sábado, 8 de junio de 2019

E.T V.1 C.7-2

Capítulo 7: No todos pueden ser héroes
Parte 2

   Dentro de una blanca torre compuesta de ladrillos, con dos grandes escaleras para subir de nivel a sus costados, dos hombres se observan. Uno es un Shezenvalery, con grandes cuernos, dientes afilados y ojos ennegrecidos por la ira, lleva una armadura completa de Krocalcys y piedra negra, ambos minerales conocidos como los más duros de todos, el príncipe de un reino conquistado. El otro es un Kaevalery, de orejas largas y un cabello descuidado con el color del fuego, su rostro posee pequeñas arrugas que denotan el pasar de los años y una prominente barba sin bigote, el conocido «Héroe de la guardia», uno de los héroes de la nación conquistadora del reino de los demonios.
   «Este Shezenvalery no es normal. Lo pude notar por la fuerza que tiene —piensa el orejas largas, atento a los movimientos de su enemigo—. Viniendo aquí buscando a Kalatra. Trayendo consigo a un dragón oscuro. Es posible que esté dispuesto a dañar a mi gente para obtener lo que desea.»
   El «héroe de la guardia» desenfunda lentamente su espada y mira directamente a los ojos del asaltante del fuerte que estaba bajo su custodia.
   «¡Como si fuera a permitírtelo!»
   Con ese último pensamiento, comienza a recitar una serie de hechizos mientras avanza hacia el Shezenvalery.
   Entrega a mi habla la eficiencia de mi pensamiento: [Sincronización boca-mente].
   Tras recitar el conjuro, la boca del Kaevalery comienza a moverse a una velocidad impensable para cualquier ser viviente.
   Luego de hacer un rápido análisis a su contrincante, Fuske Elorjam concluyó que el demonio era mucho más fuerte que él, por lo que necesitaría pensar en varias estrategias. Si su objetivo fuese huir del Shezenvalery todo sería más fácil, sin embargo, si se decidía por aquella acción, estaría poniendo en peligro a los soldados del fuerte, quienes estarían luchando en ese instante contra el dragón. Entonces su único camino sería el derrotar a quien estaba al frente de él y luego ayudar a sus aliados.
   Un enemigo con una armadura que le cubre todo el cuerpo de seguro será lento.
   «Necesitaré que me prestes tu habilidad, Gila», piensa mientras recuerda a una de sus compañeras, una chica que sólo dejó de sonreír después perder a sus camaradas en la batalla contra el rey Asur Rabbok.
   Permite que mis piernas corran con el viento: ¡[Alta velocidad]!
   Arnus observa que la imagen de su enemigo se torna borrosa debido a la enorme rapidez a la que se acerca.
   Muestra tu ira ante mi enemigo, que nadie sea capaz de burlar tu asalto, envía un sinfín de saetas, quema todo a tu paso: [Lluvia de fuego]
   Ante el conjuro del príncipe, aparece una serie de círculos mágicos que tienen la marca del atributo de fuego al frente del demonio. El héroe se percata rápidamente de aquello y comienza a esquivar las incontables bolas ígneas que son lanzadas desde cada uno de los discos.
   Protege mi cuerpo con tu luz sagrada: [Aura de defensa]. No permitas que mi consciencia desfallezca: [Mente despierta]. Fortalece mi cuerpo más allá de su límite: [Refuerzo]. Permite superar mis estándares, aumenta mi fuerza: [Duplicar fuerza]. Abro un portal a mi almacén, ven a mí, protector de inocentes, tesoro divino: [Invocación: Escudo de Nastrak]. Activo las inscripciones, ven a mí, árbitro de justicia, espada legendaria: [Encantamiento: Kaejaram]. Que el peligro sea detectado antes de mostrarse, lucha contra todo ser hostil, evita todo daño: [Reflejos veloces]. Muéstrame el camino, oh dios del destino, aquella visión que se expone a sí misma como el recorrido a la victoria: [Visión de ataque óptimo].
   En un breve lapso de tiempo, el héroe está preparado para una dura batalla, ha invocado un arma de defensa absoluta y una espada para vencer a su enemigo. Su mente y su cuerpo están listos para luchar hasta más allá de su límite.
   Cargando de frente hacia su oponente, bloquea, desvía o esquiva las saetas de fuego que van en su dirección, acercándose más y más al príncipe.
   De pronto se detiene al notar que sus instintos le advierten de un peligro. Al mirar a su alrededor puede notar otra hilera de círculos mágicos que le rodean desde todas direcciones.
   «Maldición, no me percaté de que había conjurado otra [Lluvia de fuego].»
