Parte 4
Twitch, twitch.
Las orejas de Narea se mueven de arriba hacia abajo
tras escuchar algo en el camino.
—¿Hmm?
—¡¿Qué pasa?! ¡Nos estás retrasando!
El viaje de ellos apenas ha comenzado y no han
pasado más de unas pocas horas. Deteniéndose en medio del camino, Narea se
mantiene observando el bosque mientras Tina la recrimina, enfadada.
—Majestad, señorita Tina, alguien está en problemas.
—¿Ah? ¿De qué hablas? Yo no escucho nada —contesta
la pequeña.
Arnus también detiene la carreta en la que avanzan,
Tina lo mira algo molesta. El príncipe, casi como excusándose, corrige a la
Talavalery.
—No. Narea tiene razón, presta atención.
Tina intenta escuchar algo, poco a poco siente un
sonido a través del bosque. A diferencia del resto de las especies, los
Talavalery como ella poseen pocas habilidades físicas útiles, siendo casi como
si el hecho de poder volar opacara lo demás. Es por esto que no les es posible
ver tan bien en la oscuridad como los Ferals, ni escuchar a largas distancias
sin forzar la audición, ni tener una gran fuerza o aguante.
—…lio…
«¿Hmm?»
—…yuda….
—Sí, parece que alguien pide ayuda desde el bosque.
Dicho esto, Tina comienza a masticar una pequeña
barra de comida, perdiendo el interés rápidamente.
—Si me lo permite, señor, iré a investigar.
—Está bien, pero no tardes mucho, hay un grupo que
se está acercando… —Arnus se detiene por un momento. Colocando su mano derecha
sobre su barbilla en ademán pensativo cambia de opinión mientras murmura para
sí—. No, no puedo decir eso, podrías necesitar más tiempo para ayudar si vale
la pena…
«Eres demasiado amable Arnus, sólo sigue tu camino.»
Mientras el príncipe comienza a dudar si ayudar o
no, Tina piensa cruelmente el abandonar a la desdichada persona en el bosque.
Aunque parezca extraño, la chiquilla aquí estaba en
lo correcto. La muerte de personas en el camino ocurría todos los días,
especialmente cuando se desvían de las rutas principales y se adentran en los
bosques. El ataque de monstruos era algo bastante común y frecuente. Aunque
extrañamente no se habían topado con ninguno en todo el camino hasta ahora.
De todas maneras, quienes suelen tomar estos caminos
inseguros son personas que tienen algo que ocultar a las patrullas,
generalmente son traficantes de drogas, cazadores de personas para ser esclavizadas,
asesinos, bandidos o traidores. Nadie que merezca realmente ser salvado según
el sentido común de este mundo. Evitar a los asesinos, continuar con una ruta
segura y sin problemas, si eso es lo que querían conseguir, entonces seguir su
camino sería la respuesta.
—Me encargaré de ellos, Tina, ve con Narea.
—¡¿Fueh?!
Pero la nobleza del príncipe y la inocencia de Narea
destruían cualquier intento de pensamiento normal. «¿Serán todos los demonios así?» Mientras
Tina tose al atragantarse con su comida, se hace tal pregunta.
—Tch, tenías que decir algo. ¿A quién le importa una
persona en apuros?
—Si se endeudan con nosotros puede que consigamos
aliados. Piensa que estarás rodeada de gente agradecida como Narea.
Tina se mantiene en silencio por un momento.
«Suena a una excusa barata. Además no quiero a más
“Nareas”.»
—Si algo sucede, siempre puedes volver. Recuerda que
prometí protegerte, no te metas en líos.
—Está bien, está bien.
Con un tono molesto, Tina baja de la carreta y se
acerca a Narea, quien le da instrucciones a su montura. Girando su cabeza hacia
Arnus, con una mirada afilada, se despide y se adentra en el bosque...
—¡Suerte!
…intentando ignorar las palabras en tono calmado y
ligero del príncipe.
—Bien, estoy solo… —El demonio baja de su carreta y
habla con tono claro y la suficiente potencia como para ser escuchado
fácilmente de entre los árboles. Sacando sus cuernos y su espada de la carreta,
Arnus amenaza a sus persecutores escondidos—. Salgan de su escondite, sé que están ahí.
***
Alejadas
del camino, Tina y Narea caminan esquivando las ramas y evitando tropezar con
las raíces de los árboles.
—¿Estará bien dejar a su majestad solo? —Narea no oculta su rostro preocupado
por el acompañante de la pequeña a su lado.
