Parte 2
Dentro de una blanca torre compuesta de ladrillos,
con dos grandes escaleras para subir de nivel a sus costados, dos hombres se
observan. Uno es un Shezenvalery, con grandes cuernos, dientes afilados y ojos
ennegrecidos por la ira, lleva una armadura completa de Krocalcys y piedra
negra, ambos minerales conocidos como los más duros de todos, el príncipe de un
reino conquistado. El otro es un Kaevalery, de orejas largas y un cabello
descuidado con el color del fuego, su rostro posee pequeñas arrugas que denotan
el pasar de los años y una prominente barba sin bigote, el conocido «Héroe de
la guardia», uno de los héroes de la nación conquistadora del reino de los
demonios.
«Este Shezenvalery no es normal. Lo pude notar por
la fuerza que tiene —piensa el orejas largas, atento a los movimientos de su
enemigo—. Viniendo aquí buscando a Kalatra. Trayendo consigo a un dragón oscuro.
Es posible que esté dispuesto a dañar a mi gente para obtener lo que desea.»
El «héroe de la guardia» desenfunda lentamente su
espada y mira directamente a los ojos del asaltante del fuerte que estaba bajo
su custodia.
«¡Como si fuera a permitírtelo!»
Con ese último pensamiento, comienza a recitar una
serie de hechizos mientras avanza hacia el Shezenvalery.
—Entrega a mi
habla la eficiencia de mi pensamiento: [Sincronización boca-mente].
Tras recitar el conjuro, la boca del Kaevalery
comienza a moverse a una velocidad impensable para cualquier ser viviente.
Luego de hacer un rápido análisis a su contrincante,
Fuske Elorjam concluyó que el demonio era mucho más fuerte que él, por lo que
necesitaría pensar en varias estrategias. Si su objetivo fuese huir del
Shezenvalery todo sería más fácil, sin embargo, si se decidía por aquella
acción, estaría poniendo en peligro a los soldados del fuerte, quienes estarían
luchando en ese instante contra el dragón. Entonces su único camino sería el
derrotar a quien estaba al frente de él y luego ayudar a sus aliados.
Un enemigo con una armadura que le cubre todo el
cuerpo de seguro será lento.
«Necesitaré que me prestes tu habilidad, Gila», piensa mientras recuerda a una de sus
compañeras, una chica que sólo dejó de sonreír después perder a sus camaradas
en la batalla contra el rey Asur Rabbok.
—Permite que
mis piernas corran con el viento: ¡[Alta velocidad]!
Arnus observa que la imagen de su enemigo se torna
borrosa debido a la enorme rapidez a la que se acerca.
—Muestra tu ira ante mi enemigo, que nadie
sea capaz de burlar tu asalto, envía un sinfín de saetas, quema todo a tu paso:
[Lluvia de fuego]
Ante el conjuro del príncipe, aparece una serie de
círculos mágicos que tienen la marca del atributo de fuego al frente del
demonio. El héroe se percata rápidamente de aquello y comienza a esquivar las
incontables bolas ígneas que son lanzadas desde cada uno de los discos.
—Protege mi
cuerpo con tu luz sagrada: [Aura de defensa]. No permitas que mi consciencia desfallezca: [Mente despierta]. Fortalece mi cuerpo más allá de su límite:
[Refuerzo]. Permite superar mis
estándares, aumenta mi fuerza: [Duplicar fuerza]. Abro un portal a mi almacén, ven a mí, protector de inocentes, tesoro
divino: [Invocación: Escudo de Nastrak]. Activo las inscripciones, ven a mí, árbitro de justicia, espada
legendaria: [Encantamiento: Kaejaram]. Que
el peligro sea detectado antes de mostrarse, lucha contra todo ser hostil,
evita todo daño: [Reflejos veloces]. Muéstrame
el camino, oh dios del destino, aquella visión que se expone a sí misma como el
recorrido a la victoria: [Visión de ataque óptimo].
En un breve lapso de tiempo, el héroe está preparado
para una dura batalla, ha invocado un arma de defensa absoluta y una espada
para vencer a su enemigo. Su mente y su cuerpo están listos para luchar hasta
más allá de su límite.
Cargando de frente hacia su oponente, bloquea,
desvía o esquiva las saetas de fuego que van en su dirección, acercándose más y
más al príncipe.
De pronto se detiene al notar que sus instintos le
advierten de un peligro. Al mirar a su alrededor puede notar otra hilera de
círculos mágicos que le rodean desde todas direcciones.
«Maldición, no me percaté de que había conjurado
otra [Lluvia de fuego].»