   Al mismo tiempo, con una excelente coordinación, todos los discos suspendidos en el aire apuntan y disparan directamente al héroe, causando una explosión.
   —¡Esto no es nada!
   De entre las llamas sale Fuske, ileso y dispuesto a lanzar un corte con su espada a su oponente.
   Luz en la oscuridad, partículas en veloz movimiento, lanzo un haz, quema sin ser fuego: [Rayo].
   Arnus responde al ataque de su contrincante con un rayo que apunta a la cabeza de Fuske. Sus reflejos le permiten esquivar la ofensiva, pero perdió parte de la distancia que había ganado al retroceder.
   Bendice mi arma con tu brillante resplandor: [Arma de luz].
   Compensando el tramo que los separa, el héroe usa su espada para canalizar un hechizo. El arma del Kaevalery comienza a emitir un fuerte brillo y cuando este la agita, un gran haz sale despegado sobre Arnus, quien logra esquivarlo apresuradamente.
   El príncipe intenta contraatacar, pero su oponente se le adelanta y golpea con su escudo al demonio, levantándolo ligeramente sobre el aire y haciéndole soltar su gran sable.
   Varios cortes son lanzados al Shezenvalery, quien sólo es capaz de protegerse con sus brazos, algunos logran herirlo levemente en el rostro u orejas, pero las cortaduras se regeneran al poco tiempo después.
   «Ya veo, tienes un hechizo de auto-regeneración, esto será complicado. Supongo que no me puedo permitir el dejarlo vivir para interrogarle», piensa el Kaevalery.
   —¡Entonces sólo debo apuntar a su cuello!
   El grito de su enemigo hace que el demonio tome su espada velozmente y use su ancha hoja para bloquear el ataque que planea realizar.
   —¡Caíste!
   Para la sorpresa del Shezenvalery, el ataque era una finta y se vio golpeado nuevamente con el escudo de su oponente, haciéndole retroceder unos pasos. Luego, en venganza, intenta cortar la armadura metálica del orejas largas, pero es bloqueado y contraatacado son una estocada que se dirige a su cabeza. El príncipe logra reaccionar a tiempo, desviando la ofensiva con su sable, pero es impactado una vez más por el escudo del Kaevalery, quien sonríe con una mueca burlona hacia el enfurecido y aturdido demonio.
   Ante la pérdida de equilibrio de su enemigo, Fuske se dispone a atacar nuevamente, pero es sorprendido por una fuerte y veloz patada de Arnus desde su izquierda.
   «¿Cuándo…?», se pregunta Fuske, usando el brazo que carga con su espada para detener el asalto al no poder hacerlo con el escudo y viendo cómo este se rompe al doblarse en una dirección imposible. «Mierda…»
   Fuske es mandado a volar, impactando pesadamente con una de las duras paredes de la torre, dejando caer al suelo su arma de combate en el proceso. Sin aliento y con el brazo roto, observa al demonio, quien se prepara para lanzarse sobre él.
   «Para tener tanta fuerza en una sola patada y lograr romper mi brazo, incluso cuando mi cuerpo tiene dos hechizos defensivos y una armadura…», piensa sombríamente el Kaevalery mientras se trata la fractura con un hechizo de regeneración.
   —Eres igual de monstruoso que el rey Asur Rabbok.
   Arnus lanza una esfera oscura sobre el héroe, quien la esquiva de un brinco hacia uno de sus costados. Fuske recuerda al enemigo más peligroso que ha tenido en toda su vida.
   «Éramos quince héroes los que luchamos contra el rey invencible, todos maestros en nuestras propias artes. Incluso con esa ventaja sólo tres logramos salir con vida. Sin embargo, no vencimos de forma honesta, Gendo ordenó a los soldados tomar de rehén a la reina y a su hija. El rey se distrajo por un momento y eso bastó para que lográramos dar el golpe final.»
   El príncipe lanza una serie de rayos que impactan sobre los muros mientras el Kaevalery corre. Luego carga sobre su pelirrojo oponente, pero este le esquiva, alejándose. El demonio, enfurecido, lanza estacas de hielo a la cabeza de su contrincante, quien las bloquea hábilmente con su escudo, pero el impacto le desestabiliza ligeramente. Aprovechando la oportunidad, el Shezenvalery vuelve a cargar con su gran sable en alto.
   «No lo supe hasta que la lucha terminó, fue algo frustrante. No pude vencer a mi enemigo con mi propia fuerza, es por eso que he estado entrenando desde entonces. Ahora aparece alguien con un poder similar. En las mismas circunstancias no tendría oportunidad contra ti, sin embargo… ¡No soy el mismo de antes!»
