domingo, 2 de junio de 2019

E.T V.1 C.1-5

Capítulo 1: "Ángel" y "Demonio"
Parte 5


   Los soles comienzan a asomarse a través de las montañas, iluminando poco a poco la ciudad y sus alrededores. El cantar de las aves dan aviso del nuevo día y los habitantes salen a sus respectivos trabajos mientras las bestias de la noche vuelven a sus hogares, esperando la hora en que la oscuridad gobierne nuevamente la zona.
   Sobre los tejados de las casas,  dando brincos de larga distancia, apoyada por sus maltratadas alas, una chica se dirige al distrito comercial, gritando para sí misma.
   —¡Es un nuevo día! ¡He pasado por algunas dificultades, pero ya no más! ¡Hoy soy una Tina renovada!
   Hablándose a sí misma en primera persona, la pequeña Talavalery oculta el enfado que le provoca el recordar la humillación que sufrió el día anterior, cuando fue encarcelada, maltratada por guardias y rechazada por un demonio.
   «No tengo por qué preocuparme de no obtener a ese demonio, no me merecía, mi grandeza era demasiado para él.»
   Con un rostro serio se convence a sí misma de que su anterior objetivo no cumplía con los requisitos necesarios como para continuar valiendo la pena. Pero el rencor va más allá y provoca pensamientos negativos hacia el chico que la rechazó.
   «Espero que en su viaje encuentre muchas dificultades y termine muerto en algún lugar sin que nadie vele por él.»
   Con una malvada sonrisa, Tina desciende de los tejados y se detiene frente a un local.
   «Sí, ese sería un buen final para basura como esa.»
   Cortando los malos pensamientos de su mente, entra en la tienda. Rocas de variados tamaños y formas es lo primero que se observa al hacer una inspección rápida de los bienes en venta. En su mayoría son piedras preciosas, pero entre ellas también se encuentran piedras mágicas y otras con propiedades mágicas. Hay que destacar, para un desconocedor del tema, que estas últimas no son lo mismo.
   Las piedras mágicas son aquellas piedras que tienen la propiedad de guardar una configuración específica de magia, es decir, un hechizo. La capacidad respecto al nivel de éste y la cantidad de magia a almacenar requerida es proporcional a la calidad de la piedra y a su tamaño. Un defecto que tienen estos minerales es que sólo pueden almacenar un hechizo y este sólo puede ser liberado tras la destrucción de su contenedor.
   Las piedras con propiedades mágicas, en cambio, no almacenan hechizos, sino que modifican parte del flujo mágico que pasa a través de ellas y los generan. Dependiendo de la composición con ciertos minerales se han logrado efectos variados con ellas y su estudio se ha convertido en un tema de investigación importante a nivel mundial.
   Tina observa con curiosidad una piedra con la propiedad de generar un pequeño campo de repulsión gravitacional, flotando en el aire por intervalos de tiempo indefinidos. Luego de su pequeña pausa, se dirige al dueño del lugar, un gordo y viejo Kaevalery con una nariz también gorda y un largo bigote erizado. Posee varias arrugas en su rostro, demostrando su avanzada edad y también un mentón partido característico que le daban una imagen graciosa en la mente de Tina, al punto de tener que contener su risa.
   —¡Hola! Quiero vender estas piedras —saluda Tina, mostrando un pequeño saco cuyo interior se compone de las piedras preciosas que le había dado el demonio el día anterior.
   —¿Hmm? Muy bien, déjeme verlas.
   El vendedor observa cuidadosamente las piedras, su tamaño, su peso, el nivel de pulido, brillo, afinidad mágica y calidad. Abre los ojos ligeramente tras obtener los resultados, las piedras poseen un valor elevado por su rareza y por su refinamiento a la par con la de grandes tesoros de reyes. Observa a la chica frente a él, cierra los ojos y continúa su estudio.
   ¿Cuánto darían por piedras así? ¿Por qué están en posesión de una esclava? ¿Cómo las consiguió? Estas dudas comenzaron a surgir en la mente del vendedor.
   —Por esto te puedo ofrecer mil Trara.
   —¡¿Mil Trara?! ¡Parece que estás ciego, esa cantidad al menos vale veinte Demas!
   Ante el ofrecimiento, Tina se apoya fuertemente en el escritorio del vendedor y grita furiosa por la estafa. No es una gran conocedora de los precios de mercado de las piedras, pero tampoco es una completa ignorante y sabe que el valor de sus gemas ha de tener un monto mínimo de la moneda Dema. Cabe mencionar, que un Dema es cuatrocientos cincuenta veces el valor de un Trara.
   —No, eso sería demasiado para estas simples rocas…
   —¡Háblame con la verdad, maldito estafador! —exclama la pequeña, utilizando su habilidad [Encanto].
   Tina acerca su bello rostro furiosamente. El efecto del hechizo se hace notar y el vendedor se sonroja ante la vista de la hermosa chica.
   —¡Oh, lo siento! ¿Dije mil Trara? ¡Quise decir mil Dema!
   El estado confuso del Kaevalery distorsiona sus conocimientos económicos y ofrece una cantidad absurda de dinero.
   —No quiero que exageres, dime su valor real y ya.
   Puede que tanto dinero le venga bien a Tina, pero el obtenerlo de esa manera sólo le traerá problemas. Sabe por experiencia que mientras más grande sea el monto que robe, más se esforzará la víctima para recuperarlo.
   —Oh, está bien. Por la pureza y pulido de estas piedras estimo un valor mínimo aproximado de 28,5 Dema. Cualquier precio inferior a ese sería una deshonra a los Aushtáridos de la tierra. Sin embargo su valor máximo de mercado en este sector no supera los 31 Dema.
   La chica piensa en relación a la oferta.
   —31 Dema… No, con 30 bastará… Muchas gracias, me despido… —concluye finalmente y se retira del lugar.
   —¿Eh? ¿No va a vender aquí?
   —Claro que no, cuando pase el efecto de [Encanto] enviarías a personas molestas a recuperar tu dinero, sólo quería conocer el valor real de estas cosas y venderlas en otro lado haciendo yo la oferta. Además, ¿Cómo podría confiar en alguien que intentó estafarme previamente? Sin embargo, te agradezco la información de mercado.
   Tina sale de la tienda y se dirige a otra.
   —¡Hola! ¡Quisiera vender estas gemas a 30 Dema! —exclama al nuevo vendedor, con una sonrisa falsa.