Al mismo tiempo, con una excelente coordinación,
todos los discos suspendidos en el aire apuntan y disparan directamente al
héroe, causando una explosión.
—¡Esto no es nada!
De entre las llamas sale Fuske, ileso y dispuesto a
lanzar un corte con su espada a su oponente.
—Luz en la oscuridad, partículas en veloz
movimiento, lanzo un haz, quema sin ser fuego: [Rayo].
Arnus responde al ataque de su contrincante con un
rayo que apunta a la cabeza de Fuske. Sus reflejos le permiten esquivar la
ofensiva, pero perdió parte de la distancia que había ganado al retroceder.
—Bendice mi
arma con tu brillante resplandor: [Arma de luz].
Compensando el tramo que los separa, el héroe usa su
espada para canalizar un hechizo. El arma del Kaevalery comienza a emitir un fuerte
brillo y cuando este la agita, un gran haz sale despegado sobre Arnus, quien
logra esquivarlo apresuradamente.
El príncipe intenta contraatacar, pero su oponente
se le adelanta y golpea con su escudo al demonio, levantándolo ligeramente
sobre el aire y haciéndole soltar su gran sable.
Varios cortes son lanzados al Shezenvalery, quien
sólo es capaz de protegerse con sus brazos, algunos logran herirlo levemente en
el rostro u orejas, pero las cortaduras se regeneran al poco tiempo después.
«Ya veo, tienes un hechizo de auto-regeneración,
esto será complicado. Supongo que no me puedo permitir el dejarlo vivir para
interrogarle», piensa el Kaevalery.
—¡Entonces sólo debo apuntar a su cuello!
El grito de su enemigo hace que el demonio tome su
espada velozmente y use su ancha hoja para bloquear el ataque que planea
realizar.
—¡Caíste!
Para la sorpresa del Shezenvalery, el ataque era una
finta y se vio golpeado nuevamente con el escudo de su oponente, haciéndole
retroceder unos pasos. Luego, en venganza, intenta cortar la armadura metálica
del orejas largas, pero es bloqueado y contraatacado son una estocada que se
dirige a su cabeza. El príncipe logra reaccionar a tiempo, desviando la
ofensiva con su sable, pero es impactado una vez más por el escudo del
Kaevalery, quien sonríe con una mueca burlona hacia el enfurecido y aturdido
demonio.
Ante la pérdida de equilibrio de su enemigo, Fuske
se dispone a atacar nuevamente, pero es sorprendido por una fuerte y veloz
patada de Arnus desde su izquierda.
«¿Cuándo…?», se pregunta Fuske, usando el brazo que
carga con su espada para detener el asalto al no poder hacerlo con el escudo y
viendo cómo este se rompe al doblarse en una dirección imposible. «Mierda…»
Fuske es mandado a volar, impactando pesadamente con
una de las duras paredes de la torre, dejando caer al suelo su arma de combate
en el proceso. Sin aliento y con el brazo roto, observa al demonio, quien se
prepara para lanzarse sobre él.
«Para tener tanta fuerza en una sola patada y lograr
romper mi brazo, incluso cuando mi cuerpo tiene dos hechizos defensivos y una
armadura…», piensa sombríamente el
Kaevalery mientras se trata la fractura con un hechizo de regeneración.
—Eres igual de monstruoso que el rey Asur Rabbok.
Arnus lanza una esfera oscura sobre el héroe, quien
la esquiva de un brinco hacia uno de sus costados. Fuske recuerda al enemigo
más peligroso que ha tenido en toda su vida.
«Éramos quince héroes los que luchamos contra el rey
invencible, todos maestros en nuestras propias artes. Incluso con esa ventaja
sólo tres logramos salir con vida. Sin embargo, no vencimos de forma honesta,
Gendo ordenó a los soldados tomar de rehén a la reina y a su hija. El rey se
distrajo por un momento y eso bastó para que lográramos dar el golpe final.»
El príncipe lanza una serie de rayos que impactan
sobre los muros mientras el Kaevalery corre. Luego carga sobre su pelirrojo
oponente, pero este le esquiva, alejándose. El demonio, enfurecido, lanza
estacas de hielo a la cabeza de su contrincante, quien las bloquea hábilmente
con su escudo, pero el impacto le desestabiliza ligeramente. Aprovechando la
oportunidad, el Shezenvalery vuelve a cargar con su gran sable en alto.
«No lo supe hasta que la lucha terminó, fue algo
frustrante. No pude vencer a mi enemigo con mi propia fuerza, es por eso que he
estado entrenando desde entonces. Ahora aparece alguien con un poder similar.
En las mismas circunstancias no tendría oportunidad contra ti, sin embargo… ¡No
soy el mismo de antes!»