   El «héroe de la guardia» levanta su escudo, desviando la ofensiva de su adversario. Luego, con su mano libre, apunta al heredero al trono.
   «Hermano, préstame tu viento», piensa para sí, recordando a su familiar caído, también un héroe que viajó para derrotar al anterior rey de los demonios.
   Manda a volar a mis enemigos: ¡[Onda de choque]!
   Dicho el conjuro, una esfera de aire comprimido se forma en la mano del Kaevalery y se dispara hacia el príncipe, estallando como si fuese un explosivo y mandando a volar a su enemigo por los aires.
   Antes de continuar la ofensiva, Fuske Elorjam murmura para sí cada uno de los nombres de sus camaradas en la lucha contra el monarca de los Shezenvalery. Sus catorce amigos conocidos como los grandes héroes del imperio.
   «Todos ustedes me enseñaron muchas cosas. No les volveré a ver a la mayoría, pero no dejaré que su legado caiga. Puede que sólo sea una imitación, pero necesitaré de su fuerza. ¡Luchen conmigo, para vencer a un enemigo que no pudimos derrotar antes!»
   Como si estuviese comparando su batalla actual con la que sucedió veinte años atrás, el Kaevalery busca una manera de honrar a sus compañeros. Una ola de ataques de diferentes atributos mágicos cae sobre Arnus, todavía en el aire. Explosiones de fuego, torbellinos de aire, cortes de agua presurizada, golpes varios a velocidades increíbles y con técnicas especiales para infligir mayor daño. Aquel que era conocido en el pasado como uno de los mejores maestros de la defensa estaba atacando con réplicas de las técnicas de todos sus aliados en la guerra, superando así cualquier debilidad. La mejor ofensiva y la mejor defensa, juntas en una sola persona.
   «¡Esta es nuestra batalla!»
   Arnus casi puede ver la ilusión de ser atacado por quince individuos diferentes al mismo tiempo. No puede reaccionar a tiempo y recibe de lleno cada ataque realizado. Al final de todo, cae al suelo pesadamente. Humo y polvo después de la infinidad de habilidades usadas dificultan la visión dentro de la torre.
   El héroe jadea ante el gran esfuerzo realizado. Goterones de sudor empapan todo su entrenado cuerpo.
   ¿Eso es todo? —pregunta el príncipe, levantándose lentamente del suelo.
   —Tienes que estar bromeando… —murmura el Kaevalery, con un escalofrío en su espalda y realizando una mueca de incredulidad—. Eres demasiado duro.
   Arnus envía una esfera oscura sin previo aviso. El héroe la esquiva, pero luego se percata de que no es capaz de mover sus piernas.
   «¡Una trampa de hielo! ¡¿Cuándo fue que…?!», maldice en su mente al ver que sus pies están pegados al suelo por una densa capa de hielo.
   Debo reconocer que tu fuerza es grande, eres digno de ser llamado un «héroe» por tu pueblo. Lamentablemente con eso no podrás vencerme. ¿Dónde está Kalatra Rabbok? —exige el demonio, sin muestras de cansancio.
   El orejas largas lanza un gruñido.
   —¿Qué motivos tienes para hacer todo esto? ¿Qué planeas hacer con la princesa?
   El Shezenvalery carga contra el inmóvil oponente y agita su enorme sable, ignorando las palabras de su adversario. El  héroe bloquea la agresión con el escudo, pero el impacto es tan fuerte que su brazo pierde la estabilidad. Arnus continúa atacando.
   ¿Por qué debería darle razones a alguien que ayudó en la conquista de mi reino y la subyugación de mi especie?
   El héroe se mantiene en silencio ante aquellas palabras por un instante.
   {Odio}
   —Eso no es… —intenta replicar, pero pierde su oportunidad al verse obligado a bloquear un poderoso sablazo lleno de ira, desde arriba.
   —¡Invadieron nuestras tierras! ¡Nos quitaron nuestra libertad! ¡Mataron a varias familias! ¡Ahora veo que tienes a muchos de mis compatriotas en esta fortaleza, probablemente como esclavos y me entero también de que tienes cautiva a la joven hija del rey! exclama el Shezenvalery, enfurecido—. Dime qué se siente... ¡¿Qué se siente ser la basura que nos quitó lo más preciado en nuestras vidas?!
   {Odio, odio, odio, odio}
   —¡Lo sé! ¡No ha habido un solo día en que no me arrepienta de mis actos! ¡Esta guerra ha sido un fraude desde el inicio!