***

   Cerca del primer muro de la ciudad, un demonio recorre las calles llevando consigo un mapa. Lo estudia con especial interés y concentración. Con su mirada recorre todas las rutas vigentes y caminos posibles para llegar a su objetivo.
   «Bien, si sigo este camino y después monto a Rugeivyr, llegaré directo al palacio en unos cinco días.»
   De pronto, algo llama su atención: una persona conocida está presente en un callejón.
   —Ese cabello… —comenta en voz baja, observando detenidamente el lugar, reconoce a Tina en él —. Es esa chica…
   Frente a él se encuentra la chica de la raza angelical con quien habló el día anterior. Está conversando con un hombre encapuchado. Si concentra su vista puede distinguir el horrible rostro del sujeto y también su aborrecible trabajo: es un mercader de esclavos.
   —¡Gujeje, ni en mis más alocados sueños hubiese visto lo que estoy presenciando ahora! ¡Un esclavo comprando a otro esclavo! —Riendo maliciosamente ante la situación, el mercader habla.
   —No bromee por favor, sabe que los esclavos no tenemos derecho a propiedades, sólo estoy comprando a Ludy por designación de mi amo.
   Tal como dice la pequeña, los esclavos no tienen derecho a ningún tipo de propiedad. Eso quiere decir que no sería posible la venta de otros esclavos a éstos, lo que le daba aún más gracia al horrible sujeto.
   —Pensar que alguien usaría a un esclavo para sus compras jeje —comenta ante la corrección de Tina mientras un asqueroso sonido sale de sus narices—. Muy bien, eran 27 Dema, el pago está confirmado, aquí tienes los papeles.
   La chica toma de la cadena a un cachorro canidal, un niño-perro esclavo, y se lo lleva frente a la multitud.
   «¿Amo? Parecía una esclava renegada…», piensa para sí mismo el demonio.
   «Algo no tiene sentido». Es lo que pensaba al escuchar las palabras de Tina. La forma en la que se comportaba y cómo hacía las cosas sola no eran sencillas para esclavos con sus amos cerca. Pensaba que era una esclava que había escapado de su dueño.
   Débil ante la curiosidad, les sigue a la distancia y escucha su conversación.
   —Me mentiste, dijiste que me liberarías. Todo fue para complacer a tu amo… —gruñe el peludo niño.
   —Parece que no lo has entendido del todo, no te he mentido. A quien mentí fue al esclavista, ¿Sabes? —responde la chica. Saca un pergamino y se lo muestra al pequeño—. Este es el contrato que cede todos los derechos del esclavo ligado a él al portador. Este es el pedazo de papel que se interpone entre tu vida actual y tu libertad.
   —Sí, lo sé, sólo las personas marcadas como «Libres» tienen el permiso de modificar tal contrato y el poder sobre el esclavo ligado.
   —Una vez que seas libre estarás por tu cuenta. No habrán amos que cuiden de ti, que te den un hogar cálido y un trabajo para acabar con el ocio. Tendrás que valerte por ti mismo. Pasarás hambre, frío y soledad. Tendrás la necesidad de robar a otros para sobrevivir, puede que hasta te conviertas en un asesino. Dejarás de ser un objeto y te convertirás en persona, la ley no te protegerá, nadie se hará responsable por tus actos más que tú —dice la Talavalery, con tono frío. En una pequeña pausa, Tina observa al canidal fijamente a los ojos, con un rostro serio—. Dicho esto, ¿Aun así quieres la libertad?
   El niño-perro se muestra pensativo por un momento. Pero finalmente comunica su decisión.
   —Sí, la quiero. No quiero seguir siendo tratado como si fuese una posesión, quiero controlar mi vida.
   La chica sonríe ante la respuesta.
   —Muy bien. Entonces por el poder que este contrato me confiere; libero a Ludy, macho de la especie Feral, tribu Canidal de la familia Lupus, clase 2, de su esclavitud. De ahora en adelante es un hombre libre y sus acciones le serán otorgadas a él mismo. El vínculo que este contrato entrega a su portador es invalidado desde hoy y para siempre.
   Pronunciadas las palabras, una luz brilla del pecho del chico, sus cadenas se deshacen y sus grilletes se abren. El contrato con el que está ligado comienza a quemarse hasta quedar reducido a cenizas.
   Ambos, chico-perro y demonio están sorprendidos…
   —Tú… ¡¿Cómo hiciste eso?! —Entre felicidad y sorpresa el chico no puede evitar la pregunta.
   Tina coloca su mano en su pecho y sonríe arrogantemente ante el cuestionamiento.
   —Fufufu, ya te lo dije, soy la reina de los esclavos. La esclavitud y sus contratos son mi dominio, no pueden evitar que haga cuanto plazca con ellos en mis manos.
   —¡Gracias! ¡Muchas gracias! —De forma repentina e inesperada para la chica, Ludy se lanza sobre ella y le da un fuerte abrazo—. ¡Ahora por fin podré volver al gran bosque, mis padres deben de estar preocupados! En serio… ¿Qué puedo hacer para pagar esta gran acción?
   Las facciones de Tina se suavizan ante la muestra de afecto.
   Sonriendo amablemente, devuelve el abrazo al canidal.
   —Tan sólo sé feliz, ya no estás en mis dominios. Desde ahora no tomes más favores de los demás, pues las grandes deudas son la forma más fácil de caer en la esclavitud —dice la Talavalery. Luego, se separa del anteriormente esclavo, da media vuelta y observa las casas de la ciudad—. Espero que nunca más nos veamos…
   Tina hace una pequeña pausa, luego se voltea y se percata de que Ludy sigue en el lugar.
   —¿Aún sigues aquí? Chu, chu, ¿No tienes cosas más importantes que hacer? —espeta la chiquilla, con un tono que denota cierta molestia y moviendo sus manos para que se aleje. El chico la observa con emoción, haciendo caso omiso a sus palabras. La chica sólo se siente fastidiada ante la falta de acción—. El gran bosque está en esa dirección, ve y busca a tus padres de una buena vez, tu rostro de perro tonto me está molestando —dice finalmente, apuntando con sus dedos al Noroeste de la ciudad.
   Ludy lame tiernamente la mejilla de Tina. Da media vuelta y se dispone a correr.
   Entre lágrimas, el chico se aleja en la dirección indicada, gritando frases de agradecimiento con todo su corazón.
   Tina comienza a caminar en el lado opuesto, sintiendo cierta repugnancia hacia la baba sobre su cuerpo.
   —¿Me podrías explicar qué fue todo eso? —una voz recorre su espalda. Ante su sorpresa, se encuentra con el demonio que la rechazó el día anterior al voltearse.
   —¿Estabas viendo? —pregunta, observándole detenidamente. Su seriedad le indica que no podrá escapar de esta. Tina se rinde con un suspiro—. Está bien, te contaré todo…

***

   El tiempo pasa, ya está atardeciendo.
   Sobre un muro, sentados, dos personas hablan.
   —Ya veo, entonces en verdad eres una esclava renegada. Escapaste antes de que te vendieran y de algún modo aprendiste a inhabilitar la restricción de propiedad en los contratos y por eso tienes la autoridad de llamarte a ti misma «Reina’ entre los esclavos» —comenta el Shezenvalery, resumiendo la explicación que le había dado la pequeña niña a su lado.
   —Exacto, pero no me puedo liberar a mí misma debido a que el contrato lo tiene el líder de los esclavistas en la región, es demasiado riesgoso.
   —Pero hay algo que no entiendo…
   —¿Hmm? ¿Qué cosa?
   —¿Por qué liberas a los otros esclavos? ¿Al terminar su esclavitud no dejan de estar en tus dominios? Digo, estás destruyendo tu propio reino al exiliar a su pueblo.
   —¿No es obvio?
   Ante la respuesta de Tina, el demonio sólo puede sentirse más confundido.
   —Un monarca existe para hacer feliz a sus súbditos, aquél que no pueda cumplir con esa tarea no puede ser llamado como tal.
   El demonio se impresiona escuchando las palabras de tan pequeña infante.
   —Si romper sus cadenas es lo que los hace felices… —Tina observa fijamente al chico. Su rostro expresa una amabilidad infinita y a la vez una determinación inquebrantable. Todo lo que está diciendo la Talavalery es una verdad para ella misma—. Entonces con gusto gobernaré un reino donde sólo quede yo.
   Aquellas palabras resonaron en el corazón del demonio de una manera tal que la chica al frente suyo no podría comprender.
   —Je… ¡¡Jajajajaja!!
   —¿De qué te ríes?
   Al lanzar una carcajada ante las bellas palabras de Tina, le hicieron pensar a la pequeña que se estaba burlando de ella. La chiquilla le observa, molesta.
   —Pensaba que sólo eras palabras cuando te autoproclamaste reina de los esclavos, pero veo que estás más que calificada para serlo.
   La chica infla su pecho con orgullo al recibir el elogio de un desconocido.
   —Dime, ¿Por qué querías seguirme?
   Tina abre sus ojos ante esa pregunta. Esta no se habría hecho sin algo más que sólo curiosidad.
   «Una segunda oportunidad», piensa para sí. Aprovechando la nueva oferta responde…
   —Porque necesito a un guardia. Debido a lo que hago tendré muchos enemigos, los cuales atentarán contra mi vida. Al ver tu fuerza concluí que serías el guardaespaldas perfecto.
   La pequeña ángel decide no usar esta vez su habilidad especial y hablar en parte con la verdad.
   —Tú… —con una mano en su pecho para quitar el nerviosismo ante la posibilidad de ser rechazada nuevamente, Tina hace su última petición—. ¿Serías el caballero de esta malvada reina?
   El demonio la observa con seriedad. Luego de pensar un momento da su respuesta.
   —No puedo seguirte a donde sea, tengo otro deber que cumplir. El camino será difícil y peligroso, puede que estés expuesta a más peligros de los que te amenazan actualmente. Si aún quieres seguirme después de eso… —Haciendo un galante gesto de caballerosidad, arrodillándose en frente de la pequeña Talavalery, el chico hace un juramento—…te protegeré con mi vida. Pues si no logro salvar siquiera a una pequeña reina como tú, no tendría el derecho de realizar lo que pretendo hacer.
   Una respuesta positiva. No muy del agrado de Tina sin embargo, la caballerosidad la considera inútil y en cierto modo cursi. Agradece dentro de su mente a Ludy por generar esta oportunidad, incluso cuando él no sabía nada del asunto.
   —Estoy a tu servicio…
   —¡Sí!

***

   Los preparativos están listos. Es un nuevo día. Tina camina con nuevas ropas y el demonio la espera con una carreta cargada con las cosas necesarias para el viaje que se avecina.
   La pequeña se acerca dando pequeños brincos a su protector, pensando en sus próximos planes para con él.
   «Esto es excelente, estando cerca de él nada me sucederá, el plan va a la perfección. Ahora sólo debo conquistarlo y hacer que desista de su misión. Con eso listo se convertirá en el mejor guardaespaldas del mundo. Su deber ha de ser algo pequeño y sin importancia, deshacerme de esa molestia será pan comido.»
   Algo se cruza por la mente de la pequeña, se detiene e inclinándose levemente expresa una duda que no había llegado a su mente hasta ese momento.
   —Por cierto, no he escuchado tu nombre.
   —Tienes razón, no me he presentado —responde el demonio al ver el rostro de duda de su acompañante—. Mi nombre es Arnus Rabbok.
   El demonio menciona su nombre con cierto orgullo.
   —Ya veo, conque Arnus…
   Arnus Rabbok, ese es el nombre de quien será su protector y a la vez el objetivo a conquistar para cumplir con sus planes a futuro.
   «Arnus» no es un nombre muy frecuente de la época, tiene sentido si consideraba que ya tenía más de doscientos años de antigüedad.
   El apellido denota el nombre de su familia. No hay muchos «Rabbok» en el reino debido a la guerra, ya que el rey poseía el mismo y eran objetivo de los soldados imperiales. Es más, es un nombre de familia muy escaso, casi inexistente.
   Tina recuerda pequeñas historias que escuchó mientras se ocultaba en los establos de algunas posadas. El rey, los príncipes, la guerra, Arnus, quien desapareció antes de esta…
   —Espera… ¡¿Dijiste Rabbok?! No me digas que… —Temiendo la peor de las posibilidades, Tina pregunta sobre la procedencia del demonio que está frente a ella.
   —¿Hmm? Ah, sí, si viajarás conmigo, deberías saberlo —dice el chico, divertido por las muecas que se expresan en el rostro de la niña alada—. Soy hijo directo de Asur Rabbok y Myrill Shaua, rey y reina del reino Shezenvalery. Fui el primero en nacer, por lo que soy el primer príncipe del reino y heredero al trono. Mi deber como miembro de la realeza es expulsar a los invasores y restaurar los dominios de mi familia.
   «¡Eso no es algo que pueda olvidar fácilmente!»
   Tina replica en su mente la afirmación de sus temores. Será difícil hacer que el príncipe, responsable de su pueblo, olvide sus deberes como miembro real para atender a una chica, mucho menos a una esclava. Sin embargo no se rinde ante el desafío, pero sí se siente molesta ante el giro de los acontecimientos.
   «Maldición, este tipo siempre sale con algo nuevo… Lo está haciendo a propósito, ya verás… ¡Definitivamente te convertiré en mi marioneta personal!»
   Y así inicia el viaje de estos dos. Una pareja inusual entre un «demonio» y un «ángel», recorriendo juntos un camino peligroso.
   El viaje de una reina esclava y un príncipe sin reino.

FIN DEL CAPÍTULO I

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