El «héroe de la guardia» levanta su escudo,
desviando la ofensiva de su adversario. Luego, con su mano libre, apunta al
heredero al trono.
«Hermano, préstame tu viento», piensa para sí, recordando a su familiar caído, también un héroe
que viajó para derrotar al anterior rey de los demonios.
—Manda a volar
a mis enemigos: ¡[Onda de choque]!
Dicho el conjuro, una esfera de aire comprimido se
forma en la mano del Kaevalery y se dispara hacia el príncipe, estallando como
si fuese un explosivo y mandando a volar a su enemigo por los aires.
Antes de continuar la ofensiva, Fuske Elorjam
murmura para sí cada uno de los nombres de sus camaradas en la lucha contra el
monarca de los Shezenvalery. Sus catorce amigos conocidos como los grandes
héroes del imperio.
«Todos ustedes me enseñaron muchas cosas. No les
volveré a ver a la mayoría, pero no dejaré que su legado caiga. Puede que sólo
sea una imitación, pero necesitaré de su fuerza. ¡Luchen conmigo, para vencer a
un enemigo que no pudimos derrotar antes!»
Como si estuviese comparando su batalla actual con
la que sucedió veinte años atrás, el Kaevalery busca una manera de honrar a sus
compañeros. Una ola de ataques de diferentes atributos mágicos cae sobre Arnus,
todavía en el aire. Explosiones de fuego, torbellinos de aire, cortes de agua
presurizada, golpes varios a velocidades increíbles y con técnicas especiales
para infligir mayor daño. Aquel que era conocido en el pasado como uno de los
mejores maestros de la defensa estaba atacando con réplicas de las técnicas de
todos sus aliados en la guerra, superando así cualquier debilidad. La mejor
ofensiva y la mejor defensa, juntas en una sola persona.
«¡Esta es nuestra batalla!»
Arnus casi puede ver la ilusión de ser atacado por
quince individuos diferentes al mismo tiempo. No puede reaccionar a tiempo y
recibe de lleno cada ataque realizado. Al final de todo, cae al suelo
pesadamente. Humo y polvo después de la infinidad de habilidades usadas dificultan
la visión dentro de la torre.
El héroe jadea ante el gran esfuerzo realizado.
Goterones de sudor empapan todo su entrenado cuerpo.
—¿Eso es
todo? —pregunta el príncipe, levantándose lentamente del suelo.
—Tienes que estar bromeando… —murmura el Kaevalery,
con un escalofrío en su espalda y realizando una mueca de incredulidad—. Eres
demasiado duro.
Arnus envía una esfera oscura sin previo aviso. El
héroe la esquiva, pero luego se percata de que no es capaz de mover sus
piernas.
«¡Una trampa de hielo! ¡¿Cuándo fue que…?!», maldice en su mente al ver que sus pies
están pegados al suelo por una densa capa de hielo.
—Debo
reconocer que tu fuerza es grande, eres digno de ser llamado un «héroe» por tu
pueblo. Lamentablemente con eso no podrás vencerme. ¿Dónde está Kalatra Rabbok?
—exige el demonio, sin muestras de cansancio.
El orejas largas lanza un gruñido.
—¿Qué motivos tienes para hacer todo esto? ¿Qué
planeas hacer con la princesa?
El Shezenvalery carga contra el inmóvil oponente y
agita su enorme sable, ignorando las palabras de su adversario. El héroe bloquea la agresión con el escudo, pero
el impacto es tan fuerte que su brazo pierde la estabilidad. Arnus continúa
atacando.
—¿Por qué
debería darle razones a alguien que ayudó en la conquista de mi reino y la
subyugación de mi especie?
El héroe se mantiene en silencio ante aquellas
palabras por un instante.
{Odio}
—Eso no es… —intenta replicar, pero pierde su
oportunidad al verse obligado a bloquear un poderoso sablazo lleno de ira,
desde arriba.
—¡Invadieron
nuestras tierras! ¡Nos quitaron nuestra libertad! ¡Mataron a varias familias! ¡Ahora
veo que tienes a muchos de mis compatriotas en esta fortaleza, probablemente
como esclavos y me entero también de que tienes cautiva a la joven hija del rey!
—exclama el Shezenvalery,
enfurecido—. Dime qué se siente... ¡¿Qué
se siente ser la basura que nos quitó lo más preciado en nuestras vidas?!
{Odio, odio, odio, odio}
—¡Lo sé! ¡No ha habido un solo día en que no me
arrepienta de mis actos! ¡Esta guerra ha sido un fraude desde el inicio!