—Descuida,
Arnus es fuerte.
—Sé
que es poderoso, pero pareciera que tuvo problemas cuando luchó contra mí y mi
ex-amo.
—Tonta,
él se estaba conteniendo contigo. No he estado mucho tiempo con él, pero me he
percatado que es un blando idiota. Lo único que hace que luche en serio es
cuando lo hacen enojar.
—No
creo que sea bueno hablar así de su ma…
—¡Mira! ¡Ahí está! —interrumpiendo las palabras de su acompañante, Tina apunta a
una niña Shezenvalery, unos pocos años mayor que ella, de blancos cabellos
ondulados, quien está atada cual capullo a un árbol.
—¡Auxilio! ¡Ayuda, por favor! —La chica, sin percatarse de que está siendo
observada, en un tono monótono da gritos de auxilio con un rostro completamente
desinteresado, como si nada mostrado en la escena representase un verdadero
peligro para ella.
«Esto
es claramente una trampa», piensa la
Talavalery.
—¡Oh, no! ¡Pequeña, yo te salvaré! —exclama Narea y corre en su ayuda desesperadamente.
«Idiota.»
Con
ayuda de un hechizo, la Shezenvalery corta las cuerdas que amarraban a la chica
y la atrapa al caer desde las alturas.
—¿Estás bien? ¿Cómo llegaste ahí? —pregunta, preocupada, la mujer demonio hacia
la pequeña de su especie.
—Tch,
realmente llegó alguien —escucha quejarse a la niña desconocida.
—¡Me debes cien Demas ahora!
—¿Eh?
Una
voz se escucha de entre los árboles: un joven chico con el cabello ondulado y
de facciones similares a la niña que acababa de ser rescatada aparece. Lleva
puesta una armadura del mismo tipo que la de Arnus, armado de una lanza, con
orejas puntiagudas y ojos amarillos. Un demonio, al igual que la confundida
Narea.
Sin
comprender bien la situación, la Shezenvalery se mantiene perpleja, observando
sus alrededores a medida que más personas de su especie hacen su aparición. La
mayoría con rostros hostiles, todos armados y vistiendo armaduras que no
combinan entre sí.
—¡¿Eeeeeh?!
Finalmente
lo había captado. Al ir al encuentro de la pequeña quien estaba amarrada, acababa
de caer en la trampa de un grupo de bandidos.
—Veamos
que podemos sacar de estas chicas.
«¿Esto
es en serio?»
Tina
comienza a suspirar.
—Miren,
chicos, entiendo que necesiten de dinero, pero han escogido a los peores
objetivos que podrían tener.
La
pequeña alada intenta explicar el error que han cometido estos bandidos. Sin embargo,
la respuesta de uno de ellos fue simplemente amenazarla con uno de sus
cuchillos.
—¡Silencio pequeñaja, entréganos todo lo que tengas! —exclama, sacando la lengua
grotescamente.
—¡¡Pero si no tenemos nada!! ¡¿No ves que soy una esclava?!
Los demonios se miran entre sí. Ella tiene razón.
—¿Qué hacemos, jefes? Esta niña en verdad es una esclava y la chica que la
acompaña no se ve como si tuviese mucho dinero. —Un demonio de rostro serio se
dirige a la chica y el chico de cabellos ondulados. Cabe decir que ambos son
claramente menores en edad que quien pregunta.
«¿Esos
niños son sus jefes?», se cuestiona
Tina luego de ver lo jóvenes que son sus líderes
—Pst,
oye, ¿Qué posibilidades hay de que los venzas y que salgamos de esta? —murmura la
pequeña alada a su acompañante.
—Muy
pocas. Puedo ganarle a estos bandidos fácilmente, pero no estoy segura con los
niños, son extrañamente fuertes —responde Narea en voz baja.
—¿De verdad?
Los
demonios continúan discutiendo. La chica da su opinión respecto al tema.
—Puede
que tengas razón, pero escuchamos una carreta en el camino. Además, la esclava
viste demasiado bien como para serlo —comenta la líder de los bandidos.
—¿Puede que tengan a un acompañante adinerado? —pregunta uno de sus
subordinados.
—Es
posible, les preguntaré sobre la mercancía de la carreta —responde el otro
líder, acercándose a las mujeres que cayeron en su trampa.
Ante
la sugerencia del chico, Narea se enfada. Mostrando sus afilados dientes.
