abraza al príncipe,
presionando sus pequeños pechos en el sector de su espalda que no lleva la
parte dura de su armadura.
«[Encanto]»
—Ah, vamos, sé que sólo estás siendo tímido, una vez
que me tomes confianza serás una bestia lujuriosa.
«Otra vez despide ese desagradable olor. No sé qué
sucede con el cuerpo de esta niña, pero emite un hedor nauseabundo a puta en
celo. ¿Debería decirle? Podría herir sus sentimientos…», se cuestiona el
príncipe luego de la interacción.
A Arnus no le agradan las feromonas liberadas por
Tina. Sin saber que es un hechizo, pensaba que era algo que tiene que ver con
su cuerpo. Un aroma que le recuerda a las prostitutas de los pueblos. Fue
especialmente atacado con esas feromonas cuando volvió de su misión y mostraba
tener dinero en joyas.
Sin embargo, decirle directamente tales palabras a
una chica podría herir gravemente su autoestima. Dicho esto, Tina Lyrium no era
una chica normal, quien demostraba constantemente su gran confianza y fortaleza
mental. Con ese ego probablemente se recuperaría al cabo de unos minutos, o al
menos eso pensó.
—He querido decirte esto desde hace un tiempo, pero
no me he atrevido por temor a herirte gravemente.
—¿Eh? ¡Fuajajaja! ¡Tú sólo habla, nada de lo que tú
digas podría afectar a mi magnífica persona!
Tal como esperaba, la pequeña enseña su gran
autoestima como seguro de que nada pasará, por muy sincero que sea.
—Bueno, no sé qué es lo que estás haciendo, pero de
vez en cuando sueltas un hedor a ramera. No sé qué efecto esperas en mí con
eso, pero sólo logras que sienta repugnancia hacia ti.
Dichas aquellas palabras Tina no pronuncia sonido
alguno y se mantiene en silencio, observando el vacío.
—¿E-Estás bien? —pregunta el Shezenvalery, algo preocupado.
—… ¿Eh? S-Sí, yo… yo… sniff… —la pequeña Talavalery comienza a sollozar, hasta que no
soporta más y lanza un gran llanto—. ¡¡Buaaaaaah!!
—¡¡Dijiste que no te afectaría!!
—¡¡No esperaba que me dijeras algo como eso!! ¡¡Yo!!
¡¡¿Una ramera?!! ¡¡¿Una puta?!! ¡¡Después de tanto esfuerzo entrenando para
utilizar el hechizo [encanto] y tú vienes y me dices que huelo a prostituta!!
—Espera, espera… ¡¿Eso era un hechizo?!
—¡¿Y qué con eso?!
—En ningún momento escuché el Aton. ¿Lo tenías preparado previamente?
—¿Aton?
¿Qué es eso? ¿Es una burla? ¿Disfrutas al burlarte de mí?
Ante las inesperadas reacciones de la chica, Arnus
no logra mantener la calma y al enterarse de que la característica especial de
Tina era en realidad un hechizo, no pudo quedar más que perplejo ante la
situación. Más aún pues su acompañante no conocía lo que era algo tan básico
como el Aton.
—El Aton
es la verbalización de la magia. No sé si te has percatado de que antes de que
alguien realice un hechizo, recita un conjuro.
—¿Eso? Sí, lo he escuchado antes. Dicen que es muy
difícil realizar un hechizo sin eso.
—Así es, pero hasta ahora sólo han sido capaces de acortarlos
un poco, no eliminar su presencia de forma absoluta —termina de explicar Arnus,
asombrado por los talentos de la pequeña.
«Para no necesitar de la verbalización y tener una
edad tan corta… ¡¿Estoy en presencia de un genio?!», se sorprende el príncipe,
sin decir estas palabras a la pequeña.
Tina deja de llorar y comienza a hacer risitas pequeñas,
llenas de arrogancia.
—Fufufu… ¡Fuajaja!
«Ay, no…»
—¡Entonces soy la primera, ¿cierto?! ¡¿Eso no me hace la mejor maga del mundo?!
