—Y así termina la historia de una reina que fue una
esclava y un príncipe que recuperó su reino —dice el bardo, terminando de tocar
su instrumento de cuerda con forma triangular.
La audiencia comienza a aplaudir de forma débil, con
unos pocos participantes, y poco a poco aumenta su intensidad hasta involucrar
a todos los espectadores de la obra.
Diminutos seres del tamaño de una palma, con la
apariencia de pequeñas niñas aladas, hacen de actrices para los cantos del
músico y ahora están descansando, quitándose los trajes que usaban para
representar a cada uno de los personajes involucrados en la historia. Una mujer
Kaevalery que oculta su rostro con un manto, poseedor de símbolos sagrados, las
está observando con afecto.
—Había leído de los inicios de Tina Lyrium hace
tiempo atrás, se decía que su personalidad era pésima, pero nunca pensé que
alguien pudiera hacer una interpretación tan convincente como para entender lo
que ello implicaba —comenta uno de los espectadores, un hombre adulto, poseedor
de una barba no muy larga.
—Le agradezco su apreciación —responde el bardo, con
una reverencia respetuosa—. He viajado por el mundo entero, compilando muchas
historias de diferentes regiones y varias incluyen a Tina en el pasado, por lo
que he tenido diversos ejemplos de su personalidad.
—¿Gran sabia, qué es el imperio Kaevalery?
—pregunta un joven Serevalery, la tersa piel de su rostro, los pocos pelos que
había en su barbilla y los pequeños cuernos sin ramificación en su cabeza daban
cuenta de que se había convertido en un
adulto no hace mucho.
—Oh, pequeño. El imperio Kaevalery fue una enorme
nación cuyo territorio era aproximadamente la mitad del continente Erijofen, la
mayoría de su población era de la especie Kaevalery y duró muchos siglos como
país —contesta la mujer con el velo sobre su rostro.
—¡¿Tanto así?! ¡Increíble! —exclama con emoción el
chico—. Lástima que los Kaevalery sean los «malos» en esta historia —comenta
con el rostro deprimido.
—Ah, pero no te confundas. Así como entre los
criminales, no todos son malas personas y entre los grandes héroes, no todos
son virtuosos, los Kaevalery no son malvados por naturaleza. Sus mentes fueron
corrompidas, haciéndoles creer que eran mejores que los demás, que eran fuertes
y que tenían derecho a conseguir su felicidad pisoteando la del resto. Sus métodos
no fueron los correctos, ¿pero quién puede culpar al fuerte por usar su fuerza
cuando se requiera?, ¿o al inteligente por usar su cabeza? ¿Culparías a un
sabio por usar su experiencia? No, ellos hicieron mal, pero no merecen ser
condenados por ello, ya que era la única herramienta de la que tenían fe.
Además, el imperio ya no existe hace más de mil años y los Kaevalery viven en
comunidad con los demás.
El juglar se mantiene pensativo durante un tiempo,
escuchando el intercambio de palabras entre ambas personas, luego sonríe
levemente y se acerca al chiquillo.
—¡Ya sé! Te contaré una historia donde un
orejón es el bueno —dice, preparando su instrumento musical y avisando a las
pequeñas actrices que se preparen para el nuevo acto. Luego, exclama a la
multitud para concentrar sus miradas en él—. ¡Escuchen todos, por favor! ¡Les
contaré una historia del pasado, presten atención! Esta historia se lleva a
cabo durante la guerra de liberación de los demonios. Un pequeño niño en el
país de Lugarta, antes de la gran alza de los muertos, hace un gran
descubrimiento para todas las especies. Conocerá a los antiguos habitantes del
mundo, antes de los dragones, antes que los Aushtáridos, antes que la mismísima
magia. Todo esto, mientras que la sombra del mal amenaza con eliminar a toda la
vida. ¡Y dice así…! —termina de hablar, agitando las cuerdas de su herramienta
y comienza a cantar.
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