   Si piensas así y no ha habido un cambio en estos veinte años, es que eres alguien que cerró sus ojos a las atrocidades del hoy. Serás juzgado por mi propia mano, eres culpable de no responsabilizarte de tus actos.
   —¿Tú qué sabes sobre lo que he hecho o no?
   He visto suficiente…
   Los golpes del demonio se intensifican. El escudo del héroe ya no puede continuar soportando los impactos y se hace trizas, dejando el brazo descubierto del héroe y mostrando el daño severo que había absorbido durante los incesantes ataques del Shezenvalery. Arnus manda a volar al Kaevalery  nuevamente hasta uno de los muros interiores de la torre en la que se encontraban con una fuerte patada, cayendo luego al suelo, malherido.
   —No puedo… perder así…
   Has perdido, ríndete y dime dónde se encuentra la princesa. Te daré una muerte rápida e indolora y tus subordinados sobrevivirán —dice el príncipe, calmando su ira y eliminando los cuernos de su cabeza—. Esta batalla ya no tiene sentido —termina de decir, serenamente.
   {¿Odio?}
   —Sabía que algún día pagaría por mis pecados…—responde el «héroe», intentando reincorporarse—. Pero para honrar a mis camaradas caídos... Para merecer el perdón de quien amo… No me puedo permitir morir así, incluso si así merezca todo tu rencor.
   {…}
   Las palabras de su contrincante mantienen pensativo a Arnus por unos instantes.
   —Supongo que así es la vida de un soldado —murmura para sí—. Reconozco tu valor como guerrero. Mi nombre es Arnus Rabbok, apodado como «La bestia», soy  el primer príncipe Shezenvalery del reino de Urak. Te permitiré morir con una espada en la mano.
   Diciendo aquello, el heredero al trono toma la espada caída de su enemigo y la lanza a sus pies, honrando el código de honor entre guerreros.
   «¿El príncipe desaparecido? Ya veo, no es de esa facción... Si eres tú, quizás ella podría salvarse. Pero me niego a morir aquí», piensa el héroe, abriendo sus ojos como platos al escuchar la identidad de su oponente y sonriendo levemente.
   —Fuske Elorjam, apodado como el «Héroe de la guardia», uno de los quince héroes enviados a asesinar al «Rey invencible», Asur Rabbok.
   El héroe toma su arma y se coloca en posición de batalla con dificultad. Arnus espera pacientemente, entrando en preparación para el combate también.
   —Ven con todas tus fuerzas —provoca el Shezenvalery.
   —¡No tienes que decírmelo!
   Fuske corre hacia Arnus, intentando realizar un tajo superior. El demonio lo esquiva fácilmente y levantando su enorme sable, se prepara para terminar la batalla.
   Su intención era conocer el paradero de su hermana, pero si toda aquella batalla no era suficiente como para hacer hablar a su oponente, entonces nada lo haría y decidió que lo mejor sería darle una prestigiosa muerte en combate, digna para cualquiera que se haga llamar guerrero. Ya preguntaría a otros soldados sobre su pariente.
   Bajando su arma a una gran velocidad, se dispone a cortarle la cabeza a un potencial peligro para sus planes. Sin embargo…
   —¡¡Alto!!
   Una voz se oye a lo lejos y el arma de Arnus impacta con una barrera. El héroe se desploma sin fuerzas en el suelo, manteniendo apenas su consciencia.
   El demonio desvía su mirada en la dirección de origen del grito. Una chica de azulado cabello, largo y oscuro, con orejas puntiagudas y dientes filosos se encuentra allí. Su flequillo cubre uno de sus ojos rojos y viste un holgado y opaco vestido.
   Arnus apenas puede contener la emoción de ver la figura de aquella desconocida y bella chica.
   —Ese rostro tan familiar, casi igual al de la reina Myrill Shaua. ¿Es tu nombre, Kalatra Rabbok?
   La chica se mantiene seria en el lugar, sin contestar. Observa de reojo al malherido Kaevalery y camina en dirección a ambos hombres.
   El príncipe, luego de comprobar el estado de su oponente, también se acerca a ella, dando pequeños pasos y con un rostro alegre.
   —¿Sabes? Quería conocerte, no nos hemos visto nunca y tenemos tanto que contarnos, lo has pasado mal, ¿verdad? Descuida, estoy aquí para proteger…
   —¿Qué crees que estás haciendo?
   En el momento en que Arnus y la chica estaban a pocos centímetros de distancia, el extiende sus brazos en ademán de abrazarla, pero ella se limita a reprocharle con esas palabras y darle una mirada rencorosa. Luego, ella continúa su camino, hacia el héroe.
   —¿Eh?







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