—¡No les diré nada a gente como ustedes! Robando a viajeros inocentes en grandes
grupos… No sabía que mi especie había caído tan bajo.
—Ah,
también eres de los nuestros. Veo que tus ropas están en muy mal estado. Peor
que la de la esclava, ¿Sirves a un mal señor? ¿Lo haces para sobrevivir? —Liberando
un poco de su aura, el chico bandido extiende su mano frente a Narea—. Únete a
nosotros, no pasarás hambre y te cuidaremos bien.
Sin
embargo ella voltea su mirada, con repugnancia.
—¡Ja! Admito que tu fuerza es persuasiva, al igual que la chica a tu lado, pero
no es suficiente como para que considere cambiar de bando.
—Hermano,
esta chica no parece ser afectada por tu poder —comenta la líder del grupo
enemigo, revelando ser pariente del otro Shezenvalery.
—Así
veo, ¿será que nuestra diferencia de fuerza no es tanta? —Perdiendo el interés,
el chico levanta su lanza y el ambiente se pone tenso. Hostilidad y sed de
sangre son lo único que emana de él ahora—. Bueno, eliminémoslas, no nos sirven
de nada y no me haría gracia que comentaran nuestra presencia en este bosque.
—¡Esperen! —Tina grita nerviosamente ante la amenaza de muerte que acababa de
realizar su oponente—. Tenemos otro acompañante. Soy esclava de él y posee
mucho dinero.
—Señorita
Tina ¿Qué está…? —Narea cuestiona a su compañera por un momento, pero luego guarda
silencio, comandada por Tina, quien coloca su dedo índice en su boca, ordenando
misteriosamente que deje de hablar.
—Los
guiaremos a la carreta —dice la Talavalery.
—¿Vas a traicionar a tu amo? ¿No será eso malo para ti?
—Sólo
les llevaré a donde está. Si él muere por luchar por sus posesiones inútilmente
no es mi problema.
—Je,
eres una chica mala —diciendo esto, el chico demonio se acerca a ella, le toca
la barbilla sintiéndose algo atraído ante la osadía de la pequeña alada.
Sin
esperárselo, la niña toma aquella mano y la coloca sobre su tierna mejilla,
invitándolo con un guiño provocativo.
«[Encanto]»
—Sí, muy mala.
Dime… ¿Ustedes son todos los de su grupo?
—¿Eh? —Sorprendido ante la belleza de la pequeña frente a él, no puede evitar el
ruborizarse. Desviando la mirada por la vergüenza, sin poder mirarla a los
ojos, responde su pregunta—. N-No. Tenemos a otros cinco, escondidos entre los
árboles en caso de haber problemas.
—¡¿Q…?! ¡Hermano! ¡¿Por qué le das esa información a la esclava?!
—¿Qué tiene de malo? Es tan linda…
—¡No seas idiota!
El
chico demonio recibe una fuerte bofetada que remece su interior, despejando sus
nublados pensamientos.
—¿Eh? ¿Qué estaba…?
Tina
sonríe tiernamente, fingiendo inocencia frente a él.
—Esta niña… —El líder bandido se enfada
ante la humillación sufrida, asomando sus cuernos, ennegreciendo sus ojos y
emanando una peligrosa aura que instiga el miedo.
—¡Chicos, necesito su ayuda, este jefe suyo me quiere hacer daño! —Tina grita,
intentando lucir como una chica indefensa en peligro siendo presa de un cruel
depredador. Hay que denotar que está usando pasivamente su hechizo «[Encanto]»
nuevamente.
Los
otros bandidos caen bajo el hechizo. Ruborizados, se interponen en el camino de
su jefe, sin embargo, sólo los hombres actuaron. Las mujeres se mantienen
perplejas, sin comprender lo que está sucediendo.
—Vamos,
jefe, no sea así con la niña. Dijo que nos guiaría al botín, ¿no?
—Ya veo, no sé cómo lo haces, pero estás
manipulando a nuestros hombres.
—¡Señorita Tina, usted es increíble! —Arrepintiéndose de haber desconfiado de
ella, Narea ahora se encuentra admirando a Tina, quien está dándole un vuelco a
la situación…
—¡Parece que las chicas no nos vemos afectadas! ¡Vamos! ¡Hermano, tú lucha
contra la otra! ¡Yo me encargo de estos idiotas!
—¡Fuajaja! ¡¿Podrán contra sus propios subordinados?!
…O al menos eso
pensaba, porque luego del cambio de estrategia del enemigo, todos fueron
vencidos muy fácilmente.
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