—Si piensas
así y no ha habido un cambio en estos veinte años, es que eres alguien que
cerró sus ojos a las atrocidades del hoy. Serás juzgado por mi propia mano,
eres culpable de no responsabilizarte de tus actos.
—¿Tú qué sabes sobre lo que he hecho o no?
—He visto
suficiente…
Los golpes del demonio se intensifican. El escudo
del héroe ya no puede continuar soportando los impactos y se hace trizas,
dejando el brazo descubierto del héroe y mostrando el daño severo que había
absorbido durante los incesantes ataques del Shezenvalery. Arnus manda a volar
al Kaevalery nuevamente hasta uno de los
muros interiores de la torre en la que se encontraban con una fuerte patada,
cayendo luego al suelo, malherido.
—No puedo… perder así…
—Has perdido,
ríndete y dime dónde se encuentra la princesa. Te daré una muerte rápida e
indolora y tus subordinados sobrevivirán —dice el príncipe, calmando su ira
y eliminando los cuernos de su cabeza—. Esta
batalla ya no tiene sentido —termina de decir, serenamente.
{¿Odio?}
—Sabía que algún día pagaría por mis pecados…—responde
el «héroe», intentando reincorporarse—. Pero para honrar a mis camaradas
caídos... Para merecer el perdón de quien amo… No me puedo permitir morir así,
incluso si así merezca todo tu rencor.
{…}
Las palabras de su contrincante mantienen pensativo
a Arnus por unos instantes.
—Supongo que así es la vida de un soldado —murmura
para sí—. Reconozco tu valor como guerrero. Mi nombre es Arnus Rabbok, apodado
como «La bestia», soy el primer príncipe
Shezenvalery del reino de Urak. Te permitiré morir con una espada en la mano.
Diciendo aquello, el heredero al trono toma la
espada caída de su enemigo y la lanza a sus pies, honrando el código de honor
entre guerreros.
«¿El príncipe desaparecido? Ya veo, no es de esa
facción... Si eres tú, quizás ella podría salvarse. Pero me niego a morir
aquí», piensa el héroe, abriendo sus
ojos como platos al escuchar la identidad de su oponente y sonriendo levemente.
—Fuske Elorjam, apodado como el «Héroe de la guardia»,
uno de los quince héroes enviados a asesinar al «Rey invencible», Asur Rabbok.
El héroe toma su arma y se coloca en posición de
batalla con dificultad. Arnus espera pacientemente, entrando en preparación
para el combate también.
—Ven con todas tus fuerzas —provoca el Shezenvalery.
—¡No tienes que decírmelo!
Fuske corre hacia Arnus, intentando realizar un tajo
superior. El demonio lo esquiva fácilmente y levantando su enorme sable, se
prepara para terminar la batalla.
Su intención era conocer el paradero de su hermana,
pero si toda aquella batalla no era suficiente como para hacer hablar a su
oponente, entonces nada lo haría y decidió que lo mejor sería darle una
prestigiosa muerte en combate, digna para cualquiera que se haga llamar
guerrero. Ya preguntaría a otros soldados sobre su pariente.
Bajando su arma a una gran velocidad, se dispone a
cortarle la cabeza a un potencial peligro para sus planes. Sin embargo…
—¡¡Alto!!
Una voz se oye a lo lejos y el arma de Arnus impacta
con una barrera. El héroe se desploma sin fuerzas en el suelo, manteniendo
apenas su consciencia.
El demonio desvía su mirada en la dirección de
origen del grito. Una chica de azulado cabello, largo y oscuro, con orejas
puntiagudas y dientes filosos se encuentra allí. Su flequillo cubre uno de sus
ojos rojos y viste un holgado y opaco vestido.
Arnus apenas puede contener la emoción de ver la
figura de aquella desconocida y bella chica.
—Ese rostro tan familiar, casi igual al de la reina
Myrill Shaua. ¿Es tu nombre, Kalatra Rabbok?
La chica se mantiene seria en el lugar, sin
contestar. Observa de reojo al malherido Kaevalery y camina en dirección a
ambos hombres.
El príncipe, luego de comprobar el estado de su
oponente, también se acerca a ella, dando pequeños pasos y con un rostro
alegre.
—¿Sabes? Quería conocerte, no nos hemos visto nunca
y tenemos tanto que contarnos, lo has pasado mal, ¿verdad? Descuida, estoy aquí
para proteger…
—¿Qué crees que estás haciendo?
En el momento en que Arnus y la chica estaban a
pocos centímetros de distancia, el extiende sus brazos en ademán de abrazarla,
pero ella se limita a reprocharle con esas palabras y darle una mirada
rencorosa. Luego, ella continúa su camino, hacia el héroe.
—¿Eh?
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