—No…
—¡¿No soy increíble?! ¡Desde ahora deberás llamarme
Tina, «reina de los esclavos» y «diosa de la magia»!
—No voy a llamarte así…
Mirando con desdén al príncipe, la pequeña lleva una
de sus manos a su pecho, enalteciéndose.
—Oh, vamos, sé que quieres aprender de mí. Soy mejor
que todos en términos de conjurar hechizos. Mejor que los Kaevalery, mejor que
los demonios y su nuevo rey, es decir, tú.
—Si sólo sabes expedir olor a puta en celo entonces
no eres mejor que una canidal en sus días de apareamiento.
La chica alada vuelve a mantenerse en silencio por
unos segundos, mirando fijamente al príncipe luego de escuchar las palabras
desde su propia boca.
—Ups…
Arnus se preocupa de iniciar nuevamente una escena
donde hace llorar a la pequeña, pero esta vez ella se limita a lanzar un
bufido.
—Eso no hará efecto dos veces —Tina da media vuelta,
molesta. Pero luego decide continuar con la conversación anterior—. ¿Bueno,
entonces a dónde vamos? ¿Por qué no paramos en el pueblo anterior? Me gustaría
saber por qué tengo que dormir tan incómodamente aquí en el bosque. Soy una
delicada flor, ¿sabes?
Ignorando el repentino cambio de tema, Arnus
contesta las dudas de su compañera.
—Voy a buscar a un amigo, quiero recuperar mi reino,
pero será un tanto problemático si no tengo aliados.
—Lo dices como si con un poco de esfuerzo fueras
capaz de recuperar el reino tú solo…
—Ahora será más complejo, por lo que hiciste en
nuestra primera parada.
—¿Quién? ¿Yo? ¿Cuándo? ¿Cómo? —Tina coloca una mano
en su pecho y sobreactúa fingiendo una gran sorpresa y algo de indignación ante
la acusación de Arnus.
—Eres irritante… —con la mano en el rostro, Arnus le
recuerda el motivo por el cual las rutas han cambiado y el hecho de no parar
por segunda vez en un pueblo—. ¡¡Dijiste, no, gritaste a viva voz en la posada
donde estábamos que eras la reina de los esclavos y para avalar tu condición,
comenzaste a mencionar mi título como primer príncipe Shezenvalery!!
Tina, sin embargo, no le comprende.
—No veo el problema…
—Tal vez tú no lo has notado, pero tenemos al menos cinco
grupos de asesinos siguiendo nuestro rastro.
—¿Eh? ¡¿A-Asesinos?!
—Probablemente fueron enviados por los líderes
Kaevalery.
—Pero… No, tienes razón… —Tina se sobresalta ante el
número de persecutores que menciona Arnus. Comienza a murmurar para sí misma,
dando a conocer sus pensamientos. O fingiendo que esos son—. Las Kaevalery se
dice que son muy orgullosas. Si de repente ven a una chica maravillosa frente a
ellas y para colmo es una simple esclava, es obvio que enviarían asesinos para
matarla…
Completamente errada en sus suposiciones, Tina
coloca su brazo sobre su frente y en una pose dramática se disculpa con el
demonio.
—¡Lo siento, Arnus! ¡Lo siento por ser tan hermosa!
El príncipe hace una pausa para asimilar las
palabras de la pequeña.
—¿Lo dices en serio? —pregunta finalmente, no
pudiendo entender su lógica.
Tina lo mira como si su respuesta fuese lo más
normal del mundo.
Arnus da un gran suspiro.
—Ven, sube a la carreta. Debemos irnos ya… —Con ojos
que perdieron cualquier signo de respeto ante su acompañante, Arnus da la
espalda a la pequeña y se dirige al puesto de conductor de la carreta. Tina le
sigue por detrás.
—Espera, ¿Por qué me lanzas esa mirada como si fuese
estúpida? ¡No me gusta que me vean así!
—No sé de qué hablas.
Con tales palabras, Arnus da fin a la
conversación y ambos continúan su camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario